sábado, 31 de diciembre de 2022

En el último día...

El último día del año siempre nos invita a hacer balance de lo que han sido estos 12 meses de vida y de entrega, de fidelidad a Dios. Pero hoy no tengo ganas de hacer balances porque no puedo poner en una báscula lo bueno y lo malo, ni tampoco puedo hacer dos columnas de ingresos y egresos, sino que tengo que abrir el corazón a Dios para dar Gracias por lo que me ha permitido vivir y por lo que ha querido que viva.
Sí, hay veces que Él permite que viva ciertas situaciones y nos da la Gracia para que podamos resolverlas de la mejor manera, sabiendo que siempre Su Misericordia cubrirá y sanará las heridas que esos momentos cuasen.
Pero hay otras veces que es Él mismo quien nos llelva a determinados lugares y situaciones, y que si nos dejamos guiar nada tenemos que hacer sino dejarnos conducir pues Él es quien se encarga de todo.
Y, por otro lado, tengo que abrir el corazón con sencillez y humildad para pedirle perdón. Perdón por todo lo que no hice y por lo que hice mal, que no son pocas cosas, sino que es la mayor parte de lo que hago por mi cuenta sin ponerme a pensar en lo que Dios quiere, en cuál es Su Voluntad, y, por eso, las cosas salen como salen, y duran lo que duran, porque no están avaladas por Su Gracia ni su Espíritu está en ellas.
Y, a la vez que pienso en mis errores y mi pecado, voy descubriendo que siempre, a pesar de todo, su Amor sigue en mí, que su Misericordia sigue acompañando mi vida y mi hacer, pues, cada día, intento ser Fiel a la Vida que Él me ha dado y que me pide que viva.
No es fácil, ni para mí ni para ningún cristiano verdadero, vivir en estos tiempo y ser completamente fiel a Dios, pues los tiempos, a veces, no nos dejan pensar en lo que Dios quiere, y nos llevan sólo a pensar qué es lo que yo quiero y cómo lo haría.
Es cierto no somos grandes pecadores, pero sí tenemos grandes omisiones cuando no lo dejamos al Señor ser el Señor de nuestras vidas. Y por eso también hay que dar Gracias, porque los errores y las faltas nos ayudan a crecer, y si todo eso lo ponemos en Sus Manos para que sea Él quien purifique, sane y convierta, todo eso se transforma en sabiduría en nuestras vidas.
Saber pedir perdón, aprender de los errores, es el mejor camino para crecer, para madurar, para confiar y, sobre todo, alcanzar la madurez de la humildad de saber que no somos quienes nos creemos, sino que simplemente estamos queriendo aprender (lo que nos va a llevar toda la vida) ser perfectos como el Padre nos soñó, pero no perfectos en lo intelecutal, sino perfectos en el amor, pues es el único singo de que, realmente, somos hijos de Dios.
Por eso y por tantas otras cosas más, por los Dones que Él nos dió, por los errores que hemos cometido, por las vitudes y los defectos, por las lágrimas y las sonrisas, por las noches oscuras y los días de sol, por los amigos y los enemigos, por los que nos quieren y por los que nos dan vuelta la cara, por los que nos felicitan y por los que ponen palos en la rueda, por los días duenos y por los malos, hoy, al final de este 2022 te doy gracias Señor, desde la pequeñez de mi vida porque sólo se que sin Tí nada sería posible, y que contigo todo se hace más liviano y llevadero porque sólo Tú eres el Señor de nuestras vidas y a Tí y en Tí todo es posible, porque Tú eres el Señor de la Historia, y de mi historia.

jueves, 29 de diciembre de 2022

Se nos dio la plenitud en la Divinidad

De los Sermones de san Bernardo, abad

Dios, nuestro Salvador, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. Demos gracias a Dios, pues por él abunda nuestro consuelo en esta nuestra peregrinación, en este nuestro destierro, en esta vida tan llena aún de miserias.
Antes de que apareciera la humanidad de nuestro Salvador, la misericordia de Dios estaba oculta; existía ya, sin duda, desde el principio, pues la misericordia del Señor es eterna, pero al hombre le era imposible conocer su magnitud. Ya había sido prometida, pero el mundo aún no la había experimentado y por eso eran muchos los que no creían en ella. Dios había hablado, ciertamente, de muchas maneras por ministerio de los profetas. Y había dicho: Sé muy bien lo que pienso hacer con vosotros: designios de paz y no de aflicción. Pero, con todo, ¿qué podía responder el hombre, que únicamente experimentaba la aflicción y no la paz? «¿Hasta cuándo -pensaba- iréis anunciando: "Paz, paz", cuando no hay paz?» Por ello los mismos mensajeros de paz lloraban amargamente, diciendo: Señor, ¿quién ha dado fe a nuestra predicación? Pero ahora, en cambio, los hombres pueden creer, por lo menos, lo que ya contemplan sus ojos; ahora los testimonios de Dios se han hecho sobremanera dignos de fe, pues, para que este testimonio fuera visible, incluso a los que tienen la vista enferma, el Señor le ha puesto su tienda al sol.
Ahora, por tanto, nuestra paz no es prometida, sino enviada; no es diferida, sino concedida; no es profetizada, sino realizada: el Padre ha enviado a la tierra algo así como un saco lleno de misericordia; un saco, diría, que se romperá en la pasión, para que se derrame aquel precio de nuestro rescate, que él contiene; un saco que, si bien es pequeño, está ya totalmente lleno. En efecto, un niño se nos ha dado, pero en este niño habita toda la plenitud de la divinidad. Esta plenitud de la divinidad se nos dio después que hubo llegado la plenitud de los tiempos. Vino en la carne para mostrarse a los que eran de carne y, de este modo, bajo los velos de la humanidad, fue conocida la misericordia divina; pues, cuando fue conocida la humanidad de Dios, ya no pudo quedar oculta su misericordia. ¿En qué podía manifestar mejor el Señor su amor a los hombres sino asumiendo nuestra propia carne? Pues fue precisamente nuestra carne la que asumió, y no aquella carne de Adán que antes de la culpa era inocente.
¿Qué cosa manifiesta tanto la misericordia de Dios como el hecho de haber asumido nuestra miseria? ¿Qué amor puede ser más grande que el del Verbo de Dios, que por nosotros se ha hecho como la hierba débil del campo? Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Que comprenda, pues, el hombre hasta qué punto Dios cuida de él; que reflexione sobre lo que Dios piensa y siente de él. No te preguntes ya, oh hombre, por qué tienes que sufrir tú; pregúntate más bien por qué sufrió él. De lo que quiso sufrir por ti puedes deducir lo mucho que te estima; a través de su humanidad se te manifiesta el gran amor que tiene para contigo. Cuanto menor se hizo en su humanidad, tanto mayor se mostró en el amor que te tiene, y cuanto más se anonadó por nosotros, tanto más digno es de nuestro amor. Dios, nuestro salvador —dice el Apóstol—, hizo aparecer su misericordia y su amor por los hombres. ¡Qué grande y qué manifiesta es esta misericordia y este amor de Dios a los hombres! Nos ha dado una grande prueba de su amor al querer que el nombre de Dios fuera añadido al título de hombre.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

El poder de Herodes

"Al verse burlado por los magos, Herodes montó en cólera y mandó matar a todos los niños de dos años para abajo, en Belén y sus alrededores, calculando el tiempo por lo que había averiguado de los magos".
El temor de que le quiten el trono del poder hizo que mandara matar a los niños, para poder matar el Rey de Israel, como le habían dicho los Magos de Oriente. ¡Cuánta maldad o cizaña "metemos" en el mundo por miedo a que nos quiten el poder!
No sólo le pasó a Herodes, sino que nos pasa a todos, porque todos tenemos ese pecado original, en más o en menos, del apetito de poder. Aunque sea un mínimo de poder en algún lado: en la familia, en el trabajo, en la sociedad, en el gobierno... pero se nos impregna en el alma y nos cambia por completo.
Por creer que podemos llegar a ser eternos nos aferramos a cosas que nos dan "poder", que nos dan "renombre", que nos hacen ser mejores que los demás, y, sin embargo, somos tan imperfectos como todos, y lo que creemos que es poder simplemente se esfuema en cualquier momento, como la vida misma, y nos damos cuenta que no valió la pena destruir tantas cosas o a tantas personas.
Muchos creen que pueden llegar a destruir a las personas que quieren ocupar su lugar, como le pasó a Herodes. Mandó matar a los niños menores de dos años porque pensaba que Jesús le iba a quitar el trono de poder, sin embargo, quien perdió poder fue él mismo, pues su vida y su poder terminaron pronto.
Así sucede con mandatarios y con los que no lo son, buscan ocupar un lugar de poder para sentirse grandes, y, cuando lo hacen simplemente por el poder mismo son los peores de la historia.
Cuando no utilizamos el lugar que ocupamos para el verdadero servicio a los demás, nada tiene sentido. Pero cuando realmente servimos a nuestros hermanos y buscamos el bien común, la verdad, la fraternidad, lo mejor para los demás entonces es cuando nuestro servicio merece la pena. Como lo dijo el Señor: no he venido a ser servido sino a servir y a dar la vida por los demás.

