Jesús les contestó:
- «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre".
Hoy cuando pensamos en la gloria de una persona no pensamos en la misma gloria que pensaba Jesús. Hoy todos buscamos el pasarlo bien, estar espléndidos, no tener contratiempos, ni enfermedades, y si es posible ganar la lotería sin comprar el billete. Las glorias mundanas existen, pero son efímeras, flor de un día que mientras dura es hermosa, pero enseguida pierde su brillo.
Tampoco Jesús quiere que pensemos que su Gloria es estar colgado de una Cruz, que su gloria es sólo "sufrir para aprender a obedecer", que su gloria es dejar que lo apedreen o escupan o coronen de espinas o lo flagelen. No, la gloria de Jesús tampoco es el dolor cotidiano.
Y, entonces ¿cuál es su gloria? "Mi alimento es hacer la Voluntad del que me envió", "no hago otra cosa que lo que he visto hacer a mi Padre", "no he venido a que me sirvan sino a servir", "no hay mayor amor que dar la vida por los hermanos" y, finalmente "amaos como Yo os he amado".
La "alcanzar la meta" diría San Pablo, esa es la Gloria de Jesús, pudo llegar hasta el final del Camino que el Padre le había pedido recorrer, no sin pasar por la noche oscura del Getsemaní o de la Cruz, para alcanzar el día glorioso de la Resurrección.
Él sabía cuándo era su Hora. Jesús tenía plena conciencia de cuándo y cómo llegaría esa Hora, y para eso se fue preparando y por eso fue anunciando y predicando. Pero no fue anunciando diariamente su hora y su pasión, sino que día a día fue dando testimonio de la Vida Nueva que alcanzaríamos gracias a que Él viviera esa hora.
Claro que nosotros no sabemos cuándo y cómo llegará nuestra hora, aunque muchos se esfuerzan buscando sus horas en los horóscopos, en el té, en los astros, entre los muertos y tantas otras cosas más, y así se pasan los días sin darse cuenta que nuestra hora es cada hora. Cada hora que vivimos es nuestra hora, pues en esta hora, como Jesús tenemos que decir que Sí a la Voluntad de Dios, en esta hora tenemos que morir a nosotros mismos y resucitar a la Vida en Cristo, porque Él es nuestra Vida, es nuestro Camino, es nuestra Verdad.
Nos pasamos los días buscando nuestra hora, y así nos perdemos vivir el día, porque cuando nos encontramos con el Padre y nos dejamos caer en Sus Manos, Él sólo nos conduce, nos lleva por el Camino que nos trae la paz, nos lleva por el Camino que nos trae la plenitud y la felicidad, porque "aunque pasemos por oscuras quebradas nada tememos porque Tú estas con nosotros". Sabemos en Quién hemos puesto nuestra confianza y a Quién le entregamos la vida, porque nuestra confianza no quedará defraudada y nuestra muerte será nueva Vida.
Esta es nuestra hora, la hora de la Vida Verdadera Caminando con Jesús, no dejes pasar tu hora, vívela como Jesús haciendo lo que Él nos enseñó, lo que Él vivió, por que Su Vida es nuestra Vida, y esa sí que es Vida Verdadera.
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