Tanto la carta de San Pablo como el Evangelio nos hablan fuerte hoy, nos dan unos principios muy concretos para nuestra vida de fe cristiana:
"Queridos hermanos, huid de la idolatría. Os hablo como a personas sensatas; juzgad vosotros lo que digo.
El cáliz de la bendición que bendecimos, ¿no es comunión de la sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo?
Porque el pan es uno, nosotros, siendo muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan. Considerad a Israel según la carne: ¿los que comen de las víctimas no se unen al altar?"
Aquí Pablo nos hace ver la "doble cara" de los cristianos que no sólo se acercan a la mesa del Señor, sino que también aceptan el ofrecimiento a los ídolos. Quizás hoy no seamos nosotros así, pero casi que nos parecemos. No hacemos ofrendas a los ídolos, pero sí dejamos de lado la mesa del Señor, por otras cosas.
Muchas veces me pregunto si los católicos le damos el lugar que se merece en nuestras vidas a la Mesa del Señor, porque para muchos católicos es más importante la Fiesta de un Santo, la procesión o peregrinación a ver la imagen de la Virgen, de un Santo, o del mismo Señor, pero no participar de la Eucaristía todos los domingos o acercarse a la mesa de la reconciliación en la confesión.
Y, cuando sólo vamos a visitar la imagen de un santo, de la Virgen o de Jesús, y no nos vamos a Misa ¿no estamos casi pareciéndonos a los idólatras? Es que ahí no estamos valorando lo que es importante en nuestras vidas: la eucaristía. Pues Jesús no entregó su vida en la Cruz para que nosotros no nos alimentemos con el Pan de la Vida.
Por eso, muchos católicos no resisten las cruces o los embates de satanás, porque no están alimentados de la Vida de Dios.
"¿Por qué me llamáis “Señor, Señor”, y no hacéis lo que digo?
Todo el que viene a mí, escucha mis palabras y las pone en práctica, os voy a decir a quién se parece: se parece a uno que edificó una casa: cavó, ahondó y puso los cimientos sobre roca; vino una crecida, arremetió el río contra aquella casa, y no pudo derribarla, porque estaba sólidamente construida.
El que escucha y no pone en práctica se parece a uno que edificó una casa sobre tierra, sin cimiento; arremetió contra ella el río, y en seguida se derrumbó desplomándose, y fue grande la ruina de aquella casa».
Creo que, frente a estas Palabras del Señor, tenemos que ponernos a pensar y como se dice en el refranero popular "poner nuestras barbas en remojo" para ver si el Señor no tiene razón cuando nos pide convertir el corazón para encontrar el Verdadero Camino y no caminos alternativos que no son los que tenemos que vivir realmente.
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