martes, 27 de diciembre de 2022

Discípulos y apóstoles

"Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo".
San Juan puede escribir esto porque, después de la Venida del Espíritu Santo, aquello que vieron en el sepulcro les permitió creer, y, luego las apariciones de Jesús resucitado les permitieron reforzar lo que Él les había dicho. Ver a Jesús Resucitado y escuchar sus Palabras les permitió reforzar la confianza en Él. Y, la Venida del Espíritu Santo los fortaleció en el seguimiento de Jesús y, sobre todo, en la misión que el Señor les había encomendado al ascender a los Cielos: "Id por todo el mundo y anunciad el Evangelio".
Nosotros no hemos visto ni oído como lo hicieron los apóstoles, pero, como ellos, creemos en Jesús Resucitado, vivo y presente en la Eucaristía, que nos habla por medio de Su Palabra y que permanece con nosotros hasta el final de los tiempos. Y lo creemos porque hemos recibido el Don de la Fe en el bautismo, un Don que es Gracia y tarea para todos los que formamos la Iglesia a partir de ese momento.
Gracia porque el Espíritu Santo habita en nosotros con todos sus Dones y nos fortalece, nos anima, y nos instruye en las Verddades de la Fe, para que podamos seguir creciendo y madurando en la Fe Bautismal.
Tarea porque en el momento en que el Espíritu desciendo en nosotros, como lo hizo con los apóstoles en Pentecostés, somos enviados, como ellos, a anunciar la Buena Noticia a todos los hombres. Algunos lo hacen con palabras, otros con la vida, pero todos somos discípulos y apóstoles del Señor, para que Su Noticia llegue hasta los confines de la tierra.
Hoy, en esta fiesta de San Juan evangelista, tamibén tenemos que recordar los cosas que él nos enseña: estar tan cerca del Señor que podemos llegar a escuchar el sonido de su corazón, sí, el recostar nuestra cabeza en Su Corazón para estar siempre en unión con Él, para escucharlo, para seguir amándolo toda la vida. Y, por supuesto, abrazar con mucho amor a la Madre que es también nuestra Maestra y Guía en el camino de la Fe, para que así como lo hizo san Juan, tamibén podamos recibirla en nuestra casa y estar siempre con Ella para aprender de Su Fidelidad a la Voluntad de Dios.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Con las armas de la caridad

De los Sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo

Ayer celebrábamos el nacimiento temporal de nuestro Rey eterno; hoy celebramos el martirio triunfal de su soldado.
Ayer nuestro Rey, con la vestidura de gala de nuestra carne, salió del palacio del seno virginal y se dignó visitar el mundo; hoy su soldado, abandonando la tienda de su cuerpo, ha entrado triunfante en el cielo.
Nuestro Rey, a pesar de su condición altísima, por nosotros viene humilde, mas no con las manos vacías: él trae para sus soldados una dádiva espléndida, ya que no sólo les otorga copiosas riquezas, sino que les da también una fortaleza invencible en el combate. En efecto, trae consigo el don de la caridad, que eleva a los hombres hasta la participación de la naturaleza divina.
Y, al repartir estos dones, en nada queda él empobrecido, sino que de un modo admirable enriquece la pobreza de sus fieles sin mengua de sus tesoros inagotables.
La misma caridad que hizo bajar a Cristo del cielo a la tierra ha hecho subir a Esteban de la tierra al cielo. La misma caridad que había precedido en la persona del Rey resplandeció después en su soldado.
Esteban, para merecer la corona que significaba su nombre, tuvo por arma la caridad, y ella le dio siempre la victoria. Por amor a Dios no cedió ante la furia de los judíos, por amor al prójimo intercedió por los que lo apedreaban. Por esta caridad refutaba a los que estaban equivocados, para que se enmendasen de su error; por ella oraba por los que lo apedreaban, para que no fuesen castigados.
Apoyado en la fuerza de esta caridad, venció la furia y crueldad de Saulo y, habiéndolo tenido por perseguidor en la tierra, logró tenerlo por compañero en el cielo. Movido por esta santa e inquebrantable caridad, deseaba conquistar con su oración a los que no había podido convertir con sus palabras.
Y ahora Pablo se alegra con Esteban, goza con él de la gloria de Cristo, con él desborda de alegría, con él reina. Allí donde entró primero Esteban, aplastado por las piedras de Pablo, entró luego Pablo, ayudado por las oraciones de Esteban.
Ésta es, hermanos míos, la verdadera vida, donde Pablo no es avergonzado por la muerte de Esteban, donde Esteban se congratula de la compañía de Pablo, porque en ambos es la caridad la fuente de su alegría. La caridad de Esteban, en efecto, superó la furia de los judíos, la caridad de Pablo cubrió la multitud de los pecados, la caridad de ambos les hizo merecer juntamente la posesión del reino de los cielos.
La caridad, por tanto, es la fuente y el origen de todo bien, la mejor defensa, el camino que lleva al cielo. El que camina en la caridad no puede errar ni temer, porque ella es guía, protección, camino seguro.
Por esto, hermanos, ya que Cristo ha colocado la escalera de la caridad, por la que todo cristiano puede subir al cielo, aferraos a esta pura caridad, practicadla unos con otros y subid por ella cada vez más arriba.

domingo, 25 de diciembre de 2022

Feliz Navidad!

"Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad".

¡Feliz Navidad! Es el deseo que siempre tenemos en los labios y el corazón, pues es lo que estos días quieren dejarnos a cada uno. Los que hemos tenido la Gracia de recibir el Don de la Fe, y de a poco, ir madurándolo sabemos que son días de buscar en el Cielo la Luz que ilumine nuestro suelo, nuestra vida, nuestros pensamientos y deseos de fidelidad a la Vida que el Señor nos regaló naciendo en Belén.
Aquel anuncio que sonó en los oídos de aquellos pastores hoy vuelve a resonar en los nuestros, pues cada año, y cada día, la Navidad se hace presente en los que buscamos tener a Dios en el centro de nuestras vidas, porque no hay mejor noticia recibida en los Cielos y la Tierra que el Unigénito de Dios se haya hecho hombre y nacido para nuestra salvación.
Es una buena noticia que hace más de 2000 años viene resonando en todo el mundo, y todos los corazones se unen al unísono para salir al encuentro de Aquél que nos trae una Vida Nueva para vivir, y que, para ayudarnos a vivirla se hace uno como nosotros en todo menos en el pecado, y así poder llevarnos de Su Mano hacia el Padre.
Creo que no hay sonido más maravilloso que el que escuchó María y José cuando el Niño nació: su llanto, el aliento de vida que comenzó a salir de sus labios y que unió al cielo con la tierra, haciendo que nuestra historia cambiara su rumbo para comenzar a ser una historia de salvación, en la cual, cada uno de los que creemos en Él somos protagonistas de seguir transformándola para hacerla cada mejor, según la Voluntad del Padre que nos eligió, junto con el Hijo, para ser santos e irreprochables ante Él por el amor.
Es ese el deseo del corazón del Padre. que por el Hijo alcancemos la Bienaventuranza, aquella que su Madre cantó junto a Isabel: ¡me llamarán bienaventurada todas las generaciones porque el Poderoso hizo en mi grandes cosas!
 

sábado, 24 de diciembre de 2022

Despierta hombre!

De los Sermones de san Agustín, obispo

Despierta, hombre: por ti Dios se hizo hombre. Despierta, tú que duermes, surge de entre los muertos; y Cristo con su luz te alumbrará. Te lo repito: por ti Dios se hizo hombre.
Estarías muerto para siempre, si él no hubiera nacido en el tiempo. Nunca hubieras sido librado de la carne del pecado, si él no hubiera asumido una carne semejante a la del pecado. Estarías condenado a una miseria eterna, si no hubieras recibido tan gran misericordia. Nunca hubieras vuelto a la vida, si él no se hubiera sometido voluntariamente a tu muerte. Hubieras perecido, si él no te hubiera auxiliado. Estarías perdido sin remedio, si él no hubiera venido a salvarte.
Celebremos, pues, con alegría la venida de nuestra salvación y redención. Celebremos este día de fiesta, en el cual el grande y eterno Día, engendrado por el que también es grande y eterno Día, vino al día tan breve de esta nuestra vida temporal.
Él se ha hecho para nosotros justicia, santificación y redención. y así —como dice la Escritura— «el que se gloría que se gloríe en el Señor.»
La verdad brota, realmente, de la tierra, pues Cristo, que dijo: Yo soy la verdad, nació de la Virgen. Y la justicia mira desde el cielo, pues nadie es justificado por si mismo, sino por su fe en aquel que por nosotros ha nacido. La verdad brota de la tierra, porque la Palabra se hizo carne. Y la justicia mira desde el cielo, porque toda dádiva preciosa y todo don perfecto provienen de arriba. La verdad brota de la tierra, es decir, la carne de Cristo es engendrada en María. Y la justicia mira desde el cielo, porque nadie puede apropiarse nada, si no le es dado del cielo.
Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, porque la justicia y la paz se besan. Por medio de nuestro Señor Jesucristo, porque la verdad brota de la tierra. Por él hemos obtenido el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos apoyados en la esperanza de la gloria de Dios. Fíjate que no dice «nuestra gloria», sino la gloria de Dios, porque la justicia no procede de nosotros, sino que mira desde el cielo. Por ello el que se gloría que se gloríe no en sí mismo, sino en el Señor.
Por eso también, cuando el Señor nació de la Virgen, los ángeles entonaron este himno: Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor.
¿Cómo vino la paz a la tierra? Sin duda porque la verdad brota de la tierra, es decir, Cristo nace de María. Él es nuestra paz, él ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, para que todos seamos hombres de buena voluntad, unidos unos a los otros con el suave vínculo de la unidad. Alegrémonos, pues, por este don, para que nuestra gloria sea el testimonio que nos da nuestra conciencia; y así nos gloriaremos en el Señor, y no en nosotros. Por eso dice el salmista: Tú eres mi gloria, tú mantienes alta mi cabeza.
¿Qué mayor gracia pudo hacernos Dios? Teniendo un Hijo único lo hizo Hijo del hombre, para que el hijo del hombre se hiciera hijo de Dios.
Busca dónde está tu mérito, busca de dónde procede, busca cuál es tu justicia: y verás que no puedes encontrar otra cosa que no sea pura gracia de Dios.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Disponibilidad en María

