"Entonces Job se levantó, se rasgó el manto, se rapó la cabeza, se echó por tierra y dijo:
«Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó, bendito sea el nombre del Señor».
Muchos que estudian Sagradas Escrituras pueden decir que esta historia es una leyenda, que Job no existió verdaderamente, y tantas otras cosas más. Pero, en realidad, no necesitamos a Job cuando alrededor nuestro podemos ver esta misma historia vivida en otros hermanos o hermanas que tienen la misma respuesta al Señor: ¡bendito sea el nombre del Señor!
Cuando uno a profundizado en la relación con el Señor, a pesar de sufrir, muchas veces, el gran dolor del puñal en el corazón, sabe y confía en el Amor del Padre, pues, a pesar de tanto dolor, como María siguen aún de pie junto a la Cruz.
Es cierto que los dolores del corazón son los que más se sufren, y sobre todo, porque son los que se sufren en soledad, por eso es que en esa soledad sólo hay una compañía suficiente y constante: la presencia de Dios en nuestras vidas.
El desierto de la Cruz nos hace buscar al que sólo puede consolarnos y a aquella que lo vivió en su propia carne, y, desde la oración y el diálogo con Ellos, poder encontrar la fuerza para seguir adelante, pues sus Manos y sus Corazones acompañan y sostienen nuestras propias vidas.
Es así que la lecturas de ayer domingo donde el Señor nos mostraba a uno que en dentro de sus riquezas no podía mirar el dolor del que estaba a su lado, ilumina la realidad de estas de hoy. Sí, porque muchos de nosotros tiene la riqueza de no tener, quizás, una cruz tan dolorosa y por eso seguimos mirando nuestro ombligo y no somos capaces de mirar el dolor de nuestro hermano. Seguro que no seremos capaces de dar una palabra que lo fortalezca, pero sí podemos rezar por ellos, darles un abrazo, acompañarlos en su vida; porque no siempre hay palabras para suavizar el dolor del corazón, sólo el silencio del amor ayuda a fortalecer a quien sufre en su interior.
Sí, mira a tu alrededor vas a ver que hay quienes necesitan de tí, de tu cariño, de tu abrazo, de tu sonrisa, de tu oración. Aunque seas un nuevo Job verás que al compartir tu dolor y donar tu amor encontrarás descanso y reposo en las Manos del Señor. El continuar como Job alabando al Señor e intentando seguir en Fidelidad a Él, nos mantiene fuertes y seguros en el Camino de la Vida, pues nuestra fuerza viene de Él que por nosotros se entregó en la Cruz y con su Resurrección nos dio la Vida Nueva.
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