De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos
Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el
arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo. Despojaos de lo antiguo, ya
que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo
cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo
los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y
pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él
suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más
que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo.
Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada
uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un
canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para
agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida
preparación musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la
materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera.
¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del
cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar
con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?
Mas he aquí que él mismo te sugiere la manera cómo has de
cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de
expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a
Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse
cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En
efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro
trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría,
pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla
con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo.
El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar
lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se
trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en
palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es
lícito callar, lo único que puedes hacer es cantar con júbilo. De este modo, el
corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por
unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo.
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