sábado, 6 de mayo de 2017

Tú también te quieres ir?

"En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron:
-«Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo:
– «¿Esto os escandaliza?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El Espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, hay algunos de vosotros que no creen».
Cuando nuestra vida de fe no ha madurado a lo largo de los años; cuando sólo nos hemos dedicado a "cumplir" con normas religiosas y no a vivir el Don de la fe que hemos recibido, como a los discípulos de Jesús nos va a parecer muy duro lo que Él nos tenga que pedir. En estos tiempos que vivimos para muchos cristianos es difícil tener que vivir según el evangelio de Cristo, sin embargo todos queremos recibir las Gracias de Dios, pero sin tener que aceptar lo que Él nos pide vivir.
No nos escandalizan los pecados del mundo cuanto que nos escandaliza el que nos pidan vivir más cristianamente: aceptando la Voluntad de Dios, asumiendo en obediencia lo que nos toca vivir, llevando a nuestra vida los Consejos Evangélicos, y ¡tantas otras cosas más! que sin ser una carga para nuestra vida son un alimento que nos ayuda a madurar y progresar en nuestra vida de Fe.
Pero es cierto que hoy vivimos un cristianismo sin Espíritu, sin Cristo pues, para muchos, sólo es cuestión de "cumplir", pero no de vivir. Quizás nos hemos quedado en un mero conjunto de normas que tenemos que cumplir y no en una Vida para vivir, y por eso, en un tiempo donde las normas no son importantes, pues yo mismo hago mis propias normas, que el Señor quiera imponerme un cierto estilo de vida es algo muy duro para mí.
Por eso, cada día, el Señor nos pregunta a nosotros como lo hizo con los apóstoles:
– «¿También vosotros queréis marcharos?».
No son pocos los que ante ciertas exigencias del evangelio, ante ciertas exigencias que nos muestra el Señor cuando estamos junto a Él, optan por seguir otro camino, o, cuanto mucho por alejarse del Señor, pues "sus palabras son muy duras" y parecen imposible de vivir.
Pero, también es cierto, que son muchos los que como Pedro le responden al Señor:
– «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios».
No dejemos que lo "fácil y bueno" que nos muestra el mundo nos quita el deseo de alcanzar lo más alto que nos muestra Dios: la santidad y la vida eterna.

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