De la Secuencia a la Virgen de los Dolores rescato estos versos:
"¡ Oh dulce fuente de amor!, hazme sentir tu dolor para que llore contigo. Y que, por mi Cristo amado, mi corazón abrasado más viva en él que conmigo.
Y, porque a amarle me anime, en mi corazón imprime las llagas que tuvo en sí. Y de tu Hijo, Señora, divide conmigo ahora las que padeció por mí.
Hazme contigo llorar y de veras lastimar de sus penas mientras vivo; porque acompañar deseo en la cruz, donde le veo, tu corazón compasivo".
Versos que nos hacen pedirle a María que nos una a su dolor para que, junto a Ella, poder, también, nosotros abrazar el leño de la Cruz, sufrir con Cristo por los pecados del mundo y los nuestros personales. Unir nuestro corazón y nuestra alma a los padecimientos de Jesús, como María, no es una misión simple sino que es una decisión costosa, de mucho en nuestra vida y de mucho valor para el hombre, pues mantenernos en pie como lo hizo María hasta el último momento no es fácil. Pero Dios nunca nos ha dicho que fuera fácil, sino que con su ayuda no sería imposible.
María, desde un primer momento se dejó llenar del Espíritu Santo y se dejó conducir por la Mano del Padre, por eso desde el gozo de Nazaret hasta el dolor del Calvario siempre pudo permanecer firme en la obediencia al Padre, y de pie en la Fidelidad a la palabra dada: he aquí la esclava del Señor ¡hágase en mí según tu Palabra!.
¿Por qué pudo hacerlo? Porque Ella nunca confió en sí misma, sino en Aquél que la llamó, en Aquél que le dirigió su Palabra y le confió una misión, y que, además, se lo anunció de antemano: "lo que es imposible para el hombre es posible para Dios". Y fueron palabras que siempre ha mantenido en su corazón, tanto en momentos Luz como en momentos de oscuridad, pues cuando no comprendía algo o cuando algo superaba sus capacidades "guardaba todo y lo meditaba en su corazón", pues en el silencio del corazón Dios la fortalecía para seguir avanzando, para continuar de pie en todo momento y sentir el gozo y la esperanza de la Fidelidad de Dios.
Hoy no sólo es un día para contemplar el dolor de María al pie de la Cruz, sino que es un día para asociar nuestro corazón al Corazón de María, para que como Ella y junto a Ella, también nosotros asociemos realmente nuestras vidas a la Vida del Hijo, y podamos vivir en Fidelidad su Palabra, y como lo hizo el Hijo "aprendamos a obedecer al Padre", pues ese es el Camino que Él nos dejó señalado y que Ella recorrió junto con Jesús.
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