"En aquellos días, María se levantó y se puso en camino deprisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel".
Así como no demoró la respuesta al Ángel Gabriel, tampoco demoró su respuesta a la necesidad de Isabel. Un corazón libre de sí mismos y disponible para Dios y los hombres, nunca demora una respuesta, ya sea de palabra o de servicio, pues sabe que no hay tiempo cuando Dios muestra algo para hacer o para vivir.
La disponibilidad de María a la Voluntad de Dios es total, por eso no hay demora en sus respuestas, y esa disponibilidad no queda sin respuesta de parte de Dios pues, como dijo Jesús: a quien mucho tiene mucho se le dará. Cuando, realmente, hay disponibilidad para responder a lo que Dios quiere, siempre tendremos la Gracia suficiente y necesaria para poder llevar a cabo lo que Dios quiere, pero si no tenemos la disponibilidad tampoco tendremos la Gracia.
Y, está claro que tampoco puso excusas María para poder hacer lo que Dios le pedía o le seguería. Sí, porque el Ángel sólo le dijo que "Isabel en su vejez estaba embarazada", pero no le dijo: ¡Ve a ayudar a Isabel!, eso lo supuso María: supuso que Isabel podría necesitar ayuda y se puso en camino.
No debemos necesitar que nos envíen un mensaje para salir al encuentro de una hermano que necesite algo, sino que si, realmente, estamos unidos y con los ojos abiertos hacia el otro, podremos darnos cuenta que nos necesita.
Pero también, en este hablar de disponibilidad tenemos que tener en cuenta que para poder saber qué es lo que Dios quiere de mí o qué me está sugiriendo que puedo hacer, debo estar en una relación profunda y sincera con Dios, porque de lo contrario siempre estaré pendiente de lo que me suceda y de lo que YO necesito y nunca tendre disponibilidad ni para Dios ni para los demás, porque lo primero siempre seré YO y, por eso, siempre tendré excusas para no hacer lo que Dios me está pidiendo o sugiriendo que haga.

lunes, 19 de diciembre de 2022

El designio de la Encarnación

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías

La gloria del hombre es Dios. El beneficiario de la actividad de Dios, de toda su sabiduría y poder, es el hombre.
Y de la misma forma que la habilidad del médico se manifiesta en los enfermos, así Dios se manifiesta en los hombres. Por eso dice san Pablo: Dios encerró a todos los hombres en la desobediencia, para usar con todos ellos de misericordia. En estas palabras el Apóstol se refiere al hombre que, por desobedecer a Dios, perdió la inmortalidad, pero que alcanzó luego la misericordia, recibiendo la gracia de adopción por el Hijo de Dios.
El hombre que, sin orgullo ni presunción, piensa rectamente de la verdadera gloria de las creaturas y de la de aquel que las creó —es decir, de Dios todopoderoso que da a todos el ser— y permanece en el amor, en la sumisión y en la acción de gracias a Dios recibirá de él una gran gloria y crecerá en ella en la medida en que se asemeje al que por él murió.
El Hijo de Dios se sometió a una existencia semejante a la de la carne de pecado para condenar el pecado y, una vez condenado, expulsarlo fuera de la carne. Asumió la carne para incitar al hombre a hacerse semejante a él y para proponerle a Dios como modelo a quien imitar. Le impuso la obediencia al Padre para que llegara a ver a Dios, dándole así el poder de alcanzar al Padre. El Verbo de Dios que habitó en el hombre se hizo también Hijo del hombre, para que el hombre se habituara a percibir a Dios y Dios a vivir en el hombre, conforme a la voluntad del Padre.
Por eso, pues, aquel que es la señal de nuestra salvación, el Emmanuel nacido de la Virgen, nos fue dado por el mismo Señor, porque era el mismo Señor quien salvaba a los que por sí mismos no podían alcanzar la salvación; por eso Pablo proclama la debilidad del hombre, diciendo: Ya sé que en mí, es decir, dentro de mi estado puramente natural, no habita lo bueno; así indica que nuestra salvación no proviene de nosotros, sino de Dios. y añade también: ¡Desdichado de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Y luego, para aclarar quien lo libra, afirma que esta liberación es obra de la gracia de Jesucristo nuestro Señor.
También Isaías dice lo mismo: Fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes; decid a los cobardes de corazón: «Sed fuertes, no temáis.» Mirad a vuestro Dios que trae el desquite, viene en persona y os salvará. Esto lo dice para significar que por nosotros mismos no podemos alcanzar la salvación, sino que ésta es consecuencia de la ayuda de Dios.

viernes, 16 de diciembre de 2022

Soy lo que Dios quiere que sea

«Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que vosotros os salvéis".
Es cierto que la opinión de los demás sobre nosotros tiene que interesarnos, para saber qué testimonio estamos dando o cómo nos ve la gente. Pero tampoco debe preocuparnos cuando los demás no entiendan o miren mal lo que hacemos, si lo hacemos desde la fidelidad a Dios. A veces nos encontramos con gente (o nos puede pasar a nosotros mismos) que dependemos de lo que los demás digan o piensen de lo que hacemos, y, por eso, no lo hacemos o lo hacemos, depende de la situación.
En realidad es parte de nosotros mismos el estar atento a las voces de los demás, y esas voces, pueden llegar a determinar nuestra forma de actuar o de mostrarnos en este o aquél lugar. Algunas personas son muy camaleónicas y se van adapatando para "caer bien" en el lugar al que van o en el que están.
Sin embargo, cuando verdaderamente hemos encontrado nuestra propia identidad y queremos alcanzar la madurez de nuestra persona, entonces no nos deben importar lo que piensen o digan de nosotros, pero sí nos debe importar lo que piensa Dios sobre nuestra manera de actuar y sobre lo cómo estamos madurando nuestra personalidad.
La Voluntad de Dios para nuestra vida es lo que tiene que ir formando nuestra personalidad, y nuestro actuar tendrá que ser de acuerdo, también, a lo que Dios me pide vivir, y no a lo que los demás quieran ver de mí, y, sobre todo, no a lo que el mundo me está diciendo que tengo que vivir. Es ahí cuando pongo en juego la libertad, pues soy libre de decidir cómo tengo que ser y cómo tengo que vivir, pero si he dado el paso de ser un verdadero cristiano, entonces, mi camino, como el de Cristo, es hacer la Voluntad del Padre.
"Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado».
Cómo yo viva o lo que yo haga darán testimonio de si soy o no soy Fiel a la Voluntad de Dios, si soy o no soy coherente con lo que digo creer y con lo que quiero vivir, le guste o no le guste al mundo.

jueves, 15 de diciembre de 2022

Dios lo dice, dilo tú también

"Me sucede como en los días de Noé: juré que las aguas de Noé no volverían a cubrir la tierra; así juro no irritarme contra ti ni amenazarte.
Aunque los montes cambiasen y vacilaran las colinas, no cambiaría mi amor, ni vacilaría mi alianza de paz - dice el Señor que te quiere -".
Creo que no sólo ha sido el Domingo de gozo, el pasado, sino que toda la semana es una semana de gozo. Las lecturas nos ayudan a pensar en el gozo que da saber que Dios nos ama, que siempre estará pendiente de nosotros, aunque nosotros no estemos pendientes de Él. Y así nos lo dice por medio del profeta: "dice el Señor que te quiere".
Se puede pedir una declaración de amor más sincera y eficaz que la de Dios para nosotros? Una declaración de Amor que fue sellada, cuando llegó el momento oportuno, con la sangre del Hijo en la Cruz. Una Alianza así no podemos, o no deberíamos, abandonarla ni dudar de ella, aunque, sí es cierto que, muchas veces, pareciera que esa Alianza no se cumple, pero no es porque Él nos haya abandonado o se haya olvidado de nosotros.
Seguramente las preocupaciones de todos los días, los días más negros o más duros, nos hacen pensar que ya el Señor no nos quiere, pero sin embargo, si levantamos nuestra mirada hacia Él vamos a sentir el calor de Su Amor.
Cierto es que, tal vez, nos hayamos "atado" a otras seguridades que no es la Providencia de Dios, y, entonces, cuando esas seguridades se caen o no nos alcanzar para fortalecernos o darnos esperanzas, o mostrarnos el buen camino, entonces descubrimos que no encontramos al Señor que nos ama. Sin embargo, Él siempre estará ahí, sólo tenemos que abrir un poco más los ojos, quitarnos de en medio de nuestra mirada las seguridades terrenas y veremos que su Mano siempre estuvo tendida para ayudarme a levantar, para darme una caricia de consuelo, para abrazarme si me sentía desvalido.
También es cierto que, en muchos casos o en muchas personas, no es fácil decir "te quiero" y no hablo sólo del amor de pareja, sino en la familia, con los amigos, con las personas que realmente llenan mi corazón y con las cuales necesito encontrarme para hablar, para compartir la vida. Y así tampoco les digo que necesito un abrazo, o que les puedo dar un abrazo o una caricia o decirle algo bonito que alegre el corazón.
Tenemos que tener más cercanía y dejarnos llevar más por el cariño entre hermanos para poder disfrutar del cariño de Dios. Compartir el amor que sentimos por los demás el paso necesario para poder sentir, también, el amor del Padre que nos acompaña en cada día.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

Conocerlo a Jesús

Del Cántico espiritual de san Juan de la Cruz, presbítero

Por más misterios y maravillas que han descubierto los santos doctores Y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir y aun por entender, y así hay mucho que ahondar en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que por más que ahonden, nunca les hallan fin ni término, antes van en cada seno hallando nuevas venas de nuevas riquezas acá y allá. Que por eso dijo san Pablo del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos, en los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos, si no pasa primero por la estrechura del padecer interior y exterior a la divina Sabiduría.
Porque aun a lo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y recibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios, y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas estas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella.
¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su consolación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabiduría divina desea primero el padecer, para entrar en ella, en la espesura de la cruz!
Que por eso san Pablo amonestaba a los de Éfeso que no desfalleciesen en las tribulaciones, que estuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad, para que pudiesen comprender con todos los santos qué cosa sea la anchura y la longura y la altura y la profundidad, y para saber también la supereminente caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios.
Porque para entrar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es de pocos; mas desear los deleites a que se viene por ella es de muchos.

