"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
– «Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia".
Dentro de todas las frases que nos olvidamos de Jesús, creo que esta es una de ellas: "no sois del mundo", y es algo que decía Él mismo en la oración en la Última Cena: "Padre, no te pido que los saques del mundo sino que los preserves del maligno". Pero, muchas veces, el maligno no tiene necesidad de atacarnos porque nosotros mismos y solitos nos hacemos del mundo: es que tiene tantas cosas lindas y tentadoras que no hacemos esfuerzos por dejar de lado el mundo, sino que pretendemos, incluso, que el evangelio sea como el mundo.
¿Cuántas veces hemos escuchado que la Iglesia tiene que adaptarse al mundo? ¿Cuántas veces hemos pretendido que los mandamientos dejen de existir y que nos permitan hacer más cosas? ¿Cuántas veces hemos dejado de hacer la voluntad de Dios para hacer lo que nosotros queremos para no quedar mal con la sociedad? ¿Cuántas veces nos hemos callado la boca para que no nos traten mal porque pensamos cristianamente?
Todas esas respuestas nos hacen ver que somos más del mundo que de Dios.
Es cierto sí que nos horrorizamos por las masacres y los martirios de tantos hermanos nuestros, pero, muchas veces, somos nosotros mismos quienes formamos parte de ese mundo que busca ocultar a Cristo, pues no defendemos Su Palabra, no defendemos nuestra Fe, y ni siquiera nos abrimos a vivir Su Voluntad.
Pretendemos o queremos pasar desapercibidos para que no nos insulten, o tan siquiera para poder hacer las mismas cosas que hacen todos. Quizás, muchas veces, ni siquiera nos ponemos a pensar en lo que nos puedan decir, sino que aceptamos el pensar, el hacer, el decir del mundo y lo incorporamos a nuestras vidas mejor que el Evangelio de Jesucristo.
"Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No ruego que los retires del mundo. Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad".
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