martes, 30 de junio de 2015

Defendemos lo que anhelamos alcanzar

Todas las personas creemos en algo y hemos puesto nuestra vida en manos de un Ideal, de una Idea, de una teoría. Cuando esa idea se convierte en la base y el fundamento de nuestra vida la defendemos con todo lo que tenemos, por que creemos en lo que creemos y lo que creemos nos da fuerzas para vivir. Y no hablo solo de nuestra vida cristiana, sino de lo que cada uno pueda creer, y por eso, cada quien tiene el derecho de defender lo que cree, y cada quien está orgulloso de lo que es.
En esto pensaba al leer esta reflexión de San Agustín:
"Si de algo podemos preciarnos es del testimonio de nuestra conciencia. Hay hombres que juzgan temerariamente, que son detractores, chismosos, murmuradores, que se empeñan en sospechar lo que no ven, que se empeñan incluso en pregonar lo que ni sospechan; contra esos tales, ¿qué recurso queda sino el testimonio de nuestra conciencia? Y ni aun en aquellos a los que buscamos agradar, hermanos, buscamos nuestra propia gloria, o al menos no debemos buscarla, sino más bien su salvación, de modo que, siguiendo nuestro ejemplo, si es que nos comportamos rectamente, no se desvíen. Que sean imitadores nuestros, si nosotros lo somos de Cristo; y, si nosotros no somos imitadores de Cristo que tomen al mismo Cristo por modelo. Él es, en efecto, quien apacienta su rebaño, él es el único pastor que lo apacienta por medio de los demás buenos pastores, que lo hacen por delegación suya".
Nuestra conciencia es quien va marcando nuestra forma de vivir, nuestra forma de hablar, de obrar; es quien nos juzga, nos perdona, nos anima, nos desanima. Por eso decimos que: actuamos en conciencia, porque "somos consientes" de lo que estamos haciendo o quiere do hacer, por que al ser libres decidimos y actuamos con libertad según nuestra conciencia.
Y, cada uno, forma su conciencia según lo que cree y según el estilo de vida que quiere vivir, por eso en conciencia tengo el deber y el derecho de defender el estilo de vida que quiero y que, según mis conciencia, es el mejor para mi.
En nuestro caso sabemos que Jesus nos ha mostrado un Camino y nos ha invitado no solo a seguirlo, sino a que nuestro caminar sea modelo par otros que estén buscando las mismas respuestas que yo he encontrado en Él. Por eso San Agustín nos llama a adecuar nuestra vida a la de Cristo, para que nuestro testimonio sea verdadero, sea auténtico. Por eso debemos defender lo que creemos y ser coherentes en lo que vivimos:
"Procuremos, pues, hermanos, no sólo vivir rectamente, sino también obrar con rectitud delante de los hombres, y no sólo preocuparnos de tener la conciencia tranquila, sino también, en cuanto lo permita nuestra debilidad y la vigilancia de nuestra fragilidad humana, procuremos no hacer nada que pueda hacer sospechar mal a nuestro hermano más débil, no sea que, comiendo hierba limpia y bebiendo un agua pura, pisoteemos los pastos de Dios, y las ovejas más débiles tengan que comer una hierba pisoteada y beber un agua enturbiada".
Sabemos de nuestras debilidades y pecados, pero no defendemos nuestras debilidades sino que defendemos la Verdad que buscamos vivir, defendemos el Camino que ansiamos recorrer, y defendemos la Vida que esperamos alcanzar.

lunes, 29 de junio de 2015

Alababan a Dios a causa mía

Dice San Pablo en una carta a los Gálatas:
"Las Iglesias cristianas de Judea no me conocían personalmente; sólo habían oído decir que el antiguo perseguidor predicaba ahora la fe que antes intentaba destruir, y alababan a Dios a causa mía".
Hoy me llamó la atención esta frase de Pablo, aunque siempre hay algo de San Pablo, que llama la atención, pero me hizo pensar que y para que lo tengamos más en cuenta, que seamos quiénes seamos todos somos testimonios de lo que creemos y vivimos.
Es decir Pablo tenía una conciencia clara de quién había sido y de quién era ahora, pero también sabía que, por medio de su predicación y de su vida era instrumento para la salvación de los hombres que buscaban a Dios.
Por eso, el saber que había gente que alababa a Dios gracias a su conversión, es saber que lo que estoy haciendo está bien realizado, que es motivo para alegrarse y dar Gracias, porque el Señor está obrando por mi intermedio.
Nuestra vida y más nuestra vida cristiana, nuestra vida de fe, no es para nosotros exclusivamente, sino para ser testimonio ante el mundo de lo que creemos, mostrar a los demás que lo que decimos creer es para nosotros el motor que impulsa nuestra vida, el centro que nos mantiene sólidos y firmes, con un sentido claro y un rumbo definido. Por eso Pedro al dar testimonio de Jesús dice: “Señor, ¿a quién vamos a ir? Tú tienes palabras de vida eterna; y nosotros hemos creído y sabemos que tú eres el Santo de Dios.”
Nuestra fe es lo que hemos de defender, contra viento y marea, a capa y espada, o como quieran decirlo, pero debemos defenderla porque es lo que a nosotros nos da vida, y, en este Camino de Vida cada día nos va perfeccionando, porque no somos ni nos creemos perfectos, sino con errores y pecados, pero que, como bien dice San Pablo:
"He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe... El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles".
Por que él como nosotros, sabemos que nos somos nosotros quienes nos hemos elegido, sino que Él nos llamó y nos eligió para ser mensajeros de salvación, y por eso, a pesar de nuestras debilidades y pecados, Él sostiene nuestra vida y nos ayuda en cada momento a convertirnos, a volver al Camino y poder seguir, anunciando con nuestro testimonio constante de conversión y fidelidad, que:
-«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

domingo, 28 de junio de 2015

En la Fe hemos sido salvados

Dice el libro de la Sabiduría:
""Dios creó al hombre para la inmortalidad y lo hizo a imagen de su propio ser; pero la muerte entró en el mundo por la envidia del diablo, y los de su partido pasarán por ella".
Esto que leemos en este libro es algo que creemos por el Don de la Fe que se nos ha otorgado, y por la transmisión de la Palabra de Dios que hemos recibimos y que creemos. Por eso sabemos que Dios, en el principio no nos creo para la muerte, sino para la vida, pero la Vida en Él, pues la eternidad está en Él y no en este mundo.
Pero, por la envidia y la soberbia, el hombre pecó y con el pecado entró la muerte en el hombre y en el mundo. Una muerte que fue la muerte de la filiación divina, la muerte de la relación con Dios, la muerte de Su Vida en nuestra vida. Por eso, "llegada la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo Único" y este Hijo, Jesús, para devolvernos la dignidad de ser hijos de Dios "obedeció hasta la muerte y muerte de Cruz", y en su resurrección fuimos salvados. Él nos devolvió la Vida Divina, "por el Hijo fuimos hecho hijos" y "no sólo nos llamamos sino que somos en verdad hijos de Dios".
Por el Don de la Fe creemos, confiamos, aceptamos este gran milagro de la adopción divina que nos da un nuevo sentido a nuestra vida. Por el Don de la Fe somos sostenidos en los momentos de mayor dolor y nos mantenemos en pie, como María frente a la Cruz de Su Hijo. Por el Don de la Fe entregamos nuestros dolores y nuestras fatigas para que el Señor las transforme en Gracia para lo que necesitamos o para lo que necesite, porque nuestra Cruz junto a su Cruz es fuente de Gracia y Salvación. Por el Don de la Fe entregamos nuestras vidas al Amor de Dios y al servicio de los hermanos. Por el Don de la Fe muchos hermanos siguen renunciando a su vida para mantener su vida de Fe, prefieren morir a renunciar a Aquél que les ha dado Su Vida.
Por eso después de cada milagro Jesús le dice a la gente: "tu fe te ha salvado", "que se haga según tu fe", porque no puede Él hacer que el cuerpo permanezca eternamente, pues ese no era el deseo del Padre, sino que la Vida Divina en cada uno permanezca para la eternidad. Y esa Vida la conservamos, la maduramos gracias al Don de la Fe.
Por que ha habido muchos en tiempos de Jesús que no fueron sanados de su lepra, ni muchos ciegos fueron curados de su ceguera, ni muchos muertos fueron resucitados de sus tumbas. No era ese el Plan del Padre, sino hacer que los hombres creyeran en Su Hijo y por el Hijo alcanzaran la Vida Eterna.
Por eso, el Hijo “obedeció hasta la muerte en Cruz” para alcanzarnos, por su resurrección la Vida Eterna, y Su Vida es nuestra vida, para que Fieles a la Vida que Él nos dio podamos vivir “aquí en la tierra como en el Cielo”, porque aquí ya poseemos los bienes que vamos a disfrutar en la eternidad.