martes, 13 de diciembre de 2022

Que tu sí sea sí

Quizás la haya repetido alguna que otra vez, pero el P. Efraín nos dijo una vez: "no tengo miedo a quien me puedo llegar a encontrar en el infierno, pues ya sabemos quiénes van a ir, pero sí que nos va a sorprender a quienes no vamos a encontrar en el cielo". Haciendo referencia a algún pasaje evangélico, pero a yo lo asocio al de hoy día, a estos dos:
«En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
"Aquel día, ya no te avergonzarás de las acciones con que me ofendiste, pues te arrancaré tu orgullosa arrogancia, y dejarás de engreírte en mi santa montaña".
La vanidad y la arrogancia de algunos no nos permite arrepentirnos de nuestras malas acciones, creemos que así somos mejores y más fuertes. Pero, además, no nos damos cuenta que no somos cristianos, sino que somos unos falsos imitadores de la fe cristiana, porque decimos algo que no vivimos, o vivimos algo que no creemos.
Pensamos, muchas veces, como otra parábola de Jesús, que los que se tienen que arrepentir son los otros, pues "yo soy tan bueno que no he hecho nada malo", sin embargo no he sido fiel a la Voluntad de Dios, y, sobre todo, sigo parado en mi soberbia de creerme mejor que el resto de los mortales, simplemente por me pinto la cara la buen hombre.
Por eso llegará un día que no quedarán muchos que sean verdaderos testigos de Cristo, y con eso volverá a florecer al iglesia que el Señor fundó, sobre una buena base de santos que no tengan miedo a vivir radicalmente el evangelio, a entregarse verdaderamente a ser Fieles a la Voluntad de Dios, y a no dejarse llevarse por el espíritu del mundo que nos invita, nos tienta, y nos exige, más de una vez, dejar de ser Fiel a Cristo.
 

lunes, 12 de diciembre de 2022

Juan era la voz Cristo la Palabra

De los Sermones de san Agustín, obispo.

    Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que existía ya al comienzo de las cosas. Juan era una voz pasajera, Cristo la Palabra eterna desde el principio.
    Suprime la palabra, y ¿qué es la voz? Donde falta la idea no hay más que un sonido. La voz sin la palabra entra en el oído, pero no llega al corazón.
    Observemos el desarrollo interior de nuestras ideas. Mientras reflexiono sobre lo que voy a decir, la palabra está dentro de mí; pero, si quiero hablar contigo, busco el modo de hacer llegar a tu corazón lo que ya está en el mío.
    Al buscar cómo hacerla llegar a ti, cómo introducir en tu corazón esta palabra interior mía, recurro a la voz y con su ayuda te hablo. El sonido de la voz conduce a tu espíritu la inteligencia de una idea mía, y cuando el sonido vocal te ha llevado a la comprensión de la idea, se desvanece y pasa, pero la idea que te trasmitió permanece en ti sin haber dejado de estar en mí.
    Y una vez que el sonido ha servido como puente a la palabra desde mi espíritu al tuyo ¿no parece decirte: Es preciso que él crezca y que yo disminuya? Y una vez que ha cumplido su oficio y desaparece ¿no es como si te dijera: Mi alegría ahora rebasa todo límite? Apoderémonos de la palabra, hagámosla entrar en lo más íntimo de nuestro corazón, no dejemos que se esfume.
    ¿Quieres ver cómo la voz pasa y la divinidad de la Palabra permanece? ¿Dónde está ahora el bautismo de Juan? Él cumplió su oficio, y desapareció. Pero el bautismo de Cristo permanece. Todos creemos en Cristo y esperamos de él la salvación; esto es lo que dijo la voz.
    Y como es difícil discernir entre la Palabra y la voz, los hombres creyeron que Juan era Cristo. Tomaron a la voz por la Palabra. Pero Juan se reconoció como la voz para no usurparle los derechos a la Palabra. Dijo: Nos soy el Mesías, ni Elías, ni el Profeta. Le preguntaron: ¿Qué dices de tu persona? Y el respondió: Yo soy la voz del que clama en el desierto: «Preparad el camino del Señor.» La voz del que clama en el desierto, la voz del que rompe el silencio. Preparad el camino del Señor, como si dijera: «Soy la voz cuyo sonido no hace sino introducir la Palabra en el corazón; pero, si no le preparáis el camino, la Palabra no vendrá adonde yo quiero que ella entre.»
    ¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Rogad insistentemente»? ¿Qué significa: Preparad el camino, sino: «Sed humildes en vuestros pensamientos»? Imitad el ejemplo de humildad del Bautista. Lo toman por Cristo, pero él dice que no es lo que ellos piensan ni se adjudica el honor que erróneamente le atribuyen.
    Si hubiera dicho: «Soy Cristo», con cuánta facilidad lo hubieran creído, ya que lo pensaban de él sin haberlo dicho. No lo dijo: reconoció lo que era, hizo ver la diferencia entre Cristo y él, y se humilló.
    Vio dónde estaba la salvación, comprendió que él era sólo una antorcha y temió ser apagado por el viento de la soberbia.

 

domingo, 11 de diciembre de 2022

Como Juan Bautista

"En verdad os digo que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él".
Es muy difícil de entender esta afirmación de Jesús, sin embargo, no hay nada que salga de sus labios que no sea verdad o que no tenga la suficiente razón para decirlo. Se podría pensar ¿no fue importante la misión de Juan Bautista? Sí, fue tan importante o más que los anteriores profetas del Antiguo Testamento. Y eso es en realidad la grandeza de Juan Bautista: haber sido el último de los profetas del Antiguo Testamento, y el más grande nacido de mujer, porque tuvo la Gracia de poder ver y anunciar al Mesías Prometido por todos los profetas, incluso por él mismo.
Pero (siempre hay un pero en la vida espiritual) él no pudo hacer vida el Evangelio de Jesús, aunque sí entrego su vida en martirio por la Verdad, por anunciar la misma Verdad que anunciaba Jesús. No fue discípulo de Cristo, ni recibió el bautismo del Espíritu Santo como los demás apóstoles o como los que hemos recibido el bautismo de Jesús en el Espíritu y el Fuego, como lo anunciaba Juan Bautista.
El más pequeño en el Reino de los Cielos es aquél que habiendo escuchado el llamado de Jesús deja todo y se entrega de lleno en el camino de la santidad, viviendo como vivió Jesús una obediencia en el amor a la Voluntad del Padre.
El más pequeño en el Reino de los Cielos es aquél que aceptando con generosidad el Camino que proponer Jesús, vive su entrega diaria, tanto en la vida matrimonial, como en la soltería como en la consagración, de un modo heroico en la vivencia de las virtudes evangélicas.
El más pequeño en el Reino de los Cielos es aquél que ha renunciado a sí mismo, que ha cogido la cruz de cada día y lo ha seguido a Jesús por el camino que Él mismo recorrió y que nosotros debemos recorrer detrás y junto a Él.
El más pequeño en el Reino de los Cielos, como María, podrá transformar la historia propia y la de los demás, porque se hace esclavo de la Voluntad de Dios.

 

sábado, 10 de diciembre de 2022

Brille así vuestra luz

"Dichosos lo que te vieron y se durmieron en el amor".
Si bien el eclesiástico hace referencia en esta frase al profeta Elías, también puede ser utilizada para Jesús, y, sobre todo, para aquellos que con los ojos de la FE han podido ver y sentir su Palabra, pues su Palabra es Amor de Dios hacia nosotros.
Y, dormirse en el amor puede hacer referencia (o por lo menos a mí me lo parece, no se qué dirán los exegetas...) a dos momentos, a dormirnos en el amor cuando llega el último momento y nos entregamos de llenos al Amor de Dios para volver a la Casa del Pade; o dormirnos en el Amor de Cristo para resucitar con Él y vivir el Amor de Dios aquí en la tierra.
Aunque, siempre puede haber una tercera referencia no tan buena, como cuando decimos "no dorirnos en los laureles". Esto sería como una referencia aquellos que creen que con el Señor en el corazón no tienen que hacer nada más y andan como ángeles por el mundo, pero que no son para nada conscientes de que tienen que aportar algo al mundo para renovarlo, y hay que bajarlos de la nube para que se pongan a trabajar en el Reino.
Porque, en realidad, cuando nos dormimos, verdaderamente, en el Amor, es para que el Señor pueda trabajar en nuestra alma, pueda seguir convirtiendo nuestros corazones y darnos así las armas necesarias para seguir combatiendo el combate de la fe, para seguir anunciando Su Palabra, para poder "bajar de la nube" y predicar con la vida la alegría del Amor, la alegría del Reino del Amor que quiere instalarse en la tierra: "venga a nosotros Tu Reino".
Y ese Reino tenemos que construirlo cada día, pues cada palabra, cada acción, cada gesto tienen que estar llenos del amor, de la alegría de sabernos hijos de Dios llamados a vivir en Fidelidad en a la Palabra, a la Vida para que Él se instale no sólo en nuestros corazones sino que otros puedan descubrirlo a través de nuestra vida: "Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos".

viernes, 9 de diciembre de 2022

Sobre Eva y María

Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
 
    Cuando vino Dios visiblemente a sus creaturas y fue sostenido por esta creación que es por él mismo sostenida, expió aquella desobediencia cometida bajo un árbol, por medio de la obediencia efectuada sobre otro árbol, y destruyó así la seducción con que fue vilmente engañada aquella virgen Eva, destinada ya para un varón, con la verdad que le fue venturosamente anunciada por el ángel a la Virgen María, ya también prometida a otro varón.
    Y así como Eva fue seducida por un ángel para que se alejara de Dios, desobedeciendo su palabra, así María fue notificada por otro ángel de que llevaría a Dios en su seno, si obedecía su palabra. Y como aquélla fue inducida a no obedecer a Dios, así ésta fue persuadida a obedecerlo, y de esta manera la Virgen María se convirtió en abogada de la virgen Eva.
    Al renovar profundamente el Señor todas las cosas, declaró la guerra a nuestro enemigo, aplastó a aquel que en un principio nos había hecho cautivos en Adán y pisoteó su cabeza, según lo que, en el Génesis, Dios dice a la serpiente: Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu linaje y el suyo: él herirá tu cabeza cuando tú hieras su talón.
    Con ello se anunciaba que aquel que debía. nacer de una mujer Virgen, hecho hombre como Adán, aplastaría la cabeza de la serpiente. De esta descendencia habla el Apóstol, en la carta a los Gálatas, cuando dice: La ley mosaica fue puesta por Dios hasta que viniese la descendencia a quien se habían hecho las promesas.
    Más claramente aún lo demuestra, en esa misma carta, al decir: Cuando se cumplió el tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de una mujer. El enemigo no hubiera sido vencido con justicia si el hombre que lo venció no hubiera nacido de una mujer, pues ya desde el comienzo se opuso al hombre, dominándolo por medio de la mujer.
    Por eso el Señor afirma que él es el Hijo del hombre, el hombre por excelencia, el cual resume en sí al linaje nacido de mujer, de modo que, si nuestra especie bajó a la muerte a causa de un hombre vencido, por un hombre victorioso subamos de nuevo a la vida.
 

