domingo, 15 de marzo de 2015

En el silencio nos revela su Infinito Amor

Nicodemo, con quien está dialogando Jesús en este evangelio, era un doctor de la Ley que lo seguía en secreto y, generalmente, los diálogos con él se realizaban cuando no había gente u otros judíos a su alrededor. Nicodemo tenía intención de conocer en profundidad a Jesús y su doctrina, aunque no comprendía intentaba creer y, para no tener presión de los demás, lo buscaba en secreto, en el silencio de la noche. En ese momento Jesús le respondía lo que él quería saber, y se lo respondía como a nadie, porque sentía la intención sincera de querer entender y aceptar esa nueva vida que Jesús le proponía.
En este diálogo íntimo Jesús nos ha dado los mejores argumentos o las noticias más maravillosas de parte de Dios, y hoy, en este Cuarto Domingo de Cuaresma nos revela lo más hermoso y grande del Padre y del Hijo:
"Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna".
Porque no sólo nos revela el infinito Amor del Padre por nosotros, sino que también nos revela el infinito Amor del Hijo por el Padre y por nosotros. Porque sólo por Amor se pueden realizar los más grandes sacrificios, como nos dice San Pablo:
"Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo - por pura gracia estáis salvados -, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con él".
Por esto hoy es el Domingo del gozo, de la alegría, no sólo por la proximidad de la Pascua, sino por lo que en la Semana Santa vamos a vivir: ¡el infinito Amor del Padre y de Jesús por cada uno de nosotros! Cada uno de los días de la Semana Santa reviviremos ese Amor, un Amor que es entrega, que es fortaleza, que es esperanza, que es gozo porque el dolor de la Cruz sólo se entiende con la Luz de la Resurrección, pues "si Jesús no hubiese resucitado vana sería nuestra fe".
En este Camino de Entrega por Amor vamos a descubrir el secreto de nuestra vida, vamos a poder percibir en cada paso de Jesús un momento de nuestra vida, porque Él vivió todo lo que nosotros hemos vivido, todo lo que viviremos, menos el pecado, y lo vivió con la mirada puesta en el Amor, porque el Amor al Padre lo hizo obediente, porque el Amor a nosotros lo hizo fuerte en la entrega, porque el Amor de la Madre lo sostuvo en la soledad. Y el Amor del Padre le dio la Vida en la muerte.
Y es ese mismo Amor el que nosotros hemos de conquistar, para que en tanta muerte a nuestro alrededor demos vida, para que en cada momento de nuestras vidas cuando las fuerzas, las alegría y las esperanzas nos flaqueen podamos volver a resucitar y ser así instrumentos de Vida para nuestros hermanos.
No miremos sólo las espinas del tallo, sino miremos la rosa que brilla y el culmen de la hermosa planta que, gracias a sus profundas raíces, transforma todo lo que encuentra en frutos de belleza y hermoso aroma de santidad.

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