Le dice San Pablo a los presbíteros de Éfeso:
"Y ahora, mirad, me dirijo a Jerusalén, encadenado por el Espíritu, de ciudad en ciudad, me da testimonio de que me aguardan cadenas y tribulaciones. Pero a mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios".
No sólo al final de su vida San Pablo tenía en claro cuál era su misión, sino que desde el momento en que el Señor lo iluminó y él aceptó seguirlo, conoció todo lo que tenía que hacer y todo lo que tenía que pasar, pues el mismo Jesús le dijo a Ananías (que fue quien le impuso las manos para que comenzara a ver): "él sabrá cuánto tendrá que sufrir por mi nombre". Y así nunca le hizo "cara fea" a todo lo que el Señor le pidió vivir y sufrir por su Nombre.
Y fijaos cómo resume Pablo su vida de entrega al Señor:
"pero a mí no me importa la vida, sino completar mi carrera y consumar el ministerio que recibí del Señor Jesús: ser testigo del Evangelio de la gracia de Dios". Un ministerio que, en cierta medida, hemos recibido todos los que fuimos ungidos por el Espíritu Santo el día de nuestro bautismo, pues a todos se nos ha dado el encargo y la misión de "id y anunciad a todos los pueblos el evangelio".
Es cierto que, cada uno, según su propio carisma y su propio estilo de vida anuncia el Evangelio de un modo particular, pero todos somos portadores del Espíritu Santo y Gracias a Él podemos anunciar, o, mejor dicho, debemos anunciar el Evangelio de Jesús a todos los hombres "a tiempo y a destiempo", como el mismo san Pablo dice.
San Pablo tuvo la Gracia que Jesús mismo fue quien le transmitió la Verdad por medio de su Espíritu cuando se le reveló en el camino a Damasco, nosotros a partir del día de nuestro bautismo, cuando hemos comenzado a tener uso de razón, empezamos a aprender la vida de Jesús y a conocer su Evangelio, por eso aún no conocemos todo, por eso nos toca, día a día, ir madurando en el conocimiento de Dios, en el conocimiento de Su Palabra para que podamos "dar razón de nuestra esperanza" a quien Dios ponga en nuestro camino.
En estos días que nos preparamos para celebrar la Fiesta de Pentecostés, insistamos al Espíritu para que nos anime, nos encienda y nos fortalezca con sus Dones para que seamos Fieles, como San Pablo, a la misión que se nos ha dado y seamos verdaderos testigos del Camino, de la Verdad y de la Vida en el mundo que nos toca vivir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.