lunes, 5 de diciembre de 2022

La oración por los amigos

"En esto, llegaron unos hombres que traían en una camilla a un hombre paralítico y trataban de introducirlo y colocarlo delante de él. No encontrando por donde introducirlo a causa del gentío, subieron a la azotea, lo descolgaron con la camilla a través de las tejas, y lo pusieron en medio, delante de Jesús. Él, viendo la fe de ellos, dijo:
«Hombre, tus pecados están perdonados».
Nunca me había llamado la atención este milagro, o mejor dicho, una parte de este milagro que hace Jesús. Es cierto que no hay milagro de Jesús que no sea hermoso, pero en este hay algo en particular. ¿Por qué? Porque Jesús no toma en cuenta la fe del enfermo sino la fe de los amigos del enfermo: "Él, viendo la fe de ellos, dijo..."
¿No os parece hermoso que la fe de nuestros amigos o nuestra fe como amigo de alguien pueda obrar un milagro de conversión? Sí, un milagro de conversión. Lo primero que hizo Jesús no fue sanar físicamente al paralítico, sino sanar su alma, que es lo más necesario y para lo que Jesús fue enviado.
Ahí notamos y vemos cómo nuestra amistad con alguien no sólo es en la cosas mundanas o físicas, sino tamibién podemos ayudar con nuestra oración, con nuestro sacrificio a la sanación del alma de alguien a quien queremos.
Es que, aquello que rezamos o confesamos todos los domingos: creo en la comunión de los santos, es eso mismo: poder ayudar con nuestra oración y sacrificio a alguien a quien queremos, o a alguien a quien no queremos o no conocemos, también. Así lo hizo Santa Teresita de Lisieux cuando ofreció un sacrificio para la conversión de un condenado a muerte (vais a tener que leer "Historia de un alma" jeje)
Por eso no dejes nunca de rezar por tus amigos y, sobre todo, por tus enemigos o por los que están más alejados de tí, porque el Señor puede lograr la sanación de sus almas, así como sana las nuestras cuando le permitimos entrar en nuestros corazones.

domingo, 4 de diciembre de 2022

Convertirnos para Navidad

"Por aquellos días, Juan el Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando:
«Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos».

Resulta extraño que, también, en Adviento se nos invite a la conversión, como se hace en el tiempo de Cuaresma. Pero es cierto que la conversión del corazón la vamos, o debemos, realizarla durante todo el año. No es porque seamos grandes pecadores (o quizás sí) sino que cada día, como dice el Señor, se peca hasta 7 veces por día.
Así como Juan Bautista exhortaba a sus paisanos a purificar sus corazones para la llegada del Mesías, también nosotros, así como limpiamos y preparamos la casa para estas fiestas, debemos limpiar y preparar el corazón para el Nacimiento de Nuestro Dios y Señor.
Es un momento especial para abrirnos al Don del Espíritu Santo para que nos ayude a mirarnos frente al Niño que viene a salvarnos, descubrir frente a Él que no hemos sido tan fieles a Su Palabra como debíamos, que muchas veces nos hemos encontrado en situaciones donde no pensamos si era Voluntad de Dios lo que hacíamos o decíamos. En nuestra vida no es sólo no mato ni robo, sino, sobre todo: ¿he amado como el Señor me ha amado? ¿he perdonado como el Señor me ha perdonado?
Miremos nuestra casa ¿qué cosas limpiamos? ¿qué cosas tiramos que ya no son necesarias? ¿qué cosas hemos guardado durante años y ya no nos sirven o estorban mucho? Esa es la limpieza que hacemos en la casa, y también nos sirve para el corazón ¿no te parece?
Cuando hacemos esa limpieza general nos damos cuenta de cuánto espacio y claridad vuelven a resurgir y a dejar los ambientes más iluminados, más confortables. Así también pasa en el corazón cuando dejamos que el Espíritu nos ayude a “barrer y tirar” todo lo que no deja entrar Su Luz, lo que no deja brillar la alegría de la salvación.
Sí, la conversión es una etapa de nuestra vida, o mejor dicho, nuestra vida es una conversión constante porque siempre tenemos que mirar a Dios y espejarnos en Su Vida para poder hacer Su Voluntad y no la nuestra.

 

sábado, 3 de diciembre de 2022

Ay de mí si no anunciara el Evangelio!!

De las cartas de san Francisco Javier, presbítero, a san Ignacio.

Visitamos las aldeas de los neófitos, que pocos años antes habían recibido la iniciación cristiana. Esta tierra no es habitada por los portugueses, ya que es sumamente estéril y pobre, y los cristianos nativos, privados de sacerdotes, lo único que saben es que son cristianos. No hay nadie que celebre para ellos la misa, nadie que les enseñe el Credo, el Padrenuestro, el Avemaría o los mandamientos de la ley de Dios.
Por esto, desde que he llegado aquí, no me he dado momento de reposo: me he dedicado a recorrer las aldeas, a bautizar a los niños que no habían recibido aún este sacramento. De este modo, purifiqué a un número ingente de niños que, como suele decirse, no sabían distinguir su mano derecha de la izquierda. Los niños no me dejaban recitar el Oficio divino ni comer ni descansar, hasta que les enseñaba alguna oración; entonces comencé a darme cuenta de que de ellos es el reino de los cielos.
Por tanto, como no podía cristianamente negarme a tan piadosos deseos, comenzando por la profesión de fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, les enseñaba el Símbolo de los apóstoles y las oraciones del Padrenuestro y el Avemaria. Advertí en ellos gran disposición, de tal manera que, si hubiera quien los instruyese en la doctrina cristiana, sin duda llegarían a ser unos excelentes cristianos.
Muchos, en estos lugares, no son cristianos, simplemente porque no hay quien los haga tales. Muchas veces me vienen ganas de recorrer las universidades de Europa, principalmente la de París, y de ponerme a gritar por doquiera, como quien ha perdido el juicio, para impulsar a los que poseen más ciencia que caridad, con estas palabras: «¡Ay, cuántas almas, por vuestra desidia, quedan excluidas del cielo y se precipitan en el infierno!»
¡Ojalá pusieran en este asunto el mismo interés que ponen en sus estudios! Con ello podrían dar cuenta a Dios de su ciencia y de los talentos que les han confiado. Muchos de ellos, movidos por estas consideraciones y por la meditación de las cosas divinas, se ejercitarían en escuchar la voz divina que habla en ellos y, dejando de lado sus ambiciones y negocios humanos, se dedicarían por entero a la voluntad y al arbitrio de Dios, diciendo de corazón: «Señor, aquí me tienes; ¿qué quieres que haga? Envíame donde tú quieras, aunque sea hasta la India.»

jueves, 1 de diciembre de 2022

No todo el que dice...

"No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos".
No podremos decir nunca que Jesús no ha sido claro a la hora de invitarnos a seguirlo, sino que nos ha dicho con toda claridad y contundencia que ser cristiano, seguirlo a Él, no era cualquier cosa, sino que debía ser una actitud clara y radical, no se podía andar a media máquina.
Decir que soy cristiano no es simple, sino que tiene que tener consecuencias en nuestra vida, porque Él para darnos esta vida nueva, ya no de sólo humanos, sino de hijos de Dios, entregó su vida en la Cruz.
Por eso, no es sólo decir "Señor, Señor" sino que hay que vivir lo que se dice, vivir haciendo la Voluntad de mi Señor. Soy cristiano, sí, pero ¿vivo como Cristo haciendo la Voluntad del Padre?
Soy hijo de Dios, pero ¿escucho y obedezco a mi Padre Dios?
Por eso, al final de la revelación, en el Apocalipsis nos lo vuelve a repetir: "que tu sí sea sí, y que tu no sea no", no hay grises en la vida del cristiano, o, mejor dicho, no tendría que haber grises en la vida del cristiano.
"El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca.
El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se derrumbó. Y su ruina fue grande".
Nuestra vida cristiana o está fundada y cimentada en la Roca que es Cristo, es decir lo esencial, lo central y lo que le da sentido es la Vida de Cristo, y la Vida de Cristo es: "no he venido a hacer otra cosa que la Voluntad del que me envió", o no lo está.
Un edificio que está cimentado en la Roca pero que el material con el que se construye es malo, deficiente, también se cae. Y así parece a veces la vida de los cristianos: está cimentado en Cristo, porque Él nos ha dado su Espíritu en el bautismo, pero de ahí en adelante hemos ido utilizando material malo y de diferentes tipos, porque hemos aceptado las ideologías del mundo, filosofías de otras religiones, y tantas otras cosas que cuando llega la hora de dar testimonio verdadero sobre la vida cristiana, no lo doy. Cuando llega la hora de iluminar no ilumino. Cuando llega la hora de aceptar la Cruz la rechazo como lo hace el mundo. Es ahí cuando mi ser cristiano se derrumba, desaparece.
Por eso no sólo debo decir soy cristiano, sino seguir construyendo día a día, sobre la Roca que es Cristo, con material verdaderamente cristiano toda mi vida.