sábado, 27 de junio de 2015

Confianza mariana

"Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador.
Porque ha mirado la humillación de su esclava.
Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mi:
su nombre es santo".
Si hay algo que me emociona y me gusta mucho es el Magnificat, la oración de María, y hoy en el Salmo están sus palabras.
Es cierto que no todas las vidas son iguales, ni todas las vidas son color de rosa, siempre en la vida has rosas y oscuros, hay espinas y flores, lágrimas y risas, dolores y gozos. Hay tiempos de mayores alegrías y tiempos de mayores tristezas, y no hay una fórmula para poder decirle a nadie "tómate tres pastillas de esto y todo pasará", cada uno tiene que buscar su propia receta para poder llevar la vida hacia adelante, sabiendo que todo tiene que tener un sentido, y el sentido es el que yo le doy a las cosas, de acuerdo a lo que quiero vivir.
Cuando lo que queremos vivir es el Camino que nos ha propuesto Jesús: "quien quiera venir detrás de Mí...", sabemos que recorreremos Su Camino y ya conocemos cuál fue su Camino, y cómo el lo recorrió. Y también sabemos que en ese Camino está María, Su Madre y Nuestra Madre, y Ella como nadie sabe y conoce cada paso que Él ha dado y que nosotros daremos con Él. Por eso, Dios quiso que nos quedásemos con estas hermosas palabras de María, porque Ella que supo darse por entero a la Voluntad de Dios, alcanzó la Bienaventuranza en la Tierra y la gloria del Cielo, vivió el gozo del Anuncio y el dolor del Gólgota, la alegría de las Bodas de Canaán y la agonía del juicio de Su Hijo.
Pero sobre todo, y en todo momento, se mantuvo de pie, firme en su fe, firme en su esperanza, firme en amor porque sabía en Quién había puesto su confianza y que, si no entendía o comprendía el por qué de tal o cual situación, "todo lo guardaba y meditaba en su corazón".
La humildad y sencillez mariana nos invitan a la confianza cierta que el Padre siempre estará a nuestro lado cuando nosotros decidimos dejarnos conducir, porque María nos enseñó que siempre que nos hacemos pequeños en manos del Padre, es Él quien nos sostiene y nos lleva y "aunque pase por oscuras quebradas nada temeré porque tú estás conmigo"

viernes, 26 de junio de 2015

Su eternidad calma nuestras ansiedades

Ayer y hoy en la primer lectura Dios nos narraba la historia de Abrahám. Ayer cómo Saray, su esposa daba a Abrán su esclava para que concibiera un hijo, pero los celos provocaron la ira de Saray y expulsó a Hagar de su casa, pero Dios la hizo volver para que de ella naciera Ismael. Hoy Dios vuelve a hablarle a Abrán y le reitera su promesa y el cumplimiento de la misma: Saray y Abrán van a ser padres y su hijo se llamará Isaac. Una promesa que se cumple y una vida que cambia, por eso también Dios les cambia los nombres de Saray a Sara y de Abrán a Abrahám, y refuerza la promesa de que de ellos Dios va a hacer un pueblo numero como las estrellas del cielo y las arenas de las playas.
Y uniendo las dos historia, que, en realidad es una sola, pensaba en la paciencia de Abrahám para seguir a Dios, para seguir creyendo a pesar de que todo indicaba que no había posibilidades de creer en que se cumpliría la promesa. Tal es así que aceptar a Hagar para concebir porque ya eran viejos Saray y Abrán, y por eso tiene con ella un hijo. Pero ese no era el hijo que Dios había prometido a Abrán, el hijo nacería de Sara y Abrahám.
Y vuelvo a lo que muchas veces pienso para mí y me lo habéis escuchado: los tiempos de Dios no son los nuestros, porque Él tiene toda la eternidad y desde su eternidad mira la pobreza de nuestro tiempo y calcula, calcula cuándo es el tiempo propicio, cuando, como diría San Pablo: es la plenitud de los tiempos para obrar sus maravillas.
Claro que nosotros no tenemos ese tiempo, o, mejor dicho, no sabemos aprovechar la eternidad de Dios en nuestra pobreza temporal, porque siempre vamos pensando que no tenemos tiempos, que se nos acaba el tiempo, que el reloj biológico corre, que necesitaría más horas en mi día ¡y tantas cosas! que hacen que cada día pase más aprisa que el anterior, y que en cada día pueda hacer menos cosas que en el anterior ¡y con todo lo que tengo que hacer!
Pero ¿qué es eso de aprovechar la eternidad de Dios? Es fácil peor es difícil. como todo lo de Dios. Cuando estamos en oración con el Padre su eternidad viene a nuestro tiempo, o mejor nos introducimos en la eternidad de Dios cuando nos ponemos a hablar con Él, como en aquellos momentos cuando Moisés iba a la Tienda del Encuentro y sobre ella se posaba el Señor. Cuando nos encontramos en Misa es Dios quien se hace presente en el altar, y su Eternidad viene a nosotros y nosotros entramos en la eternidad y en la intimidad con Dios.
Son momentos importantes en nuestras vidas que nos ayudarían a calmar nuestras ansiedades, porque su eternidad nos hace mirar la vida desde su Corazón y podremos ver que no nos quiere como hamsters corriendo sin sentido en una rueda giratoria que no lleva a ningún lado, sino que nos quiere hijos pensantes que saben que el Padre no les exige lo que no pueden dar, sino que les da lo que pueden hacer para que lo que hagan le de sentido a sus vidas. Por eso la Luz de la Eternidad de Dios que nos da Su Espíritu ilumina con Su Paz nuestro camino para que descubramos "qué cosas son importantes y que sepamos elegirlas", como lo hizo María a los pies de Jesús.
No dejemos que la rueda giratoria de un mundo sin sentido nos quite la paz de cada día, sino que la seguridad de la confianza que nos da el Padre nos de el sentido de vivir cada en Su Voluntad.

jueves, 25 de junio de 2015

Que tu sí sea Sí

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo".
No siempre lo que decimos es lo que pensamos o creemos, y otras tantas veces, tampoco es lo que hacemos. Y aquí Jesús nos lo hace ver, pues Él que conoce los corazones de los hombres sabe cómo somos y cómo pensamos y ve lo que hacemos. Podremos engañarnos a nosotros mismos haciéndonos creer que somos lo que decimos, o queremos hacer creer a los demás que nos creemos lo que vivimos, pero nunca se lo haremos creer a Aquél que ve en lo secreto de nuestro corazón.
El Señorío del Señor, como nos decía el P. Efraín, no es una simple frase para engalanar nuestra vida y quedar bien ante los demás, sino que es una opción fundamental y radical en nuestra vida cristiana: o somos de Cristo o no lo somos, o vivimos con Él o no, como Él nos dice: "el que no está conmigo, está contra mí, y el que no recoge conmigo, desparrama", "que tú sí sea sí y que tu no sea no. Se frío o caliente, pues a los tibios los vomitaré de mi boca".
Nuestra elección por el cristianismo no es hoy sí y mañana no, de acuerdo a nuestra conveniencia, o es sí o es no, y es una elección libre que yo debo realizar, no es una elección obligada por nadie para que no pueda decir "me obligaron a hacerlo o me han quitado la libertad". NO. Soy yo quien en mi madurez espiritual debo optar por seguir o no seguir a Cristo, pues es Él mismo quien me invita, pero no obliga: "quien quiera venir detrás de mí", es una invitación.
Pero esta invitación conlleva una decisión radical: o sí o no, no hay un punto intermedio como hoy lo estamos viviendo, o como hoy muchos lo vivimos, que para algunos momentos somos cristianos y en otros momentos somos paganos.
¿Por qué Jesús quiere que nuestra decisión sea tan radical? Porque él nos ha dado la Vida Eterna a costa de su sangre, de su vida. Lo que anhelamos y no sólo es la vida eterna, sino la plenitud de nuestra vida aquí en la tierra, ha sido gracias a la "obediencia hasta la muerte en Cruz" de Jesús. Y ¿te parece por esa Vida, que por esa sangre derramada, no vale la pena hacer una opción radical para que nuestra vida sea su Vida, y que su Vida sea nuestra vida?
Si optamos por el Sí, Él no solo acepta nuestra decisión sino que pone todos los bienes celestiales a nuestro alcance para que logremos la Fidelidad a la Vida. Pero si nuestro sí es hoy sí y mañana no, no tendremos la Gracia suficiente y necesaria para no ser Fiel, pues Él no gasta su Gracia en vano.

miércoles, 24 de junio de 2015

Pregoneros de la Salvación

En el Evangelio de hoy hay una pequeña pregunta que la gente se hace ante el nacimiento de Juan y los acontecimientos que rodearon su nacimiento:
"¿Qué va a ser este niño?"
La gente no lo sabía pero su padre y su madre sabían qué era lo que Dios tenía pensado para Él, pues el Ángel se lo había anunciado a Zacarías, y ya Dios lo había pensado desde siempre y, a semejanza del Profeta, señalaba su vida:
"Y ahora habla el Señor, que desde el vientre me formó siervo suyo, para que le trajese a Jacob, para que le reuniese a Israel - tanto me honró el Señor, y mi Dios fue mi fuerza -: «Es poco que seas mi siervo y restablezcas las tribus de Jacob y conviertas a los supervivientes de Israel; te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.»
"Te hago luz para las naciones", es lo que Juan fue para los hombres de su tiempo, y lo es para los hombres de este tiempo, porque su vida es para nosotros un mensaje de salvación, pues Él sigue iluminando nuestras vidas con el ejemplo de su entrega en fidelidad al proyecto del Padre.
Así como Juan fue ungido por el Espíritu Santo en el seno de Santa Isabel, cuando llegó María a su casa, así también nosotros fuimos ungidos profetas en el seno de nuestra madre la Iglesia, profetas para anunciar con la Luz y la Fortaleza del Espíritu Santo.
Así como Juan permaneció en desierto para confirmar su vocación y fortalecer su espíritu por el sacrificio y el ayuno, así también nosotros en el desierto de nuestro corazón y de la oración nos encontramos con el Señor para que, cada día, confirme nuestro llamado a ser Luz, Sal y Fermento en el mundo.
Hoy más que nunca estamos llamados a iluminar con nuestras palabras, pero más con nuestras obras, el camino hacia Dios, el Camino que lleva a la Salvación, el Camino que nos trae la Vida Nueva en Dios, pero sólo si somos capaces de dar nuestro ¡Sí! al Señor, sólo si somos capaces de disponer nuestro corazón para ser purificado y encendido por el fuego del Espíritu Santo seremos, como Juan Bautista, pregoneros de la Verdad, de la Justicia, del Amor, constructores de un mundo nuevo porque hemos encontrado el Camino para llegar a ser Hombres Nuevos.

