"Les contestó Jesús:
– ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo».
Para la gente del tiempo de Jesús le era difícil creer en Él como el Mesías, el Hijo de Dios. Sus palabras no eran muchas veces comprendidas pues no les hablaba claramente, sino en parábolas para que, como Él decía: "quien tenga oídos que oiga", es decir quien quiera entender que entienda, pues no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y tomando este refrán también se puede decir: quien no quiere creer no creerá.
Y creo que no sólo le pasaba a la gente del tiempo de Jesús, sino que también nos sigue pasando, incluso, a los que decimos creer en Dios, en Jesucristo y en todo. Sí, no os asustéis, pues hay muchos días en nuestras vidas que no hablan de que realmente creemos en Dios, pues nuestras vidas se alejan de Él, o en algunos momentos dudamos de que realmente exista.
Aunque la duda no sea mala, pues me ayuda a buscar la certeza de lo que quiero creer, si es mala cuando la uso para no hacer caso a quien me dice algo. La duda sobre el Amor de Dios, o sobre su justicia o su cercanía, muchas veces es usada para yo poder renegarme contra Él y no hacer lo que me pide, y así puedo vivir más libremente sin tener "cargo de conciencia" o conciencia de pecado frente a lo que hago.
Por eso Jesús al escuchar a la gente que le decía que ahora sí creían en Él, le responde de un modo casi irónico a esa profesión de fe. Claro que creían porque habían visto lo que querían ver, pero ¿cuando vean algo que no les iba a gustar? ¿cuando vean que les iban a buscar a ellos para condenarlos como Jesús? ¿Cuál sería la respuesta?
Pedro mismo en la Última Cena le había dicho al Señor que lo seguiría hasta la muerte, pero cuando los sirvientes lo descubrieron como seguidor de Jesús, él lo negó tres veces. Y ante el dolor de la Cruz, salvo Juan, desaparecieron todos los apóstoles.
Pero, igualmente, es tan infinito su amor y su misericordia que igual nos promete que, ante esos momentos de dudas y negación, volvamos a Él.
"Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo".
Siempre que volvamos a Él con el corazón contrito y humillado Él nos colmará con su Gracia y su Paz.
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