Hoy el libro de Job nos muestra la parte más oscura de nuestro corazón y, también, la más amarga: la rebeldía contra lo que nos sucede y la angustia por sentir que "Dios nos cerró la salida". Al leer esto pensaba que todos tendríamos que leer más el libro de Job, pues en él se revelan los aspectos de nuestra vida, aspecto que, nos parecen muchas veces lógicos y otras una locura de poder vivirlos, pero que, al final, si nuestra vida de fe está bien arraigada alcanzamos a ver la "la luz al final del camino", pues siempre el Señor está a nuestro lado esperando que le tendamos, nosotros a Él, la mano para que nos saque del pozo en el que hemos caído.
La oscuridad del dolor y de la Cruz, no es el final del camino, sino que es un momento en nuestras vidas que puede ser más largo o más corto, pero nunca la oscuridad vence a la Luz. Job nos invita a seguir caminando a buscar respuestas y descubrir en el diálogo con los demás cómo nos pueden ayudar o cómo nos van a querer quitar lo poco que tenemos: el don de la fe.
Pero hoy hay otro aspecto que me gusta más, en el evangelio. Cuando Jesús toma la decisión de subir a Jerusalén, junto a sus discípulos, dice el evangelio:
"Puestos en camino, entraron en una aldea de samaritanos para hacer los preparativos. Pero no lo recibieron, porque su aspecto era el de uno que caminaba hacia Jerusalén".
Los samaritanos se odiaban con los de Jerusalén, y la disputa venía por si Dios estaba en el Templo de Jerusalén o en el de Samaria. Por eso, al ver que estos iban al Templo de Jerusalén no quisieron hospedarlos. Siempre tenemos esos pre-juicios y juicios sobre las personas, y no sólo sobre personas desconocidas, sino que pasa habitualmente que "porque fulanito va a la casa de menganito, y no viene a la mía", "que porque va a tal lugar y no viene a este", y cosas por el estilo que van perjudicando la vida de los demás y van cortando relaciones que podrían ser muy buenas, y de las que después me arrepiento por haber sido tan.... pero ya no puedo solucionar lo que he dicho o hecho.
Pero también está la reacción de los apóstoles y de Jesús:
"Al ver esto, Santiago y Juan, discípulos suyos, le dijeron:
«Señor, ¿quieres que digamos que baje fuego del cielo que acabe con ellos?».
Él se volvió y los regañó. Y se encaminaron hacia otra aldea".
La venganza es lo primero que se nos cruza por la cabeza, en cambio Jesús tenía otros planes. No le gusta la venganza, cada uno tiene su propio pago por los actos que realiza, y cuando esos actos son producto del dolor y o de una mala acción, siempre nos dan ganas de hacer bajar el fuego sobre ellos. En cambio Jesús no se preocupa por eso, sino que se ocupa de lo que debe hacer: seguir camino pues lo que Él debe hacer es cumplir con la Voluntad del Padre. No le afectan los desprecios pues "el Padre que ve en lo secreto" sabrá recompensarlo.
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