martes, 23 de junio de 2015

Las exigencias de vida del cristiano

No son pocas las veces que escuchamos que los curas somos exigentes cuando hablamos de cristianismo, sin saber que no es que nos guste a nosotros ajustar las tuercas en la vida, si no que es Jesús quien nos puso muy alto las exigencias evangélicas. Para muestra el evangelio de hoy:
"Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»
Sabemos que los consejos evangélicos que nos ha dado Jesús para nuestra vida son muy exigentes y concretos, pero sabemos también que lo que aspiramos conseguir no es algo sencillo, sino que es la vida eterna allá y la plenitud de nuestra vida aquí.
Por eso, ya en el antiguo testamento Dios nos va mostrando que en cada momento de la vida tenemos que ir tomando opciones radicales. En el pasaje de hoy (que continua de ayer) vemos como Abrán primero siguió la Palabra de Dios y tuvo que dejar su tierra, su casa, su familia. Y salió hacia nuevas tierras. Y luego, otra vez tuvo que optar por separarse de su hermano, e ir uno para un lado y otro para el otro. Y así hasta alcanzar la Promesa que Dios le había realizado.
Hoy más que nunca tenemos que descubrir el tesoro que es nuestra fe, el valor que los consejos evangélicos le quieren dar a nuestra vida, y cómo podríamos mejorar si vemos en ellos la Palabra de Dios y no la palabra de un hombre. Por que la palabra de los hombres es hoy sí y mañana no, pero la Palabra de Dios permanece para siempre y es Palabra de Vida, que, a pesar de que muchas veces nos provoca dolor el tener que aceptarla, pero es un dolor gozoso por que sabemos que nos dará la vida y el ánimo que necesitamos.
Para muchos cristianos la Palabra de Dios y los consejos evangélicos, son como algo que puedo o no cumplir, porque primero tengo que ser fiel a una profesión, o un color político, o al gusto de la época, o al sentido del mundo, y, muchas veces, a la religión de la persona de la que me he enamorado. Sin pensar que el ser cristiano es lo que me identifica primeramente, es lo que debería iluminar el resto de mi vida, de mi profesión, de mi color político, de mis relaciones humanas, sociales y sentimentales.
Pero, lamentablemente, el cristianismo se convertido en una túnica que visto en algún momento de la vida, sobre todo cuando necesito que la ayuda divina llegue a mi vida, pero cuando ese vestido representa una dificultad para hacer lo que tengo ganas me lo quito; cuando representa una dificultad en mi trabajo me lo quito; cuando me voy de fiesta o "amores" no me lo pongo...
Después de recibir el agua bautismal hay una hermosa parte que es la vestidura blanca, donde dice:
"sois ya hombres nuevos y habéis sido revestidos de Cristo. Que esta vestidura blanca sea signo de vuestra dignidad, y con la ayuda de la palabra y ejemplo de vuestros familiares logréis mantenerla inmaculada hasta la vida eterna".
Y a esto me refiero al intentar cada día mantener la vestidura blanca en nuestra vida, para que todos los días podamos, al levantarnos, revestirnos de Cristo, sin miedos y sin tener vergüenza de ser cristianos.

lunes, 22 de junio de 2015

Dejar todo para una vida nueva

Dos hermosas lecturas, pero difíciles de llevarlas a la vida, aunque cuando las llevamos a nuestras vidas nos la vuelven más fácil y más dichosa.
Dios le pide a Abrán que deje su tierra, su casa, su familia para formar un nuevo pueblo. No se le pide algo fácil pero se le da una gran esperanza porque se le asegura un gran futuro. Y Abrán no duda, por eso deja todo y sale tras la Voz de Dios, con fe, confianza y disponibilidad sigue los mandatos del Señor, no sólo para conseguir lo prometido sino para ser Fiel a su Dios y Señor.
Abrán nos ayuda a ver que no es imposible vivir según Dios, que no es imposible dejarlo todo y seguir al Señor, sólo falta confianza en Él para poder escucharlo y obedecerle, porque la confianza nos lleva a poder no cuestionar lo que Él nos dice, sino que fortalece nuestra fe en quién nos habla, en quien nos aconseja, en quien nos viene a buscar para vivir una Vida Nueva.
Esa misma actitud es la que nos pide Jesús al momento de invitarnos a seguirlo: "quien quiera venir detrás de mí niéguese a sí mismo, cargue su Cruz de cada día y sígame". Jesús nos invita a seguirlo, no nos obliga, nos invita, pero al invitarlo es Él quién pone las condiciones para poder seguirlo. Por eso, a partir de ese momento en que doy el ¡Sí! acepto las condiciones, porque se supone que sé a quién y por qué lo sigo. Y este seguirlo me llevará a vivencias nuevas, siempre nuevas de algo que siempre ha estado en mí: la Vida de Dios. Y en este vivir en Dios será Él quién vaya guiando mi vida, será Él quien vaya día a día dándome las pautas para alcanzar aquello que Él mismo me prometió: formar un pueblo nuevo: la civilización del amor, en donde el Reino de los Cielos venga a la Tierra, porque aquí hacemos Su Voluntad como en el Cielo.
Y hoy, para vivir ese Mundo Nuevo nos muestra parte del camino: «No juzguéis y no os juzgarán; porque os van a juzgar como juzguéis vosotros, y la medida que uséis, la usarán con vosotros".
Algo que es propio del hombre, por ser un ser racional: juzgar, analizar, decidir. No nos pide que dejemos de ser seres racionales, pero nos pide que nuestro juicio no sea sobre nuestros hermanos porque tampoco a nosotros nos gusta que nos juzguen. Pero, entonces, ¿no podemos ayudar a los demás a corregir sus vidas? ¿No pueden los demás decirme si he actuado mal o si actuado bien? ¿No puedo decirle a mi hermano que se ha equivocado de camino y que debe corregirse?
Esta es una parte de lo que tenemos que comenzar a vivir, porque al Evangelio hay que recordarlo en toda su amplitud y todo junto. Porque más adelante Jesús nos enseñará a llevar a cabo la "corrección fraterna", pero antes de corregir a mi hermano tengo que pensar por qué lo hago, si lo hago porque realmente lo amo y quiero lo mejor para él, o si sólo lo hago porque me molesta, porque soy más fuerte que él, porque quiero hacerle daño, porque... Porque la misericordia ha de estar por encima del juicio, el amor debe prevalecer al juicio.
¿Cómo me gustaría a mí que me juzgaran o corrigieran?

domingo, 21 de junio de 2015

El amor nos apremia

"El amor de Cristo nos apremia", dice San Pablo hoy. Y hoy lo voy a parafrasear: "el amor de nuestros padres nos apremia", porque en argentina es el día del Padre, y, aunque el mío ya está disfrutando del Padre del Cielo, sigue estando cada día tan cerca, o más, que cuando estaba junto a nosotros en la tierra.
Pero, siendo justo, tengo, también, que recordar a mi otro padre, el espiritual, que también siempre acompaña mi vida.
Los dos dejaron huellas en mi vida, porque los dos siempre fueron importantes, los dos dieron ejemplo de vida porque los dos vivieron una vida llena de amor, de entrega, de generosidad, dándose todo por sus hijos y, por los que se acercaban a sus corazones.
Por eso quería tomar la frase de San Pablo, porque el amor de nuestros padres nos apremia, lo que ellos hicieron, hacen y harán por los hijos no tiene precio, porque siempre dan mucho más de lo que los hijos esperamos, aunque muchas veces no sepamos ver lo que hacen, y muchas más veces, no seamos tan agradecidos como debiéramos. Pero siempre tenemos tiempo de darnos cuenta que la vida de aquellos que nos dieron la vida, es lo más valioso que tenemos, porque si no fuera por ellos hoy no estaríamos aquí.
Su amor llenó nuestras vidas de millones de entregas que sólo serán recompensadas en el Cielo por el Padre que todo lo ve y que sabe lo que un corazón lleno de amor, ha podido dar y entregar sólo por amor.
Claro está que el día del Padre es cada día del año, y cada hora de todos los días, pero es muy lindo que en un día podamos abrazarlos muy fuerte, podamos llenarlos de nuestro agradecimiento porque cuando hay un día marcado nos ayuda a pensar, nos ayuda a descubrir de cuánto nos hemos olvidado y de cuánto no hemos disfrutado. Hoy es un día para disfrutarlos, para abrazarlos con todo nuestro ser, con todo nuestro corazón, no dejando pasar este día, y los que vendrán, porque siempre hay un día en el que descubrimos que nos hemos perdido muchos días, y por eso este día es para darles a nuestros padres parte de todo lo que ellos nos han dado, porque nunca podremos agradecer ni recompensar toda la entrega que por amor han realizado.
También somos muchos los que vamos viendo cómo las nuevas generaciones de nuestras familias van tejiendo esa hermosa red, cómo los pequeños se van haciendo grandes y ya gozan del título de padres, que también puedan recordar que este día del que hoy gozan es el mejor día para dar gracias porque Dios nos ha regalado una familia en la que poder ser amados, en la que poder amar, en la que poder estar juntos y unidos por el vínculo del amor, del amor más puro que es el de la familia.
Hoy, en el día del padre (en argentina) doy Gracias a Dios por el Amor que me dio con mis dos padres: Mario y Efraín, y por los padres que hay en mi familia: Alberto, Hugo y Valentín, y por los que (espero) que vendrán pronto.
¡¡¡FELIZ DÍA DEL PADRE!!! Y también para todos los padres que van pasando por mi vida, abrazos y bendiciones.

