¿Por qué su gente no quería escuchar a Jesús? ¿Por qué ningún profeta es escuchado en su tierra?
Más de una vez nos ha pasado que, para muchos, somos lo mejor del mundo... hasta que decimos algo que no le gusta. A partir de ese momento ya no somos los mejores, porque no hemos dicho lo que los demás querían escuchar.
Por lo general nos gusta, como se dice habitualmente, "decir la verdad", pero, la mayoría de las veces (aunque no lo expresamos) no nos gusta escuchar la verdad que tienen que decirme.
Y es ese el fundamento del por qué no se escucha a un profeta, porque el profeta no habla de parte suya, sino que habla de parte de Dios, y Dios siempre nos va a decir lo que nos haga mejor para nuestra vida, y no lo que queramos escuchar para seguir haciendo lo que nosotros queramos.
Y menos voy a escuchar a ese profeta cuando lo he visto crecer, cuando creo conocer toda su vida, porque siempre encontraré el pelo en la leche para mostrar su error, su mala vida, sus injusticias, sus imperfecciones, todo argumento será válido para desautorizar sus palabras. Incluso, como en el caso de Jesús, esos argumentos me servirán para quitarlo del medio de mi vida.
Aunque esa persona haya sido lo mejor que me pasó en mi vida, pero ahora ya no es importante, porque señaló mi error, me mostró mi pecado y eso no lo tolero, porque yo no tengo error, y si lo tengo no me gusta que me lo muestren.
En cambio, cuando tenemos el corazón abierto y dispuesto a la humildad podemos llegar a ver en cualquier gesto, por pequeño que sea, la belleza de aquél que habla en nombre de Dios, porque necesito de Dios, necesito de Su Palabra, necesito de su cercanía, y, sobre todo, necesito, que, aunque sea duro, me indique el camino que debo seguir, el camino de la conversión para lograr así la Fidelidad a la Vida que Él me regaló y me llamó a vivir.
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