"En aquel tiempo, mucha gente acompañaba a Jesús; él se volvió y les dijo:
«Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío.
Quien no carga con su cruz y viene en pos de mí, no puede ser discípulo mío".
En ningún momento Jesús nos engañó con el cómo iba a ser o debía ser nuestra opción por el cristianismo, es decir, nuestra opción por seguirlo a Él, por vivir la Vida que Él nos planteaba en su predicación. No escatimó decir claramente las condiciones para poder seguirlo, condiciones que no son opcionales, sino que son exigencias para poder recorrer el Camino de la Vida que Él mismo vivió antes que nosotros y por eso mismo nos las pone como fundamento de nuestra vida nueva.
¿Por qué nos presenta estas condiciones tan exigentes al llamarnos o, mejor dicho, al invitaranos a seguirlo? Él mismo es quien nos lo explica:
"Así, ¿quién de vosotros, si quiere construir una torre, no se sienta primero a calcular los gastos, a ver si tiene para terminarla?
No sea que, si echa los cimientos y no puede acabarla, se pongan a burlarse de él los que miran, diciendo:
"Este hombre empezó a construir y no ha sido capaz de acabar".
No quiere que nos demos cuenta en mitad del Camino que no podemos vivir lo que Dios nos pide, sino que antes de iniciar el Camino tengamos en cuenta qué es lo que se nos va a pedir. Porque comenzar a recorrer el Camino de la Santidad que nos propone Jesús, es un cambio total de mentalidad, porque hay que comenzar a pensar en cristiano y no en mundano.
Por eso mismo le decía Pablo a los filipenses:
"Cualquier cosa que hagáis sea sin protestas ni discusiones, así seréis irreprochables y sencillos, hijos de Dios sin tacha, en medio de una generación perversa y depravada, entre la cual brilláis como lumbreras del mundo, manteniendo firme la palabra de la vida".
Cuando no tenemos en cuenta que el Señor nos va a pedir cosas extraordinarias, cuando no tomamos en serio la Palabra de Jesús de que tenemos que renunciar a nosotros mismos para seguirlo, cuando no aceptamos la Obediencia a Dios para ser cristianos entonces es cuando vienen las protestas contra Dios, cuando dejamos de guiarnos por Su Palabra, cuando nos hacemos uno con el mundo y no con Cristo.
Y Jesús nos lo advierte para que sepamos a qué nos vamos a enfrentar, y Pablo nos lo pide para que como él vivamos la alegría de ser apóstoles:
"Y si mi sangre se ha de derramar, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría; por vuestra parte, estad alegres y alegraos conmigo".
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.