sábado, 20 de junio de 2015

Confianza en la Providencia de Dios

Dice Jesús:
"Sobre todo buscad el reino de Dios y su justicia; lo demás se os dará por añadidura. Por tanto, no os agobiéis por el mañana, porque el mañana traerá su propio agobio. A cada día le bastan sus disgustos".
Hubo un tiempo en que se confundió "confianza en la providencia" con providencialismo. Es decir, una cosa es confiar en el Señor y buscar su Reino y su Justicia, y otra cosa es sentarme piernas arriba esperando que el Señor me lo de todo terminado sin tener ya que hacer nada.
Confianza en la Providencia es saber que el Padre nos dará todo lo necesario para mi vivir, para que pueda no estar agobiado por el futuro, porque el futuro aún no ha llegado, y así pueda ocuparme de ser Fiel en el hoy, en este hoy que estoy viviendo y en el que se me pide ser respuesta, ser testimonio de vida. En este hoy que me está exigiendo ser parte de la historia y constructor de la historia, en el que para llegar a serlo tengo que estar disponible para que el Espíritu Santo me lleve donde quiera, y me ayude a hacer lo que es Voluntad del Padre, para mi salvación y la salvación de mis hermanos.
Cuando estoy preocupado por el mañana, no pienso en el hoy. Cuando estoy atado al pasado no construyo el presente.
Cuando estoy agobiado por lo que me pasará, por lo que puedo llegar a sufrir no puedo ver lo que hoy tengo que hacer.
Cuando estoy agobiado por el pecado que he vivido, no estoy libre para ser testigo de la Gracia de la Reconciliación.
Cuando estoy atado a mis bienes terrenos por miedo a perderlos y no soy capaz de renunciar a ellos, no podré recibir los bienes eternos en el cielo que el Padre tiene preparados para mí.
En el día a día hay muchas cosas que podemos hacer, hay muchas cosas que queremos hacer, pero como le dijo Jesús a Marta; "te inquietas y te afanas por muchas cosas, pero sólo una es necesaria, y María eligió la mejor parte". Y no es que tengamos que estar todo el día en oración de contemplación sin hacer nada (lo que nos llevaría a un providencialismo) sino saber que no todo lo que quiero hacer es lo que tengo que hacer, si no que tengo que ponerme en disposición de Dios para poder saber qué es lo que tengo que hacer. A qué renunciar y a qué exigirme.
La Confianza es un camino diario y constante, que necesita la fortaleza del Espíritu Santo para que no pensemos como adultos, sino que nos hagamos pequeños frente a Dios, niños pequeños que necesitan día a día de Su Padre para que nos indique qué hacer, cómo hacerlo y, sobre todo, que nos de la Gracia suficiente y necesaria para poder llevar a cabo lo que nos pida.
Cuando no nos ponemos a disposición de Dios hacemos lo que queremos, y por eso no tenemos la fuerza ni la Gracia para llevar adelante la Obra que el Padre nos encomendó, puede ser bueno lo que tenga ganas de hacer, pero no se si será Voluntad de Dios, por lo tanto, lo que emprenda será con mis propias fuerzas, y eso terminará cansándome y agobiándome.

viernes, 19 de junio de 2015

Acumular tesoros para sostener mi debilidad

Al terminar, o casi, de leer esta carta de Pablo, uno podría decir: ¡que vanidoso! O ¡que orgulloso! Pero al final del párrafo Pablo nos devela cuál es su verdadero orgullo: su debilidad.
El orgullo, muchas veces se define como una pasión neutra, es decir, lo llevamos para el terreno que mas nos convine. Si es demasiado orgullo en "propias perfecciones" se transforma en vanidad, porque me hace sentir por encima de todo y de todos.
Pero si es para poder lograr aquello que de Dios me esta pidiendo se transforma en fuerza para seguir luchando.
Aquí Pablo utiliza el orgullo como algo positivo, para sentir que él no es menos que nadie, sabe valorar el lugar que Dios le ha dado, pero que, por eso mismo, ha tenido que sufrir cada momento, y, a pesar de su debilidad Dios lo fue sosteniendo y fortaleciendo para que pueda cumplir con la misión que Él mismo le había encomendado.
Y, en ese camino, Pablo descubre que será en "su debilidad" donde radica su fuerza, porque será aceptando que él no puede llevar a cabo la misión, si no es porque Dios lo sostiene con su Gracia. Incluso va a decir: "tres veces clame al Señor para que me librará, pero solo me respondió: te basta mi gracia". Fue suficiente para Pablo no solo saberse débil, sino sostenido por la Gracia, porque lo importante para llevar a cabo la Voluntad de Dios es su Gracia y no nuestra fortaleza.
Por eso, "si hay que presumir, presumiré de lo que muestra mi debilidad". Pues como hombre soy débil, como hombre no puedo llevar a cabo la gran hazaña de alcanzar la santidad por el Camino que me marca el Señor, pero como hijo pequeño soy fuerte por su Brazo que sostiene y me conduce, que me consuela y me impulsa por aquellos caminos que, aunque sean escabrosos y oscuros, se que con Él de la mano no temeré ningún mal.
Por eso, Jesus en el Evangelio, nos invita a acumular tesoros en el cielo: tesoros de Gracia. Tesoros que son conseguidos por mis entregas de cada día, por mi aceptación constante de la voluntad de Dios. Por el saber consagrar cada día a su Voluntad y su Amor. Tesoros que son acumulados por el sacrificio diario de la renuncia a mi mismo, del sacrificio de vivir el Amor mas intenso y radical, por el sacrificio de aceptar caminos que no comprendo o entiendo, por el hecho de que son los Caminos que el Padre ha visto como mejores para mi.
Si cada cosa que hacemos la ponemos en manos del Señor, cada acto que hagamos por que es Su Voluntad y ni no la mía, será un poco mas de Gracia que acumulamos.

jueves, 18 de junio de 2015

La locura del Amor compartido

Hoy las dos lecturas son realmente muy lindas, tienen, tanto la carta de Pablo y el Evangelio, el color del amor del que predica por su gente, del que quiere compartir lo mejor que ha encontrado en su vida, aquello que le ha dado sentido y fuerza a su vida.
Siempre me ha gustado este comienzo en la carta de Pablo:
"Ojalá me toleraseis unos cuantos desvaríos; bueno, ya sé que me los toleráis.
Tengo celos de vosotros, los celos de Dios; quise desposaros con un solo marido, presentándoos a Cristo como una virgen intacta".
Es lo que deseamos los que nos hemos encontrado con Jesus y nos ha llamado a vivir su Vida, porque nuestra relación con El es una relación de amor, es una entrega mutua y total en la que el Amor que El nos da es infinitamente superior al nuestro y, sin embargo, es continua cada día siendo fiel.
No hay Amor más fuerte y mas pleno que Su Amor, por eso, cuando lo predicamos deseamos que, cada uno, en su propio estilo de vida, pueda llegar a vivirlo, a gustarlo porque, como dice San Juan: " nosotros hemos conocido el Amor de Dios" y queremos compartirlo con vosotros.
Y, por otro lado, Jesus nos comparte no una oración, sino un diálogo de Amor con el Padre, porque eso es la oración: un diálogo de amor, un diálogo entre el hijo con su Padre. Jesus nos dio una pista, no para aprenderla de memoria, sino para que nos sirva de ejemplo que, igualmente, es una bella oración porque sintetiza y nos centra en los más importante del diálogo, para que no nos vayamos por las ramas pidiendo algo que no debemos, sino centrándonos en lo que necesitamos.
Y ¿por qué digo que es u dialogo? Por que lo primero que nos dice es que digamos: Padre, a partir de ahí sabemos que vamos a comenzar a hablar con alguien que nos es cualquiera, sino que es quien nos ha dado la vida, quien nos ha dado lo mejor que tenemos y nos muestra cual es nuestra relación con El: somos sus hijos.
Así tendremos la visión clara de que, como hijos, comenzamos un diálogo necesario, pero que brota de una realidad: la de los hijos pequeños que buscan, que sufren, que necesitan del consejo, la sabiduría, la fortaleza de aquel que les ha dado la vida y conoce el camino y, por eso mismo, nos lo ayudara a caminar.
No nos olvidemos que nos han transmitido una vida de Amor, un Camino que han recorrido y que nos lo han compartido como el mejor tesoro encontrado, no dudemos en buscarlo y encontrarlo, y, a su vez, compartirlo, porque cuanto más lo compartamos mas crecerá en nosotros.

miércoles, 17 de junio de 2015

Nos da para entregar

Muchas veces escuchamos: "la procesión va por dentro", refiriéndonos a lo que estamos viviendo o a lo que están viviendo otros, en su dolor, en su angustia. Es claro y es cierto, sólo nosotros mismos sabemos qué estamos viviendo, cómo lo estamos viviendo. Pero, también, sabemos qué no estamos viviendo y por qué no lo estamos viviendo.
O... no sólo nosotros, sino también nuestro Padre Celestial sabe lo que estamos viviendo o lo que no estamos viviendo o lo que no queremos vivir. Ni a Él, ni a nosotros nos podemos engañar, aunque creemos que podemos hacerlo, y lo intentamos más de una vez, pero siempre llegamos a la conclusión que no lo podemos engañar, y tampoco nos podemos engañar con lo que estamos viviendo.
Nuestra vida interior es nuestra fuerza, es nuestro sostén, es lo que nos permite vivir de tal o de cual manera, y por eso tenemos que cultivarla, porque es nuestro fundamento, lo que nos identifica. Lo que se ve de nosotros o lo que vemos de los otros, en este mundo que vivimos, muchas veces no dice nada, pero nuestro interior habla mucho y, a ese interior del otro no llegamos a conocerlo. Por eso no puedo ser juez de su interior o de sus intenciones, pero saber y conocer cómo vive.
Pero volvamos a nosotros mismos. Hoy Dios nos dice que demos generosamente y por un lado podemos interpretarlo en sentido material que, en cierto modo, cuando estoy maduro espiritualmente mis obras de caridad son buenas, pero... ¿me entrego yo mismo a Dios, entrego mi tiempo, mi alegría, mi esperanza, soy ayuda para el que me necesita, consuelo para el triste? Es como aquellos que hacen una promesa a Dios o la Virgen y se cortan el pelo o caminan no se cuántos kilómetros, que están bien esas promesas, pero por dentro no han cambiado, no han madurado, no aman más, no perdonan más, no viven en la verdad...
Dios quiere nuestro cambio interior, nuestra fortaleza interior, por eso nos da todos los bienes necesarios para crecer, para madurar, pero no para que sólo nos gloriemos en lo bueno que somos, en lo perfecto que somos, si no para que sepamos entrega cada día más a los demás:
"El que siembra tacañamente, tacañamente cosechará; el que siembra generosamente, generosamente cosechará.
Cada uno dé como haya decidido su conciencia: no a disgusto ni por compromiso; porque al que da de buena gana lo ama Dios.
Tiene Dios poder para colmaros de toda clase de favores, de modo que, teniendo siempre lo suficiente, os sobre para obras buenas".
Cuanto más nos entregamos más dones nos da el Señor, cuanto más nos dejamos guiar más fortaleza y espíritu nos da, cuando creemos que ya no tenemos nada para dar siempre hay un poco más para entregar para que el Padre nos sigue colmando de bienes en la medida en que los entregamos con generosidad y alegría.

