viernes, 27 de marzo de 2015

De qué lado estoy en la Semana Santa?

En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó:
- «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?»
Los judíos le contestaron:
- «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios.»
Poniéndome en el lugar de los judíos de aquella época, la de Jesús, a veces pienso que era lógico que quisieran apedrearlo, pues decía cosas que ellos no entendían, que les costaba comprender. No podían entender que ese que se había criado entre ellos fuera Dios, que fuera el Mesías tan esperado, que quisiera darles a comer su carne y tantas cosas más.
Pero sí que querían que hiciera milagros: que resucitara a los muertes, que diera vista a los ciegos, que calmara la tempestad, que multiplicara el pan, que... y que...
Queremos los milagros pero no creemos en quién los hace. Pasó hace dos mil años y sigue pasando aún hoy. Y los milagros sólo se hacen en quien tiene fe, en quien confía, en quien se pone en manos de Él.
Por eso, hoy que ya nos ponemos en clima de Semana Santa con este Viernes de Dolores, tenemos que, también, ponernos en sintonía con el protagonista de la Semana Santa: Jesús, Hombre y Dios, a quien aclamamos por los milagros que hace, pero a quien apedreamos porque nos dice lo que no queremos oír; a quien buscamos para que sea nuestro Rey y Señor, pero que no nos gusta su Ley y Su Voluntad; a quien dejamos que nos sirva a la Mesa y nos lave los pies, pero que no lo invitamos a nuestra vida para servirlo a Él y que nos limpie el alma.
Antes de comenzar el Camino hacia la Resurrección tengo que ponerme a pensar si estoy dispuesto a recorrer el Camino de la Cruz, porque nuestra vida cristiana se forjará a la Luz de la Cruz, pues en la Cruz pongo mi yo para que al morir con Cristo, pueda resucitar como hijo de Dios. Para que en cada paso de Su entrega pueda yo entregar mi vida para madurar mi amor a Dios y a mis hermanos.
Sí, antes de comenzar la Semana Santa tengo que ponerme a pensar de qué lado quiero estar si del lado de aquellos que lo seguían y clamaban por su liberación, o del lado de aquellos que se dejaron influir por los comentarios de la chusma y pidieron su muerte y, dejando libre a un delincuente dieron la muerte al Santo de Dios.
Debo pensar si cuando reciba los Ramos de Olivos voy a clamar desde el corazón por aquél que viene a liberarme del pecado o voy a liberarme de Dios para poder seguir mi propio camino.
El Camino que Dios nos propone es la Vida de Su Hijo, porque Él mismo lo dijo: Yo soy el Camino, un camino que es Vida y un camino que es muerte, pero es una muerte que nos da Vida para que nuestra vida sea perfecta, y así, unidos a su muerte, con Él resucitemos a una Vida Nueva. Pero es lógico que tengamos que recorrer todo el Camino, un Camino que nos invitará a reconocer nuestra verdad y a dar cabida a Su Verdad en nuestra vida, porque sólo Su Verdad que ilumina mi verdad me hará libre, libre para vivir como hijo de Dios, libre para dejarme llevar de Su Mano, libre para ser como María "esclavo de Su Palabra", libre para poder entregarme sin miramientos y ser un instrumento confiable en las Manos del Padre.

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