 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

Anunciamos al Buena Noticia

"Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían? Según está escrito:
«¡Qué hermosos los pies de los que anuncian la Buena Noticia del bien!».
¿Quiénes son los que anuncian la Buena Noticia del bien? Sí, estás en lo cierto, debemos (aunque a veces no) ser todos nosotros, pero no nosotros los curas, sino todos nosotros los bautizados, por que todos nosotros los bautizados fuimos ungidos como profetas del Señor. Y esa es nuestra misión: anunciar la Buena Noticia del Bien.
Es cierto que para anunciar la Buena Noticia no debemos ser estudiosos del Evangelio, sino que, primero y únicamente debemos ser verdaderos creyentes del Evangelio. Porque estudiosos de la Palabra puede haber muchos, pero creyentes que vivan el Evangelio no son tantos. Porque hay un gran viaje desde la cabeza al corazón, y se puede saber mucho pero también se puede vivir poco, y no hay mejor mensaje que se comprenda que el que nace del testimonio vital del cristiano.
Claro que, también es cierto que no siempre se escucha el mensaje, pero eso ya no es culpa nuestra, sino del que recibe el mensaje, pues no hay peor sordo que el que no quiere oir. Pero eso no nos debe impedir seguir predicando y anunciando la Palabra a tiempo y a destiempo (se dice así, bueno, pero lo entendeis)
"Pero no todos han prestado oído al Evangelio. Pues Isaías afirma:
«Señor, ¿quién ha creído nuestro mensaje?»
Así, pues, la fe nace del mensaje que se escucha, y viene a través de la palabra de Cristo.
Pero digo yo: «¿Es que no lo han oído? Todo lo contrario:
«A toda la tierra alcanza su pregón, y hasta los confines del orbe sus palabras».
Pues sí, nosotros debemos cumplir con la misión de anunciar, con nuestra vida y con nuestras palabras, el mensaje de Salvación, la alegría del Evangelio, y después "quien quiera oir que oiga", no lo que decimos nosotros, sino lo que el Señor quiere decir por medio de nuestras palabras y de nuestra vida.
Ser Fieles a la Vida que el Señor nos ha regalado con el bautismo es vivir el Evangelio y anunciarlo a todo el quiera escucharlo, para que la Buena Noticia llegue a todos lados y todos puedan tener la oportunidad de seguir el Camino de la Salvación.

martes, 29 de noviembre de 2022

La alegría de los niños en Dios

"Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
«¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».
Que alegría nos da cuando Jesús nos llama Bienaventurados. ¿Os dais cuenta que en esta frase habla de nosotros y nos ayuda a alegrarnos por lo que somos?
Sí, porque nuestros ojos, por el Don de la Fe, ven lo que otros no pueden ver. Por ejemplo: sólo los que tenemos el Don de la Fe (y lo intentamos madurar cada día) podemos ver a Jesús en la Eucaristía, podemos ver a Jesús en nuestros hermanos, podemos ver la Voluntad de Dios en los acontecimientos de la vida diaria. Y, sobre todo, podemos oír la Voz del Señor en las cosas de todos los días, podemos oírlo en la voz de nuestros hermanos y de aquellos que viven, como nosotros, el Don de la Fe. Y, lo más importante, como dice San Juan, "no sólo nos llamamos hijos de Dios, sino que lo somos realmente", aunque muchas veces no lo demostramos claramente.
Y, (perdonad por tantas Y... jajaja) fundamentalmente, tenemos que dar Gracias porque Jesús nos ha invitado, y nos pide, que sólo podemos ver y oír todas estas cosas por algo muy especial, en la cual tenemos que seguir creciendo día a día: el espíritu de niños.
"Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien".
Los que se creen sabios y maduros son los que ponen trabas al Don de la Fe, buscan en lo intelectual una respuesta que sólo está en el corazón de aquellos que pueden abrirse a lo increíble, a lo que Dios día a día nos va mostrando y nos asombra con sus respuesta y, sobre todo, nos da la Gracia para poder ver y oír lo que los sabios y prudente no pueden.
Sí, somos los hijos pequeños de Dios, por eso nos equivocamos, erramos y muchas veces tropezamos y nos caemos, pero en todo momento confiamos en la Divina Misericordia y tendemos nuestras manos pequeñas al Padre de los Cielos para que nos levante, para que nos ayude a seguir caminando, para que nos consuele en los momentos de tribulación y nos ilumine en las dudas.
Sí, cada día debemos dar Gracias por tener la fuerza para seguir creciendo en nuestra infancia espiritual, y así poder vivir con alegría el ser hijos de un Dios que nos ama tanto que envió a su Unigénito para darnos Vida Nueva.

lunes, 28 de noviembre de 2022

Sobre el Adviento

De las Cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo

    Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para libramos de la tiranía y del poder del demonio, invitamos al cielo e introducimos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñamos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecemos con los tesoros de su gracia y hacemos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.
    La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la. fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.
    La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
    Por eso, durante este tiempo, la Iglesia, como madre amantísima y celosísima de nuestra salvación, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecemos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento para que en ello los imitáramos.

 

domingo, 27 de noviembre de 2022

Adviento

"Por tanto, estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor".
Creo que el Adviento puede ser uno de los mejores tiempos litúrgicos, dentro de la Iglesia, porque es el tiempo de la Espera del Salvador.
Así como la madre espera con alegría el nacimiento de su hijo, así nosotros nos preparamos, dentro de la liturgia de la Iglesia, para celebrar la Navidad.
Está claro que hay muchas cosas alrededor de la Navidad y, por algún tiempo, se va perdiendo lo esencial, por eso somos nosotros a quienes nos toca la parte fundamental de volver a vivir la Navidad como corresponde a cristianos.
Lo primero que debemos tener en cuenta es este tiempo hermoso de preparación: el Adviento. Un tiempo de cuatro semanas que nos van invitando a tener diferentes momentos de reflexión y conversión. Sí, también es un tiempo de conversión, porque algo nuevo está por llegar y tenemos que preparar el corazón para vivir con la mayor de las alegrías.
Otra cosilla a tener en cuenta es que no nos dejemos “invadir” por las compras y los arreglos superficiales de estos días. Las compras y los regalos del famoso Papa Noel nos van quitando la verdadera imagen de Quien es el que viene a nuestras vidas: Nuestro Salvador, el Niño Jesús que nace pobre y humilde en el Portal de Belén.
Y, sobre todo, poder participar de las celebraciones que se hagan en la parroquia, en nuestras comunidades, y, si es posible (hay que intentarlo) llevarlas al seno de nuestra familia. Rezar en familia en este tiempo de Adviento nos ayuda a poder comenzar, también, un nuevo tiempo en nuestras vidas. Como decía algún santo: “la familia que reza unida permanece unida”, y si rezamos sabemos Quién está entre nosotros, porque “cuando dos o más se reúnen en Mi Nombre Yo estaré en medio de ellos”. Y ¿qué más queremos que el Señor del Universo, Aquél que nace en Belén, también esté en nuestra casa, entre nosotros cuando nos disponemos a preparar el corazón para Su Venida?
 

sábado, 26 de noviembre de 2022

Vivir embotados

"Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra".
¡Tened cuidado de vosotros mismos!
Tengamos cuidado de nosotros mismos porque, en realidad, somos los más peligrosos contra nosotros mismos, así como también somos los más buenos con nosotros mismos. Los dos extremos, también, están en nosotros mismos.
Pero, sobre todo, hay que tener cuidado de nosotros porque el pecado aún reside en nosotros, y, parece que, a veces, no somos conscientes de ellos. Vivimos como si fuéramos ángeles y como todo (en este mundo) está bien, hoy vivimos embotados por muchas cosas, pero nunca nos dejamos embotar por la Voluntad de Dios.
"No sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida".
Alguna de estas cosas nos han embotado alguna vez. O quizás haya algún otro listado de cosas que embotan, pero seguramente, hoy por hoy, las inquietudes del día a día, no nos dejan mirar para arriba y buscar la Voluntad de Dios para mi vida.
Y ahí está nuestro peligro: no buscar la Voluntad de Dios. Porque cuando no buscamos la Voluntad de Dios o hacemos lo que más nos guste o hacemos lo que el mundo quiere, pero algo nos mueve y nos motiva, y todo depende de dónde he puesto la mirada y lo que he analizado o discernido, y, sobre todo, la lucidez que he tenido al hacerlo.
Es claro que el ritmo que nos imprime el mundo de hoy es un ritmo que no nos da tiempo para ponernos a pensar en qué es lo que debemos hacer, y, por lo tanto, vamos tomando decisiones a lo loco porque los días pasan aprisa. Pero ¿es eso lo que Dios quiere que hagas? ¿Es eso lo que Dios quiere para tí?
Y así el ritmo rápido y loco de los días son los que nos embotan y con la excusa de que todo va rápido, rápida son mis decisiones aunque nunca se si son las que Dios quiere para mí...
En suma vivimos embotados y no nos damos cuenta que no alcanzamos lo que anehlamos sino que nos conformamos con lo que nos dan...