martes, 16 de junio de 2015

La perfección del Amor

Cuando Jesús decía que no venía a abolir la Ley y los Profetas, si no a darle cumplimiento se refería a esto:
-«Habéis oído que se dijo: "Amarás a tu prójimo" y aborrecerás a tu enemigo.
Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. Así seréis hijos de vuestro Padre que está en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y si saludáis sólo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto.»
No sólo es cumplir la letra de la Ley, sino llevarla a plenitud, para que la vivencia plena de la Ley nos lleve a la vivencia plena de nuestra vida, de nuestro ser, de nuestra persona. Si somos hijos de Dios, y no sólo porque nos llamamos, si no porque lo somos, entonces tendremos que parecernos a nuestro Padre Celestial.
Claro que la perfección que nos pide Jesús no es una perfección intelectual, no es una perfección del sin-pecado, sino que es una perfección en el Amor, porque la vivencia heroica del amor es lo que nos salvará y nos llevará a la santidad.
Cuando hacemos nuestro examen de conciencia, la más de las veces, nos encontraremos repasando los mandamientos y si nos acordamos alguna que otra obra de caridad o misericordia, o algún precepto de la Iglesia. Pero esas prescripciones, se podría decir, que cuando llevamos una vida "normal" las cumplimos casi todas. Sobre todo cuando no ahondamos en la vivencia, sino que nos limitamos al cumplimiento de la Ley: "padre, yo no robo ni mato... no tengo pecado".
Y, Jesús nos pide que miremos más en lo hondo del corazón, o, mejor dicho, en el centro del corazón: en el Amor. Por que una persona sin fe, o alguien que ha rechazado a Dios, o que niega a Dios, también puede "no matar, ni robar", también puede ser bueno: "eso también lo hacen los pecadores y publicanos", dice Jesús.
A nosotros se nos exige más porque se nos ha dado más, Jesús nos entregó su Vida en la Cruz y nos la da, cada día, en la Eucaristía, para que alcancemos la perfección en el amor, para que alcancemos una vida santa. ¿El camino? Vivir en la Voluntad de Dios, no conformarnos con "soy bueno", si no analizar nuestra vida desde el Himno a la Caridad de San Pablo a los Corintios, de descubrir que, aún, en el Camino del Amor podemos ajustar un poco más nuestras exigencias cotidianos, porque el Reino de los Cielos no se construye cumpliendo normas, sino viviendo "en la tierra como en el Cielo".

lunes, 15 de junio de 2015

No despreciemos la Gracia de Dios

Comenzamos una nueva semana, un nuevo día, y San Pablo nos anima diciéndonos:
Hermanos:
Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice:
«En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación".
"Ahora es día de salvación", es un ahora que es continuo, que es siempre, que es cada día, porque cada día amanecemos a la vida y a la vida le damos Vida si vivimos en la Gracia de Dios, por eso no desaprovechemos las oportunidades de llenar nuestros corazones del Espíritu Santo y salir a la vida con la alegría de la Vida de Dios en nuestra vida.
¿Por qué "no echar en saco roto la gracia de Dios"? Porque no nos damos cuenta todo lo que Dios ha realizado en nuestras vidas, todo lo que Él ha ido preparando a lo largo de los siglos para que nosotros tengamos los bienes necesarios y suficientes para alcanzar la plenitud que anhelamos, para ser con nuestras vidas constructores de un nuevo hombre, para que compartamos con Jesús la alegría de ser Hijos de Dios, para que llevemos Luz en la oscuridad, Sal y sabor ante la mediocridad, y seamos el Fermento necesario para que hagamos crecer el Amor a Dios entre los hombres.
Sabemos que el caminar de los hijos de Dios en un mundo que quiere vivir en las tinieblas será difícil, que impedirán que vivamos lo que creemos, por eso el Señor nos dice: "Yo, en cambio, os digo: No hagáis frente al que os agravia. Al contrario, si uno te abofetea en la mejilla derecha, preséntale la otra".
No debemos preocuparnos por lo que los demás digan o nos hagan por ser querer ser Fieles a la Vida que queremos vivir, sino debemos ocuparnos en no despreciar la Gracia de Dios para vivir en Fidelidad. Claro que muchos querrán que no vayamos hablemos, que no digamos, que no exhortemos, que no descubramos al verdad, el camino y la vida. Somos hijos de Dios que queremos vivir nuestra misión, por eso como el Hijo de Dios también sabemos defender lo que amamos, lo que es nuestra Vida y lo que tiene sentido para nosotros. Por eso hablamos, vivimos y exhortamos, con humildad, con paciencia, con amor.
La Gracia de Dios ha sido derramada en nuestros corazones para que cada día que comienza, comience una nueva etapa en nuestra vida de Fidelidad, no la despreciemos, dejemos que el Señor sólo nos conduzca, que el Señor guíe nuestros pasos y nos de las palabras para iluminar la vida de los que están a nuestro lado, para iluminar nuestras vidas y ser instrumentos en sus manos para anunciar la Buena Noticia a los que la necesiten oír.

domingo, 14 de junio de 2015

Sembradores de Dios en el mundo

"En aquel tiempo, Jesús dijo a la multitud: "El Reino de Dios se parece a lo que sucede cuando un hombre siembra la semilla en la tierra: que pasan las noches y los días, y sin que él sepa cómo, la semilla germina y crece..."
En esta parábola Jesús hace referencia a Dios Padre como el sembrador, pero Él, Jesús, nos llamó a nosotros, también, para ser sembradores de la Palabra de Dios, sembradores del Reino de Dios que habita en nosotros, sembradores en el mundo de una Vida Nueva para que de frutos nuevos.
Y ¿dónde tenemos esa cantidad de semilla nueva? En nuestro corazón, pues en el corazón el Señor ha derramado el Espíritu Santo que produce en nosotros frutos nuevos, simiente nueva y "de la abundancia del corazón del corazón hablan los labios". Así cuando hablamos, cuanto hacemos son semillas que caen en en la tierra del mundo y comienzan a germinar y a dar frutos nuevos.
Sí, cada día de nuestra vida y en cada hora estamos sembrando algo: si estamos alegres sembramos alegría, con esperanza esperanza, si estamos tristes sembraremos tristezas, si nos levantamos con mal ánimo sembraremos tormentas, si guardamos rencores en nuestro corazón sembraremos oscuridades en el mundo. Aunque no seamos conscientes de que somos sembradores, sembramos en cada momento.
Por eso el Señor nos pide que estemos siempre en armonía con el Espíritu Santo, que le dejemos al Espíritu que llene nuestro corazón y nos anime cada día, queme en nuestro corazón aquello que nos llena de rencores, envidias, celos, rivalidades, tristezas, desesperanzas, y nos ayude a transformar todo lo malo y duro que haya en frutos nuevos del espíritu: alegría, gozo, paz, esperanza, verdad, fortaleza, justicia, para que lo que sembremos cada día sean semillas nuevas que den frutos nuevos.
No dejemos que la mala simiente del mundo, que las malas influencias del Príncipe de este mundo infecte nuestro corazón, sino que dejemos que el fuego del Espíritu mantenga siempre encendida la llama del Amor Primero para que nuestra vida sea siempre un granero de buena semilla, y seamos así sembradores del Reino de Dios por donde el Señor nos lleve.

sábado, 13 de junio de 2015

Imitar a la Madre

"Pero ellos no comprendieron lo que quería decir. Él bajó con ellos a Nazaret y siguió bajo su autoridad. Su madre conservaba todo esto en su corazón".
Siempre que hay una gran solemnidad del Hijo, al día siguiente celebramos un hermoso día de la Madre: ayer fue el Sagrado Corazón de Jesús, hoy el Inmaculado Corazón de María. Dos días que nos hablan de aquello que hay guardado en el corazón de los Hijos del Padre: el Amor Infinito del Padre en el Hijo, el Amor Hermoso de la Madre. Dos Amores que  han sido derramados también en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Dos Amores que tenemos que seguir conservando y purificando constantemente para que también nosotros podamos derramarlo en los corazones de nuestros hermanos. Porque lo que "gratis se nos ha dado, gratis hemos de darlo", y sabemos que lo que el Padre nos ha regalado es para iluminar, salar y fermentar la vida del mundo. Y no hay mejor regalo de nuestra vida al mundo que el Amor que fue derramado en nuestros corazones.
Hoy, leyendo al Lectura de las Horas me encontré con este hermoso texto de San Lorenzo Justiniani, hablando de María:
"Porque en esto consisten los progresos de la gracia divina, en elevar desde lo más humilde hasta lo más excelso y en ir transformando de resplandor en resplandor. Bienaventurada el alma de la Virgen que, guiada por el magisterio del Espíritu que habitaba en ella, se sometía siempre y en todo a las exigencias de la Palabra de Dios.
Ella no se dejaba llevar por su propio instinto o juicio, sino que su actuación exterior correspondía siempre a las insinuaciones internas de la sabiduría que nace de la fe".
Y finaliza diciendo "imítala tú, alma fiel". Siempre la vida de la madre ha sido una vida a imitar, porque todos llevamos en nuestra vida rasgos de nuestras madres, gestos de nuestros padres que nos han marcado e identificado con ellos. Por eso siempre miremos a Nuestra Madre, y cuando no comprendamos algo, como Ella "conservemos todo en el corazón", pues es en el silencio del corazón donde el Espíritu de Dios nos ayuda a aceptar, comprender, fortalecer y transformar todo lo que vivimos en Gracia, en Sabiduría para que como María podamos seguir el Camino que Él nos pedido recorrer y al que hemos respondido, como Ella: "He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra".

