"Él me dice:
«Toma y devóralo; te amargará en el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel».
Tomé el librito de mano del ángel y lo devoré; en mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor.
Y me dicen:
«Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos».
Este pasaje del Apocalipsis me hizo acordar cuando de pequeños nos "invitaban" nuestras madres a tomar un rico y dulce jarabe para curar nuestras enfermedades, tenía un rico olor a fresas o frutas, pero cuando lo tomabas era tan horrible que ya nunca creías en esa invitación, pero había que seguir tomándolo porque era para curar una enfermedad.
Muchos buscan al Dulce Jesús del Dulce Corazón porque Él es el único que hace milagros. Otros se quedan con las Dulces Palabras del Buen Jesús por que Él es el único Misericordioso. Quizás algunos muestras y buscan otra faceta del Jesús de los milagros, o del Jesús del rostro bonito...
Pero, cuando llegan las palabras más directas y duras de Jesús ya no es ni tan bonito, ni tan dulce, ni tan hermoso, porque esas palabras saben amargas al interior del corazón. Cuando Jesús nos llama a una sincera conversión, cuando nos exige un cambio de mentalidad, cuando nos pide que renunciemos a nosotros mismos, cuando nos pide entregar la vida toda al servicio de los demás, cuando nos exige dejar de ser fariseos para vivir en plenitud el evangelio... ya no son tan lindas sus palabras, sino que son palabras duras y difíciles de entender.
Es nuestra realidad, de toda la vida, querer sólo escuchar lo más lindo, lo más dulce; incluso cuando pedimos un consejo a un amigo o familia no queremos escuchar que tenemos que cambiar, sino que nos confirmen en lo que estamos pensando. Sólo aquellos que se dan cuenta que el dolor de la aceptación es lo que nos trae la paz y la fuerza pueden llegar a seguir escuchando lo que es amargo para el alma.
Nosotros, como discípulos de Cristo, tenemos la misma misión que Juan, el del Apocalipsis: "es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos". ¿Por qué hay que profetizar de nuevo? Por que se nos han olvidado las palabras que no nos gustan, porque vamos haciendo oídos sordos a lo que realmente tenemos que vivir y nos vamos convenciendo a nosotros mismos que ya el tiempo es pasado y que ahora hay que vivir otras cosas. Sin embargo la "palabra de Dios es eterna", "es viva y eficaz" por eso Ella es la que sigue anunciándonos el Camino de la Vida, no la cambiemos por otras palabras que no nos llevan a la Vida.
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