viernes, 25 de noviembre de 2022

Rechacemos el temor a la muerte

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la muerte

    Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal .como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando él nos llama para salir de este mundo! Nos resistimos y luchamos, somos conducidos a la presencia del Señor como unos siervos rebeldes, con tristeza y aflicción, y partimos de este mundo forzados por una ley necesaria, no por la sumisión de nuestra voluntad; y pretendemos que nos honre con el premio celestial aquel a cuya presencia llegamos por la fuerza. ¿Para qué rogamos y pedimos que venga el reino de los cielos, si, tanto nos deleita la cautividad terrena? ¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este mundo al diablo supera al deseo de reinar con Cristo?
    Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama? Juan, en su carta, nos exhorta con palabras bien elocuentes a que no amemos el mundo ni sigamos las apetencias de la carne: No améis al mundo -dice- ni lo que hay en el mundo. Quien ama al mundo no posee el amor del Padre, porque todo cuanto hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. El mundo pasa y sus concupiscencias con él. Pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre. Procuremos más bien, hermanos muy queridos, con una mente íntegra, con una fe firme, con una virtud robusta, estar dispuestos a cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea; rechacemos el temor a la muerte con el pensamiento de la inmortalidad que la sigue. Demostremos que somos lo que creemos.
    Debemos pensar y meditar, hermanos muy amados, que hemos renunciado al mundo y que mientras vivimos en él somos como extranjeros y peregrinos. Deseemos con ardor aquel día en que se nos asignará nuestro propio domicilio, en que se nos restituirá al paraíso y al reino, después de habernos arrancado de las ataduras que en este mundo nos retienen. El que está lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solícitos aún de la nuestra. Tanto para ellos como para nosotros significará una gran alegría el poder llegar a su presencia y abrazarlos; la felicidad plena y sin término la hallaremos en el reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin.
    Allí está el coro celestial de los apóstoles, la multitud exultante de los profetas, la innumerable muchedumbre de los mártires, coronados por el glorioso certamen de su pasión; allí las vírgenes triunfantes, que con el vigor de su continencia dominaron la concupiscencia de su carne y de su cuerpo; allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practicaron el bien, socorriendo a los necesitados con sus bienes, los que, obedeciendo el consejo del Señor, trasladaron su patrimonio terreno a los tesoros celestiales. Deseemos ávidamente, hermanos muy amados, la compañía de todos ellos. Que Dios vea estos nuestros pensamientos, que Cristo contemple este deseo de nuestra mente y de nuestra fe, ya que tanto mayor será el premio de su amor, cuanto mayor sea nuestro deseo de él.

jueves, 24 de noviembre de 2022

La fortaleza de los mártires

 De la carta de san Pablo Le-Bao-Tinh a los alumnos del seminario de Ke-Vinh, enviada el año mil ochocientos cuarenta y tres.

Yo, Pablo, encarcelado por el nombre de Cristo, os quiero explicar las tribulaciones en que me veo sumergido cada día, para que, enfervorizados en el amor a Dios, alabéis conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Esta cárcel es un verdadero infierno: a los crueles suplicios de toda clase, como son grillos, cadenas de hierro y ataduras, hay que añadir el odio, las venganzas, las calumnias, palabras indecentes, peleas, actos perversos, juramentos injustos, maldiciones y, finalmente, angustias y tristeza. Pero Dios, que en otro tiempo libró a los tres jóvenes del horno de fuego, está siempre conmigo y me libra de estas tribulaciones y las convierte en dulzura, porque es eterna su misericordia.
En medio de estos tormentos, que aterrorizarían a cualquiera, por la gracia de Dios estoy lleno de gozo y alegría, porque no estoy solo, sino que Cristo está conmigo.
Él, nuestro maestro, aguanta todo el peso de la cruz, dejándome a mí solamente la parte más pequeña e insignificante. Él, no sólo es espectador de mi combate, sino que toma parte en él, vence y lleva a feliz término toda la lucha. Por esto en su cabeza lleva la corona de la victoria, de cuya gloria participan también sus miembros.
¿Cómo resistir este espectáculo, viendo cada día cómo los emperadores, los mandarines y sus cortesanos blasfeman tu santo nombre, Señor, que te sientas sobre querubines y serafines? ¡Mira, tu cruz es pisoteada por los paganos! ¿Dónde está tu gloria? Al ver todo esto, prefiero, encendido en tu amor, morir descuartizado, en testimonio de tu amor.
Muestra, Señor, tu poder, sálvame y dame tu apoyo, para que la fuerza se manifieste en mi debilidad y sea glorificada ante los gentiles, ya que, si llegara a vacilar en el camino, tus enemigos podrían levantar la cabeza con soberbia.
Queridos hermanos, al escuchar todo esto, llenos de alegría, tenéis que dar gracias incesantes a Dios, de quien procede todo bien; bendecid conmigo al Señor, porque es eterna su misericordia. Proclame mi alma la grandeza del Señor, se alegre mi espíritu en Dios, mi salvador; porque ha mirado la humillación de su siervo y desde ahora me felicitarán todas las generaciones futuras, porque es eterna su misericordia.
Alabad al Señor, todas las naciones, aclamadlo, todos los pueblos, porque lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar el poder, y lo despreciable, lo que no cuenta, lo ha escogido Dios para humillar lo elevado. Por mi boca y mi inteligencia humilla a los filósofos, discípulos de los sabios de este mundo, porque es eterna su misericordia.
Os escribo todo esto para que se unan vuestra fe y la mía. En medio de esta tempestad echo el ancla hasta el trono de Dios, esperanza viva de mi corazón.
En cuanto a vosotros, queridos hermanos, corred de manera que ganéis el premio, haced que la fe sea vuestra coraza y empuñad las armas de Cristo con la derecha y con la izquierda, como enseña san Pablo, mi patrono. Más os vale entrar tuertos o mancos en la vida que ser arrojados fuera con todos los miembros.
Ayudadme con vuestras oraciones para que pueda combatir como es de ley, que pueda combatir bien mi combate y combatirlo hasta el final, corriendo así hasta alcanzar felizmente la meta; en esta vida ya no nos veremos, pero hallaremos la felicidad en el mundo futuro, cuando, ante el trono del Cordero inmaculado, cantaremos juntos sus alabanzas, rebosantes de alegría por el gozo de la victoria para siempre. Amén.

miércoles, 23 de noviembre de 2022

Dos más dos son cuatro

"Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán a causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas».
Si bien en estos últimos días del año litúrgico las lecturas nos van llamando la atención con todas las profecías del fin de los tiempos, nunca el Señor nos pide que temamos frente a lo que puede venir, sino que, al contrario, profundicemos en nuestra entrega y, sobre todo, que perseveremos en el Camino que iniciamos junto a Él, pues "nuestra perseverancia nos permitirá salvar nuestras almas".
Y, aquí vemos que la salvación será por una perseverancia personal, es decir, si somos fieles a la Vida que Él nos ha dado y nos pide vivir. La Vida que Jesús nos dio desde la Cruz es la Vida que tenemos que seguir conservando, madurando y viviendo cada día. Perseverar nos es estancarse y quedarse dormido en el sofá sabiendo que ya todo está hecho, sino que es una perseverancia constante en la fidelidad a la Voluntad de Dios, pero sabiendo que a pesar de que en algunos momentos sea difícil seguir, Él siempre nos dará una Mano para seguir.
A veces, creo, que creemos que no hace falta que yo haga un buen trabajo, que tome un buen camino, que sea fiel en el llamado de Dios, pues habrá otros que se entreguen y recen por mí, por mi salvación. Y ahí está el error de muchos. La salvación de mi alma se dará si yo soy perseverante.
La oración de mis hermanos ayudará a purificar, el día de mañana, mi alma para poder alcanzar el Cielo, pero la salvación o no sólo depende de mi perseverancia en la Voluntad de Dios. Porque si durante mi vida no busqué Su Voluntad, no seguí sus Caminos, no viví en santidad... pues, dos más dos son cuatro.

 

martes, 22 de noviembre de 2022

No son solo piedras hermosas

"En aquel tiempo, como algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra caliza y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Muchas veces nos quedamos contemplando lo externo del templo, o de nuestra vida, o de nuestro cuerpo, pero pocas veces contemplamos lo que está por dentro y lo que es lo que estamos contemplando o lo que puede llegar a ser o que llegaría a ser si lo contempláramos de verdad.
El Templo de Jerusalen a los pocos años quedó destruido, no quedó piedra sobre piedra, salvo sus cimientos que son los que hoy se contemplan y veneran como el Muro de los lamentos.
A veces, nuestras vidas quedan igual: sólo queda lo externo y nada más, porque no hemos tenido tiempo para fortalecer lo interior, el espíritu, nuestras capacidades espirituales que le den sentido a lo que vivimos, sea malo o bueno, y sólo nos dedicamos a perfeccionar lo intelectual y, en algunos casos, sólo lo que se ve, el cuerpo.
Pero, lamentablemente, siempre llegan las guerras externas o internas que nos quitan la paz, la alegría, la esperanza, etc., y hacen tambalear toda la estructura de mi vida, hasta tal punto que algunos llegan a quitarse la vida por no tener ya sentido para seguir luchando.
El Señor nos habla muchas veces de estas luchas internas y de las luchas que tenemos que hacer frente al mal, pero también nos habla de la maldad de las personas que nos las que ponen piedras en nuestros caminos para hacernos caer sin levantarnos. No siempre el alma humana tiene la fortaleza necesaria para levantarse de todas las caídas, por eso mismo, es Él quien nos pide que fortalezcamos el interior y no nos quedamos solamente contemplando lo externo, que puede ser muy bello y hermoso, pero no es lo que sostiene mi vida.
Busquemos siempre un tiempo para madurar, fortalecer nuestro espíritu son Su Gracia, con Su Amor, para que siempre podamos levantarnos, incluso de nuestras propias caídas, y seguir luchando, seguir insistiendo en el camino de la santidad.

lunes, 21 de noviembre de 2022

Excusas para no dar

«En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
No pensemos en este evangelio en dinero, sino que pensemos en tiempo, en valores, en bienes espirituales, porque también son esos bienes los que los demás necesitan de nosotros, los que el mundo necesita, los que la ilgesia necesita.
Muchas veces nos quejamos que en la iglesia no hay gente que se comprometa, que esté ayudando en esto o en aquello, pero ¿yo qué es lo que estoy dando a la iglesia para que sea más comunidad? ¿Qué estoy dando para que haya más catequistas o agentes de la salud o monitores de jóvenes o adolescentes?
Es fácil estar en la acera de enfrente y cuestionar o criticar a los que están haciendo algo dentro de la comunidad, ya sea civil o religiosa, pero cuando me piden que ayude en ésto o aquello: "no tengo tiempo", "tengo a los hijos", "tengo el trabajo", "tengo... excusas".
Y así es, por Gracia de Dios, todavía siguen estando esas personas que, como la viuda del evangeliio, dan no sólo algo sino, muchas veces, mucho más de lo que pueden. Son aquellas personas que, como María, pueden ver que falta vino y hacen el milagro de sacar tiempo de sus casas para ayudar, para dar una mano, para acompañar, para educar, para limpiar.
Jesús no sólo habla del dinero que esa viuda entregó al templo, sino que nos anima y nos pide que seamos generosos con todos los bienes que se nos han dado, para sepamos repartirlos y que no nos quedemos, solamente, mirando cómo otros gastan su tiempo y vida para que nosotros podamos estar mejor.
La generosidad no es sólo para quienes quiero, porque si damos a quienes queremos ¿qué mérito tenemos? eso también lo hacen los paganos. Pero si damos de lo que no tenemos ¡eso sí es mérito!
No dejemos que la apatía y la pereza nos ganen, sino que venciendo a las excusas podamos ser generosos con nuestros bienes materiales y espirituales para seguir formando y construyendo un mejor mundo entre nosotros.