viernes, 12 de junio de 2015

Sólo el amor trasciendo todo y da vida en abundancia

Hoy es muy común ver a muchos cristianos buscar respuestas en otras religiones o filosofías, sin darse cuenta que la respuesta a todas nuestras preguntas están ocultas en un sólo lugar: el Sagrado Corazón de Jesús, por en Él está todo el Amor y la Luz que necesitamos para llenar nuestra vida de sentido y hacer que "su alegría esté en nosotros y nuestra alegría alcance su plenitud".
Así nos los dice San Pablo:
"Por esta razón, doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano.
Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios".
Para muchos la vida del cristiano son simples normas prohibitivas que nos impiden vivir en libertad, que nos esclavizan bajos doctrinas antiguas y disposiciones creadas por curas, sin poder llegar a descubrir que nuestra vida está llena de Vida y Luz, porque es una Vida que se funda en el más profundo, eterno y real Amor que jamás hayamos podido ver y experimentar: el Amor de Dios. Un Amor que se hace realidad en la Cruz, y que se manifiesta en cada uno de los santos llamados por Él a la vida, y a quienes les ha dado el Espíritu Santo el día del bautismo.
Y no me refiero a los santos como aquellos a quienes rezamos cada día y vemos en los altares de las Iglesias, sino que, como se llama y nos llama San Pablo, los santos somos todos los que pertenecemos al Pueblo Santo de Dios, al Pueblo que es sostenido por el aliento divino del Espíritu Santo: la Iglesia, la comunidad de cristianos que formamos el Cuerpo Místico de Cristo.
Hoy es un día perfecto para poder descubrir ese caudal de Gracia, que es Amor y Luz, que brota sin medida del Corazón de Jesús y quiere purificar, iluminar y encender nuestros corazones en un deseo incondicional de fidelidad a la Voluntad del Padre, en un deseo incondicional de llevar al mundo el gozo perfecto de sabernos sus hijos, el gozo perfecto de haber encontrado en Su Corazón el Camino que nos lleva a la plenitud de nuestra vida, porque nos nutre con el Amor Verdadero que da sentido a todo lo que vamos viviendo y nos enciende en deseos de santidad.
Hoy es un día perfecto para purificar nuestro corazón con las Gracias que brotan del Corazón de Jesús, para que libre de nuestros pecados, imperfecciones, rencores, egoísmos, vanidades y todo aquello que se nos ha pegado del Príncipe de este mundo, podamos ser también nosotros mostrar que "el amor cristiano trasciendo toda filosofía" y es, sin excepción, el motor necesario y suficiente para encontrar el sentido y la plenitud de nuestra vida.
¡Sagrado Corazón de Jesús! En Vos confío.

jueves, 11 de junio de 2015

Hombres de bien, apóstoles del Señor

En los Hechos de los apóstoles de hoy leemos sobre Bernabé:
"...enviaron a Bernabé a Antioquía; al llegar y ver la acción de la gracia de Dios, se alegró mucho, y exhortó a todos a seguir unidos al Señor con todo empeño; como era hombre de bien, lleno de Espíritu Santo y de fe, una multitud considerable se adhirió al Señor".
Nos presenta a Bernabé no sólo como un hombre de bien, sino como un instrumento del Espíritu Santo por medio del cual "una multitud considerable se adhirió al Señor", haciéndonos ver que nuestra vida de fe no es sólo para nosotros, sino que es para los demás: desde que el Espíritu Santo desciende a nosotros en el Bautismo somos enviados al mundo para anunciar la Buena Noticia.
Muchas veces nos encontramos con cristianos que sólo piensan en su propia persona, en seguir a Cristo sólo para estar bien, para "tener a Dios en su bolsillo", para las cosas que necesito, para poder salvarme. Pero no se dan cuenta que al ser cristianos somos instrumentos del Espíritu Santo para llevar la Buena Noticia a otros que buscan la salvación.
Nos cerramos en nuestras propias necesidades, que es cierto que pueden llegar a ser muchas, pero son esas mismas necesidades las que no nos dejan ver que hay otras muchas cosas que dan mayores alegrías, que dan seguridad, que si me abro a los demás puedo encontrar lo que necesito sin siquiera salir a buscarlo, porque al ir entregando de lo mío el Señor tiene espacio para llenar mi vida de lo que necesito, pero si no entrego nada de lo mío nunca habrá espacio para que la Gracia llegue a mí.
Por eso Jesús en el Evangelio nos dice:
«ld y proclamad que el reino de los cielos está cerca. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, echad demonios.
Lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis".
Porque todo lo hemos recibido gratis ¿qué es nuestro? ¿Qué nos vamos a llevar el día en que el Señor nos llame para el Encuentro Final? Vamos toda la vida acumulando tesoros en la tierra ¿para qué? Y no sólo hablo de los bienes materiales, sino, sobre todo de los bienes espirituales: la alegría, la paz, la esperanza, el amor, el consuelo, la verdad, la solidaridad, la confianza, el saber escuchar, el saber consolar, el estar cerca, el acompañar, el abrazar, el sonreír, el saludar... ¡hay tantas cosas que hablan de la bondad del corazón!
Pero este mundo egoísta y egocéntrico nos hace vivir pendientes de nosotros mismos, mirándonos siempre nuestro propio ombligo lo que nos hace estar temerosos de lo que nos vaya a pasar, de lo que vayamos a perder, de lo que nos pueden robar, quitar o traicionar.
Por eso, cuando abrimos nuestro corazón al Espíritu Santo y dejamos que Él nos lleve y nos guíe será Él quien nos cubra, quien nos proteja, quien nos vaya sosteniendo y "devolviendo" todo aquello que vamos entregando, dándonos así seguridad, consuelo, alegría, gozo y ¡tantos y tantas cosas que jamás podríamos soñar ni esperar!
No permitamos que el egoísmo del mundo nos impida vivir la alegría de la pobreza espiritual que nos lleva a anunciar con gozo el sabernos amados y llamados por Aquél que nos entregó su Vida para que, no sólo nosotros tuviéramos vida, sino para que seamos nosotros quienes mostremos al mundo la Vida Verdadera.

miércoles, 10 de junio de 2015

Vivir el Espíritu es nuestro tesoro

"Esta confianza con Dios la tenemos por Cristo.
No es que por nosotros mismos estemos capacitados para apuntarnos algo, como realización nuestra; nuestra capacidad nos viene de Dios, que nos ha capacitado para ser ministros de una alianza nueva: no de código escrito, sino de espíritu; porque la ley escrita mata, el Espíritu da vida".
Al leer estas palabras de San Pablo podríamos pensar que está despreciando y anulando la Ley de Moisés. Y, en parte San Pablo lo vive así: como desprecio a la Ley porque no vivía la Ley, sino que cumplía la Ley, pero más que cumplir la Ley cumplía con las prescripciones de la Ley. Las prescripciones de la Ley que habían escrito, como les recriminaba Jesús, lo que les permitían era no cumplir con la Ley, porque llegaba un momento en que tantas prescripciones los llevaban a desobedecer los mandamientos de Dios.
Claro que cuando se pusieron a querer matar a Jesús una de las acusaciones era que Jesús quería abolir la Ley, por eso les responde:
-«No creáis que he venido a abolir la Ley y los profetas: no he venido a abolir, sino a dar plenitud".
Y a esta plenitud se refiere San Pablo, porque no es cumplir la Ley sino vivir el Espíritu, porque es el Espíritu quien nos lleva a la plenitud de los mandamientos, nos lleva a la plenitud de la vida de los hijos de Dios, porque el Espíritu es Vida y no la letra de la ley.
Por eso, cuando escuchas de labios de cristianos que creen o esperan que este Papa o que otros puedan modificar los Mandamientos, o cuando dicen que lo que Dios nos pide vivir en el Evangelio ya está caduco, se olvidan de las Palabras de Jesús, que es Palabra de Dios:
"Os aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la Ley.
El que se salte uno solo de los preceptos menos importantes, y se lo enseñe así a los hombres será el menos importante en el reino de los cielos.
Pero quien los cumpla y enseñe será grande en el reino de los cielos. »
¿Acaso los padres no enseñan a los hijos lo que los abuelos le enseñaron a ellos? ¿Acaso lo que nos enseñaron nuestros padres acerca de cómo vivir, de los límites que nos pusieron, de cómo ser como hijos, como personas no lo enseñan hoy los nuevos padres?
Hay cosas que no caducan. Hay "leyes de vida", valores humanos que permanecen, aunque quieran destruirlos y sabemos, por cómo va desarrollándose el mundo que cuando se dejan de vivir los valores humanos el hombre pierde valor y pierde vida.
No dejemos que los valores del mundo nos modifiquen los valores evangélicos, pueden ser tener más brillo pero son baratijas que pierden fácilmente su valor. Nosotros hemos encontrado un gran tesoro y tenemos que conservarlo, pues al Vida que nos ha dado el Señor es la Vida Verdadera y será la que de Vida Nueva al mundo.

lunes, 8 de junio de 2015

El cristiano necesita grandeza de alma

Juntos a las lecturas de hoy, me ha gustado mucho un párrafo de la carta de San Ignacio de Antioquía a los romanos:
"Lo único que para mí habéis de pedir es que tenga fortaleza interior y exterior, para que no sólo hable, sino que esté también interiormente decidido, a fin de que sea cristiano no sólo de nombre, sino también de hecho. Si me porto como cristiano, tendré también derecho a este nombre y, entonces, seré de verdad fiel a Cristo, cuando haya desaparecido ya del mundo. Nada es bueno sólo por lo que aparece al exterior. El mismo Jesucristo, nuestro Dios, ahora que está con su Padre, es cuando mejor se manifiesta. Lo que necesita el cristianismo, cuando es odiado por el mundo, no son palabras persuasivas, sino grandeza de alma".
Parece como si la carta fuera escrita en estos días y, en cambio, ha sido escrita hace casi 2000 años, pero no pierde vigencia en la vivencia de la fe, y en la entrega que nos exige cada día.
Porque las Bienaventuranzas que nos ofrece hoy el Señor no son el Buen Vivir que el mundo nos propone, sino la Vida Nueva que Jesús adquirió para nosotros y ¡a qué precio! Pero esa Vida Nueva no es la vida que el mundo desea, y a la que nos vamos acostumbrando. Aunque sabemos que no todo es nuestra vida de fe son espinas, pero tampoco son rosas, nos dejamos conducir por la Voluntad de Dios para que el Padre nos guíe por el Camino mejor para nuestra vida.
Las Bienaventuranzas nos permiten asumir el Camino de Jesús con una mirada nueva, con una mirada con mayor altitud que la mirada del mundo. Está claro que no buscamos el sufrir, pero si el sufrir es el camino sabemos que tendremos la fuerza del Espíritu para recorrerlo, porque Aquél que me dio la Vida lo recorrió primero y nos ha dado muestras que nuestro final no está en la Cruz sino en la Resurrección.
Porque, como le dice San Pablo a los Corintios:
"Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo.
Si nos toca luchar, es para vuestro aliento y salvación; si recibimos aliento, es para comunicaros un aliento con el que podáis aguantar los mismos sufrimientos que padecemos nosotros.
Nos dais firmes motivos de esperanza, pues sabemos que si sois compañeros en el sufrir, también lo sois en el buen ánimo".
En los momentos más oscuros, y en las tormentas muy fuertes es cuando más nos tenemos que encontrar con el Señor pues es Él el único que puede guiarnos y fortalecernos en los momentos de mayor agobio y angustia, para que no perdamos la esperanza ni la alegría de seguir andando, de seguir luchando, porque hemos puesto nuestra vida y esperanza en aquél que puede Salvarnos.

