"En aquel tiempo, el gentío dijo a Jesús:
– «¿Y qué signo haces tú, para que veamos y creamos en ti? ¿Cuál es tu obra? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: “Pan del cielo les dio a comer”».
Ya había realizado muchos signos y milagros, y prodigios, entre la gente de los pueblos, ante todos los que querían ver. Pero nunca estamos conformes con lo que, día a día, el Señor nos da como regalo de Vida. Siempre esperamos un poco más, siempre queremos algo más.
Y lo peor es que siempre comparamos con otros tiempos, con otras personas, con otros momentos de la vida; y, en realidad, las comparaciones siempre han sido muy odiosas porque ningún tiempo es igual a otro, ni ninguna persona es igual a otra, ni tan siquiera uno mismo es igual a uno mismo de hace un tiempo atrás.
"Cada día tiene su propio afán", es la realidad que tenemos que vivir, y en ese día a día soy yo quién tiene que poner los signos y milagros, pues el mayor signo y milagro es que Él me dio un Vida Nueva que alimenta constantemente con Su Palabra, Su Vida, Su Espíritu. Pero no siempre yo me alimento con Él, no siempre escucho Su Palabra, no siempre dejo que Su Espíritu me guíe. Por eso la mayor parte de los días no me doy cuenta cuáles son los milagros y signos que hace por mí y para mí.
Claro que cuando llegan los días más oscuros y sin sol, con dolores y cruces, comienzo a pedir signos y milagros, que, muchas veces, no llegan, no los veo y por eso dejo de creer.
"Jesús les replicó:
– «En verdad, en verdad os digo: no fue Moisés quien os dio pan del cielo, sino que es mi Padre el que os da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da vida al mundo».
Entonces le dijeron:
– «Señor, danos siempre de este pan».
Jesús les contestó:
– «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed».
Y éste es el Centro de nuestra Vida de FE, de nuestra Vida de Cristianos: el Pan de Vida que ha bajado del Cielo, Jesús que se hace Pan de Vida para alimentar nuestra vida ¡Él mismo es el signo y el milagro que necesitamos! Pero somos tan necios y torpes que pasamos de Él como si nada, como si nunca fuésemos a necesitarlo, como si la fuerza y la gracia la tuviéramos por nosotros mismos.
Pero cuando nos falta la fuerza y la gracia sí que clamamos al Cielo buscando una respuesta, buscando un milagro. Y cuando tenemos el Milagro delante de nuestros ojos, a pocos metros de nuestras casas ni siquiera nos asomamos a saludarlo, ni a dialogar con Él, y menos a buscarlo como Alimento Vivo y Verdadero.
La Eucaristía es el mejor y mayor signo y milagro que Jesús nos ha dado, pues es Él mismo Quién se vuelve a entregar, cada día, en los altares del mundo; es Él mismo Quien nos espera, cada día, en los Sagrarios de los Iglesias de todo el mundo.
Y ahora, como cristiano ¿cuál es el signo y el milagro que yo muestro al mundo?
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