San Pablo le cuenta a los Fílipenses, hablando de su vida pasada en el judaísmo y de cómo él vivía, para finalizar diciendo:
"Sin embargo, todo eso que para mí era ganancia, lo consideré pérdida a causa de Cristo. Más aún: todo lo considero pérdida comparado con la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor".
Encontrarse con Cristo fue para él el gran cambio de su vida, y el descubrimiento de una vida que, hasta ese momento, creí que era un peligro para su fe judía, pero al descubrir el verdadero rostro de Cristo no pudo más que aceptar la Verdad que Él le presentaba, por eso deja atrás su vida judía, su celo por la Ley y comienza el Camino de la Vida en Cristo.
Aún hay muchos cristianos que no conocen a Cristo, que no han podido tener ese encuentro vivencial con Él que les permita descubrir la alegría del Encuentro con el Señor. Muchos se han quedado en breves frases y pensamientos que hablan de Cristo, pero no han podido o no han querido, hacer el esfuerzo del encuentro personal, pues saben que haciendo ese Encuentro dejarán todo lo demás por seguirlo.
Y, sí aun hay miedo de dejar lo que vivo para aceptar lo que me pide el señor, y no hablo sólo de una consagración total de la vida, sino en la entrega diaria del YO a Dios, en dejar de vivir tan mundanamente y comenzar a vivir más santamente.
San Pablo creía que vivía un fidelidad a Dios cuando perseguía a los cristianos, pero cuando se encontró con Cristo quedó atrapado en Su Amor y por eso dejó su vida anterior y se lanzó tras la Vida en Cristo, dándonos así pruebas del fuego que abrazó su corazón, le fuego del Amor a y por Cristo.
Por eso surge hoy una pregunta: ¿estamos preparados o dispuestos los cristianos de hoy para abandonar nuestras vidas mundanas y decidirnos sinceramente por un seguir más de cerca a Jesús y alcanzar una vida santa? Sólo tenemos que acercar nuestro corazón a su Corazón y dejar que sea Él quien nos hable, que sea Él quien se muestre y nos enseñe la grandeza y magnitud de su Amor por nosotros, por tí, por mí, para que así podamos, también como San Pablo, enamorarnos de su Eterno Amor.
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