domingo, 7 de junio de 2015

Jesús es nuestra vida, somos su Cuerpo

Cuando leemos el relato de la Última Cena, creo, que, muchas veces, nos imaginamos estar en ese lugar, en esa habitación; quisiéramos compartir con los discípulos y Jesús ese momento tan especial y maravilloso: el momento en que nuestro Hermano, nuestro Dios, con amor y con compasión, quiere quedarse como alimento Verdadero para fortalecer nuestra Fe, Esperanza y Caridad.
Cuando llegas (como he tenido la oportunidad de hacerlo hace un par de años) a lo que es el Cenáculo en Jerusalén, te encuentras con una habitación plagada de gente, haciendo fotos y, quizás, para muchos, sin tener un momento de oración, de atención, de volver a imaginarse lo que ocurrió en ese lugar. Es difícil poder abstraerse de semejante movimiento...
Y es muy diferente la sensación y el sentimiento cuando, cada día, celebro la Eucaristía, porque se que en ese momento en mi persona (como en la persona de cualquier sacerdote) está, una vez más, Jesús celebrando la Última con sus discípulos. En ese lugar, en ese altar, en ese templo estamos viviendo la Última Cena, se está produciendo el hermoso y maravilloso milagro de Amor de un Dios, hecho Hombre y Hermano mío, que se entrega todo por Amor a mí.
Y este es el milagro que hoy celebramos con la Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo: un milagro de Amor por mí, por tí, por nosotros. El milagro de ver cuánto necesitábamos re-encontrarnos con el Padre que el Hijo se entregó a sí mismo como Víctima de oblación para reconciliarnos y darnos Vida Nueva. Y, conociendo nuestra debilidad se hizo Pan y Vino para alimentar, cada día, nuestra vida de fe, nuestro amor con el Padre y con nuestros hermanos, nuestra esperanza de ser constructores de un Hombre Nuevo.
Pero, además, celebramos el misterio de que nosotros, cada uno de nosotros, desde el día de nuestro bautismo, somos parte de Él, de Su Cuerpo Místico, somos el Cuerpo Místico de Cristo y unidos en la Fe, la Esperanza y el Amor, somos imagen de Cristo en el mundo: "que Ellos sean Uno Padre, como Tú y Yo, para que el mundo crea". Somos, como Cuerpo Místico de Cristo, instrumento de salvación para los hombres: "los paganos decían ¡miren como se aman!, y Dios enviaba a esa comunidad a los habían de salvarse".
Hoy, y cada día, es el día de volver a apreciar lo que somos, de volver a apreciar lo que se nos ha dado, de volver a apreciar a qué se nos ha llamado. Somos hijos de Dios, miembros del Cuerpo Místico de Cristo, porque se nos ha dado una vida nueva gracias a la entrega del Hijo Único de Dios, por obediencia al Padre hasta la muerte y muerte de Cruz, y ese Hijo nos ha dado no sólo su vida en la Cruz sino que nos la da cada día en la Eucaristía, para que tengamos la disponibilidad y la fortaleza suficiente para vivir nuestra Fidelidad al llamado del Padre a ser santos y la misión que nos ha dado el Hijo de llevar la Buena Noticia a todos los hombres hasta el confín del mundo.

sábado, 6 de junio de 2015

Somos o no somos de Dios?

En un simple texto como el de hoy, Jesús nos enseña a mirar los grandes defectos y pecados del hombre, y la grandeza de la virtud: la riqueza y la soberbia frente a la pobreza y la humildad. Claro que las cuatro y muchas más habitan en el corazón del hombre. Sí, en nuestro corazón cohabitan el pecado y la gracia, la virtud y el defecto; y es nuestro trabajo poder darle hacer que unos reluzcan y otros desaparezcan, o, por lo menos no los cultivemos.
Jesús en este evangelio manifiesta no la riqueza material de los escribas y fariseos, sino la riqueza intelectual que les lleva a la soberbia, al querer mostrarse como mejores que los demás, estar varios escalones encima de todos y desde ahí poder señalar con sus dedos acusadores, y, sobre todo, erigirse como modelos y señores de la verdad. Por eso, en algún momento Jesús le dice a la gente: "haced lo que ellos dicen, pero no lo que ellos hacen", porque anuncian con sinceridad la Palabra de Dios, leen a los Profetas y a Moisés, pero no llevan a la práctica la misericordia y la justicia de Dios, sino que se revisten de su soberbia y vanidad mostrándose como los mejores y no lo son.
Frente a esta realidad, surge esta mirada hacia los que ofrecen sus bienes en el templo. Es una mirada simple de Jesús que busca, en todo momento, una enseñanza: los ricos dan de lo que les sobra, en cambio la viuda dio lo único que tenía. ¿Hay que dar todo y quedarse sin nada? sería una pregunta lógica. Dios quiere que todos seamos pobres materialmente. No, no es esa la idea de Dios, ni de Jesús. Sino que quiere hacer referencia al desprendimiento, al desasimiento de nosotros mismos a la hora de ofrecernos a Dios: "quien quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo". ¿Qué le ofrecemos a Dios de nuestra vida? nos preguntamos habitualmente: ¿una hora? ¿unos minutos? Sin embargo, le tendríamos que ofrecer toda nuestra vida, porque nuestra vida es de Él y a Él volveremos, pero sin embargo, siempre nos preguntamos ¿qué lugar ocupa Dios en nuestra vida?
No tiene que ocupar ningún lugar Dios en nuestra vida, porque nuestra vida, como cristianos, es toda de Dios: "en Dios vivimos, nos movemos y existimos".
La sabiduría del espíritu nos hace pensar en esta realidad: ¿somos o no somos de Dios?, ¿nos mostramos como cristianos llevando nuestros signos (cruces, rosarios...) pero no le damos a Él nuestra vida? ¿Somos como los fariseos que nos gusta mostrarnos o somos como la viuda que le hemos entregado todo al Señor?

viernes, 5 de junio de 2015

Hombres Nuevos que renueven el mundo

Hoy me quedo con un párrafo de las Cartas de San Bonifacio:
"No seamos perros mudos, no seamos centinelas silenciosos, no seamos mercenarios que huyen del lobo, sino pastores solícitos que vigilan sobre el rebaño de Cristo, anunciando el designio de Dios a los grandes y a los pequeños, a los ricos y a los pobres, a los hombres de toda condición y de toda edad, en la medida en que Dios nos dé fuerzas, a tiempo y a destiempo, tal como lo escribió san Gregorio en su libro de los pastores de la Iglesia".
Vivimos en un tiempo de tinieblas y oscuridades, donde todo vale y todo es posible, porque tengo el derecho y la libertad de hacer lo que quiero y lo que tengo ganas. Donde todos tienen el derecho de la libertad de expresión, pero no nadie puede decir nada que vaya contra mi libertad de expresión. Un contradicción enorme si las hay.
Muchos enarbolan la bandera de la verdad y les gusta vocear la verdad de norte a sur, y de este a oeste, a tiempo y a destiempo; pero ¡tened cuidado aquellos que quieran decir algo en contra de esa verdad! Nadie puede ir contra la verdad de los que se creen con derecho a decirla.
Hoy vivimos manifestándonos en contra de la violencia contra los niños, contra las mujeres, contra los varones; pero sin embargo los programas de mayor audiencia en las televisiones de los países son los que más denigran a las mujeres, a los varones y hacen vivir un mundo irreal a los niños, en donde todo vale, y donde el insulto, la calumnia y el desprestigio de las personas es el pan cotidiano.
Sí, está muy bien la libertad de expresión. Está muy bien gritar la verdad. Están muy bien las manifestaciones en contra de la violencia. Pero ¿no tendríamos que ser más coherentes entre lo que manifestamos, gritamos y custodiamos y lo que vivimos?
¿Mi verdad es la Verdad? ¿Si yo tengo derechos no los tiene también el que está a mi lado y piensa diferente? ¿No soy causante muchas veces de violencia, de denigrar al otro, de aprobar los malos actos con mi silencio?
En un mundo en tinieblas los que ganan son los que siguen sembrando tinieblas, los que ganan son los que nos confunden, los que nos oprimen con sus derechos y nos obligan a no ejercer los nuestros.
Comencemos a creer que los cristianos hemos sido llamados a ser luz del mundo, no porque seamos la Luz sino porque queremos vivir en la Luz y tenemos el Espíritu que nos da Su Luz. Hemos sido llamados a ser sal en el mundo para evitar que se pudra la Verdad, que se denigre y se pierda la Vida. Por que sabemos cuál es el Camino que el hombre tiene que recorrer para vivir en la plenitud ansiada, para poder construir un Hombre Nuevo que viva Verdaderos Valores Humanos que lo construyan, que le restituyan la belleza original de su ser. Hombres Nuevos que no se dejen vencer por el que tiene más voz, sino que sean la Voz de los que no la tienen o no lo dejan hablar.
Pero, sobre todo, Hombres Nuevos que viven una Vida Nueva porque han sido llamados por Cristo a la Vida Nueva en el Espíritu Santo.

jueves, 4 de junio de 2015

¿Estamos cerca del Reino de Dios?

"Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:
-«No estás lejos del reino de Dios.»
¿Cuál es la distancia que nos separa del Reino de Dios? ¿Lo podemos medir? ¿Podemos decir que estamos más lejos o más cerca? No, no hay una medida, pero sí una distancia y la distancia es marcada por el amor, porque el Reino de Dios es un Reino de Amor, cuanto más vivamos el Amor a Dios y a los hermanos, más cerca del Reino de Dios estaremos, cuando no más lejos estaremos.
Por que el Reino de Dios no es un reino cargado de leyes a cumplir, sino que es un reino de Vida, es una vida a vivir: el reino de los cielos a llegado a vosotros, está en vosotros.
Si los primeros mandamientos de la Ley son los más importantes para nuestra vida de fe, ¿quiere decir que los otros no los tenemos que tener en cuenta? ¿Que no es necesario pensarlos o intentar vivirlos? No, son todos necesarios y todos y cada uno nos señala el Camino a recorrer, pero si tenemos en cuenta como primordial a los dos primeros, los otros no tendremos los viviremos sin problemas, por que el amor supera a todos los demás.
Ahora, si nuestro amor no es más grande que el de los fariseos y escribas, entonces, seguro, que no llegaremos a vivir los otros mandamientos plenamente, porque nuestro amor no será universal como el de Jesús por nosotros, sino que será un amor pobre de amar sólo a quienes nos aman.
Sí, porque a estos dos mandamientos Jesús les dio una vuelta más en la noche de la Última Cena: "un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros como Yo os amé". No es que modifica o cambia la Ley de Moisés: "no he venido a abolir la Ley, sino a darle plenitud" y la plenitud de la Ley es el Amor total y universal, obediente y entregado del Hijo a Su Padre por amor a sus hermanos.
Cuando descubramos que aún nos queda mucho camino por recorrer en la Vida del Amor, nos vamos a dar cuenta que, realmente, el Reino de Dios, por ahora es una apariencia en nuestras vidas, Pero cuando descubramos lo que nos falta por vivir y queramos vivirlo, será entonces cuando estemos más cerca de llegar. Por que para alcanzarlo sólo basta con decidirnos a vivir en disponibilidad a la Voluntad de Dios, en disponibilidad para Amar por encima de todo y de todos, por que nosotros sólo tenemos la capacidad de decidirnos a vivir, y Dios tiene la Gracia para que alcancemos la meta. Pero el primer paso hacia la heroicidad de las virtudes lo tengo que dar yo, sin miedo al esfuerzo de la renuncia a mí mismo, confiando en Su Gracia y en Su Amor que siempre viene en nuestra ayuda, por el Espíritu que se nos ha dado.
Sí, alcanzar el Reino de Dios implica vivir heroicamente las virtudes de fe, esperanza y amor, pero también la prudencia, la justicia, la fortaleza, la templanza y todo aquello que se desprenda de ellas.

miércoles, 3 de junio de 2015

Cirineos para los que sufren

Recién leía del Libro de Job la disertación de Elihú sobre el misterio de Dios, que dice:
"Protesto: en eso no tienes razón, porque Dios es más grande que el hombre. ¿Cómo te atreves a acusarlo de que no contesta a ninguna de tus razones? Dios sabe hablar de un modo o de otro, y uno no lo advierte: en sueños o visiones nocturnas, cuando el letargo cae sobre el hombre que está durmiendo en su cama, entonces le abre el oído y lo aterroriza con sus avisos, para apartarlo de sus malas acciones y protegerlo de la soberbia, para impedirle caer en la fosa y cruzar la frontera de la muerte".
Traje éste párrafo a colación porque como Tobías y Sara, Job también se encontró en un momento en un foso sin luz, sin esperanza, angustiado, cubierto de insultos y maldiciones, situaciones que le llevaron a no querer ya más vivir, y a no entender el por qué de lo que estaba viviendo.
Hay muchos, o somos muchos, lo que viven estas situaciones, los que no encuentran respuestas a sus penas y pesares, y cada día se hunden más en la oscuridad de la angustia y el dolor. ¿Cuál es la respuesta? No hay una respuesta general, ni un antídoto para no sentir penas ni tristezas, pero sí somos nosotros quienes podemos llevar un poco más de luz, esperanza y calma a los corazones de nuestros hermanos.
Tanto Job como Tobías y Sara tuvieron en el camino no sólo pesares, sino, sobre todo gente que les hacía más dura la carga, que les imponían cargas más pesadas para hacer más difícil su camino. Pero siempre y en todo momento surge alguien que viene a traerles Luz. Elihú pone una cuota de esperanza y luz en la vida de Job, le ayuda a buscar la esperanza en ese Dios que lo llamó a la vida y que le dio todo aquello que tiene, pero que tiene que saber escuchar, que aprender a buscar en Su Palabra las palabras que le abran el camino para llegar a la esperanza y a la paz.
¿Por qué cargar los hombres de nuestros hermanos con pesares cuando podemos llevar luz y esperanza, y acompañarlos y, como Simón de Cirene, ayudarlos a cargar sus cruces?
¿O seremos como aquellos que se ríen de sus pesares y dolores y afligen al afligido con más insultos y agobios para poder disfrutar con sus angustias?
Siempre podremos llevar un poco de paz, un poco de luz, un poco de esperanza a la vida de aquellos que creen haberlo perdido todo, porque todo ello está en el corazón que ama, en el corazón que tiene a Dios por Señor y Padre, en el corazón de quién se compadece de su hermano. Y aunque no podamos decir ni una palabra siempre estará nuestro hombro para ayudar a sostener el peso de sus cargas.

martes, 2 de junio de 2015

Dejarnos iluminar para ser luz

Cuando el dolor nos oprime, o cuando la angustia, la fatiga o cualquier otra circunstancia nos tiene agobiados, pareciera como que todo se nos nubla, no sólo la vista pierde su luz, como en el caso de Tobías, sino que todo se nos torna más oscuro. En esa oscuridad se hace la vida muy cuesta arriba y nuestro juicio, aunque seamos la más noble de las personas puede llegar a ser equivocado. En ese momento cuesta mucho abrir el corazón a la luz de los demás y por eso nuestros juicios y argumentos pueden llegar a no ser sólo equivocados sino también injustos.
Por eso Jesús nos dice: "cuando estéis afligidos y agobiados venid a Mí". Tenemos que tener la capacidad de darnos cuenta que necesitamos que alguien nos libere de esas oscuridad, opresiones, agobios, pero sobre todo saber en qué momento no podemos dejarnos guiar por nuestros juicios, porque no son del todo ciertos justos.
¿Qué es lo que nos ayuda a saber si estamos en lo cierto o no? La humildad de estar siempre abiertos a la palabra de mi hermano; el saber que puede ser que yo no tenga toda la verdad o que sólo haya percibido una parte de la verdad y que el resto lo haya inventado o lo hayan inventado. La humildad, es decir la capacidad de saber que no soy el dueño de la verdad y que por eso puede ser que no tenga toda la verdad, es lo que me ayudará a ver con más claridad, me aportará más datos para saber, para juzgar y para decidir.
Fijaos que en el Evangelio Jesús le hace mirar a los que lo venían a "cuestionar" las dos caras de la moneda, pues en esa moneda estaba la "verdad" que ellos buscaban, porque no buscaban que Jesús los iluminara sobre el pago de los impuestos, sino que venían a ver si podían descubrir el error o alguna causa justa para condenarlo. Jesús conociendo sus pensamientos les respondió con lo que tenían que escuchar y no con lo que querían escuchar:
"Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".
No deis más vueltas, las cosas son claras aunque nos quieran confundir, no se puede servir a dos señores. Ese servicio a dos señores es el que nos quita la paz y la entrega, pues la infidelidad a uno es infidelidad a los dos: "o estáis conmigo o contra mí, o juntáis conmigo o desparramáis... que tu Sí sea Sí y que tu No sea No..."
Como cristianos, hijos de Dios, cada día tomamos una decisión: somos Fieles a Dios o no lo somos, o vivimos con Él o sin Él. Los tiempos que estamos viviendo nos exigen respuestas claras y concretas, ya hay suficiente tinieblas en el mundo, como para que los hijos de la Luz no iluminen lo suficiente.

lunes, 1 de junio de 2015

Nuestra piedra angular

"¿No habéis leído aquel texto: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"?»
Todos los días estamos desechando cosas, a cada momento hay algo en nuestra vida que no nos sirve, que le damos de baja, ya sean cosas, situaciones, personas. En el Facebook decimos que hacemos limpieza de "amigos", de gente que está en nuestra vida por algo, pero no sabemos por qué, o cuando nos enteramos del por qué la desechamos porque no nos gusta que esté.
¿Cuál es nuestro criterio para desechar algo de nuestra vida? ¿No me es útil? ¿No me sirve? ¿Me molesta?
Y, al revés ¿cuándo acepto alguien en mi vida? ¿Por qué lo acepto? o ¿Para qué lo acepto?
Claro todo tiene un por qué, un para qué, y una explicación. A veces. A veces simplemente la gente entra en nuestra vida sin pedir permiso, y sin saber por qué o de dónde vino. Pero seguramente llegó por algo.
Hoy vivimos muy dependiente de las sensaciones primeras, de los primeros contactos, de los primeros disgustos. Por eso aceptamos rápidamente a alguien o lo rechazamos, porque las personas han pasado a ocupar el lugar de una cosa, de un ítem en nuestra vida. Algunos son, quizás, un simple nombre en una agenda, que, en algún momento fue importante en mi vida pero que después incorporé a otro nombre, otra actividad, y ese otro quedó relegado en el primer renglón de la página.
Seguramente que no todos los que pasan por nuestras vidas tienen la misma importancia, pero todos han llegado por algo y algo me han dejado, y es ese algo el que tengo que valorar, porque ese regalo de un hermano que llega a nuestra vida es para ayudarme a crecer, para ayudarme a ser fuerte, para ayudarme a gustar de un valor que yo no tengo y que él aporta a mi vida.
Pero también puede querer el Padre que sea yo quien para él sea importante. Pasa que en esta mentalidad egoísta que vamos conquistando día a día, todo lo califico desde mí, si me gusta, si me sirve, si me es útil, si me hace bien... y ¿no será que yo puedo darle algo a él/ella? ¿No será que Dios lo puso en mi camino para que yo lo acompañe, lo fortalezca, lo consuele, lo sostenga en la fe?
No permitamos que la rutina rígida y rápida de todos los días nos lleve a descartar de nuestras vidas a quienes Dios ha quiero situarlos a nuestro lado, no sea que alguien sea la piedra de sostén que necesito, pero por no saberlo ver, por sólo guiarme por mis criterios egoístas y vanidosos la desecho y ya después no pueda volver a encontrarla, ni me permita mi propia soberbia ir a buscarla.