sábado, 19 de noviembre de 2022

Me saciaré de tu Semblante

De las Conferencias de santo Tomás de Aquino, presbítero

Adecuadamente termina el Símbolo, resumen de nuestra fe, con aquellas palabras: «La vida perdurable. Amén.» Porque esta vida perdurable es el término de todos nuestros deseos.
La vida perdurable consiste primariamente en nuestra unión con Dios, ya que el mismo Dios en persona es el premio y el término de todas nuestras fatigas: Yo soy tu escudo y tu paga abundante. Esta unión consiste en la visión perfecta: Al presente vemos a Dios como en un espejo y borrosamente. Entonces lo veremos cara a cara.
También consiste en la suprema alabanza, como dice el profeta: Allí habrá gozo y alegría, con acción de gracias al son de instrumentos.
Consiste asimismo en la perfecta satisfacción de nuestros deseos, ya que allí los bienaventurados tendrán más de lo que deseaban o esperaban. La razón de ello es porque en esta vida nadie puede satisfacer sus deseos, y ninguna cosa creada puede saciar nunca el deseo del hombre: sólo Dios puede saciarlo con creces, hasta el infinito; por esto el hombre no puede hallar su descanso más que en Dios, como dice san Agustín: «Nos has hecho para ti, Señor, y nuestro corazón no hallará reposo hasta que descanse en ti.»
Los santos, en la patria celestial, poseerán a Dios de un modo perfecto, y por esto sus deseos quedarán saciados y tendrán más aún de lo que deseaban. Por esto dice el Señor: Entra en el gozo de tu Señor. Y san Agustín dice: «Todo el gozo no cabrá en todos, pero todos verán colmado su gozo. Me saciaré de tu semblante»; y también: «Él sacia de bienes tus anhelos.»
Todo lo que hay de deleitable se encuentra allí superabundantemente. Si se desean los deleites, allí se encuentra el supremo y perfectísimo deleite, pues procede de Dios, sumo bien: Alegría perpetua a tu derecha.
La vida perdurable consiste también en la amable compañía de todos los bienaventurados, compañía sumamente agradable, ya que cada cual verá a los demás bienaventurados participar de sus mismos bienes. Todos, en efecto, amarán a los demás como a sí mismos, y por esto se alegrarán del bien de los demás como del suyo propio. Con lo cual, la alegría y el gozo de cada uno se verán aumentados con el gozo de todos.

viernes, 18 de noviembre de 2022

El misterio de Cristo en nosotros

Del Tratado de san Juan Eudes, presbítero, Sobre el reino de Jesús

    Debemos continuar y completar en nosotros los estados y misterios de la vida de Cristo, y suplicarle con frecuencia que los consume y complete en nosotros y en toda su Iglesia.
    Porque los misterios de Jesús no han llegado todavía a su total perfección y plenitud. Han llegado ciertamente a su perfección y plenitud en la persona de Jesús, pero no en nosotros, que somos sus miembros, ni en su Iglesia, que es su cuerpo místico. El Hijo de Dios quiere comunicar y extender en cierto modo y continuar sus misterios en nosotros y en toda su Iglesia, ya sea mediante las gracias que ha determinado otorgarnos, ya mediante los efectos que quiere producir en nosotros a través de estos misterios. En este sentido quiere completarlos en nosotros.
    Por esto san Pablo dice que Cristo halla su plenitud en la Iglesia y que todos nosotros contribuimos a su edificación y a la edad de Cristo en su plenitud, es decir, a aquella edad mística que él tiene en su cuerpo místico, y que no llegará a su plenitud hasta el día del juicio. El mismo Apóstol dice, en otro lugar, que él va completando las tribulaciones que aún le quedan por sufrir con Cristo en su carne mortal.
    De éste modo el Hijo de Dios ha determinado consumar y completar en nosotros todos los estados y misterios de su vida. Quiere llevar a término en nosotros los misterios de su encarnación, de su nacimiento, de su vida oculta, formándose en nosotros y volviendo a nacer en nuestras almas por los santos sacramentos del bautismo y de la sagrada eucaristía, y haciendo que llevemos una vida espiritual e interior, oculta con él en Dios.
    Quiere completar en nosotros el misterio de su pasión, muerte y resurrección, haciendo que suframos, muramos y resucitemos con él y en él.. Finalmente, completará en nosotros su estado de vida gloriosa e inmortal cuando haga que vivamos con él y en él una vida gloriosa y eterna en el cielo. Del mismo modo quiere consumar y completar los demás estados y misterios de su vida en nosotros y en su Iglesia, haciendo que nosotros los compartamos y participemos de ellos, y que en nosotros sean continuados y prolongados.
    Según esto, los misterios de Cristo no estarán completos hasta el final de aquel tiempo que él ha destinado para la plena realización de sus misterios en nosotros y en la Iglesia, es decir, hasta el fin. del mundo.
 

miércoles, 16 de noviembre de 2022

El corazón del justo se gozará en el Señor

De los Sermones de san Agustín, obispo

    El justo se alegra con el Señor, espera en él, y se felicitan los rectos de corazón. Esto es lo que hemos cantado con la boca y el corazón. Tales son las palabras que dirige a Dios la mente y la lengua del cristiano: El justo se alegra, no con el mundo, sino con el Señor. Amanece la luz para el justo -dice otro salmo-, y la alegría para los rectos de corazón. Te preguntarás el porqué de esta alegría. En un salmo oyes: El justo se alegra con el Señor, y en otro: Sea el Señor tu delicia, y él te dará lo que pide tu corazón.
    ¿Qué se nos quiere inculcar? ¿Qué se nos da? ¿Qué se nos manda? ¿Qué se nos otorga? Que nos alegremos con el Señor. ¿Quién puede alegrarse con algo que no ve? ¿O es que acaso vemos al Señor? Esto es aún sólo una promesa. Porque mientras vivimos estamos desterrados lejos del Señor y caminamos sin verlo, guiados por la fe. Guiados por la fe, no por la clara visión. ¿Cuándo llegaremos a la clara visión? Cuando se cumpla lo que dice Juan: Queridos hermanos, ahora somos hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que, cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es.
    Entonces será la alegría plena y perfecta, entonces el gozo completo, cuando ya no tendremos por alimento la leche de la esperanza, sino el manjar sólido de la posesión. Con todo, también ahora, antes de que esta posesión llegue a nosotros, antes de que nosotros lleguemos a esta posesión, podemos alegrarnos ya con el Señor. Pues no es poca la alegría de la esperanza, que ha de convertirse luego en posesión.
    Ahora amamos en esperanza. Por esto dice el salmo que el justo se alegra con el Señor. Y añade en seguida, porque no posee aún la clara visión: y espera en él.
    Sin embargo, poseemos ya desde ahora las primicias del Espíritu, que son como un acercamiento a aquel a quien amamos, como una previa gustación, aunque tenue, de lo que más tarde hemos de comer y beber ávidamente.
    ¿Cuál es la explicación de que nos alegremos con el Señor, si él está lejos? Pero en realidad no está lejos. Tú eres el que hace que esté lejos. Ámalo y se te acercará; ámalo y habitará en ti. El Señor está cerca. No os inquietéis por cosa alguna. ¿Quieres saber en qué medida está en ti, si lo amas? Dios es amor.
    Me dirás: «¿Qué es el amor?» El amor es el hecho mismo de amar. Ahora bien, ¿qué es lo que amamos? El bien inefable, el bien benéfico, el bien creador de todo bien. Sea él tu delicia, ya que de él has recibido todo lo que te deleita. Al decir esto, excluyo el pecado, ya que el pecado es lo único que no has recibido de él. Fuera del pecado, todo lo demás que tienes lo has recibido de él.

martes, 15 de noviembre de 2022

Si no vigilas...

"Esto dice el que tiene los siete espíritus de Dios y las siete estrellas: Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Sé vigilante y reanima lo que te queda y que estaba a punto de morir, pues no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios. Acuérdate de cómo has recibido y escuchado mi palabra, y guárdala y conviértete".
Aunque comience con esta frase del libro del Apocalipsis habría que volver a copiar todo, porque todo lo que dice lo podemos seguir meditando todos los días, pues el ritmo de vida que llevamos nos "ayuda" a dejar de pensar en lo que debemos hacer en función de quienes somos, y vamos perdiendo el fuego del Amor Primero, y nos vamos convirtiendo en cristianos tibios que no hacen mella en el mundo. Creemos, en gran parte, que nuestra tibieza nos alcanza para salvar el alma, pero esa tibieza no basta para cumplir la misión que tenemos como hijos de Dios.
"Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca".
En muchos casos nos hemos contentado con el "cumplir" los requisitos de algunas cosas de la vida cristiana, y nos hemos quedado tranquilos sabiendo que cumplimos con esto o con aquello, pero, en realidad nuestra vida, nuestro compromiso con el Evangelio no es lo que el mundo necesita hoy, ni tan siquiera lo que Dios nos está pidiendo, pues hemos caído en que "sean otros los que vivan esa radicalidad", que sean otros los que tengan que entregarse, a mí Dios eso no me lo pide. Y así voy enriqueciéndome con las Gracias sino usarlas para lo que Dios realmente quiere:
"Porque dices: 'Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada'; y no sabes que tú eres desgraciado, digno de lastima, pobre, ciego y desnudo. Te aconsejo que me compres oro acrisolado al fuego el fuego para que te enriquezcas; y vestiduras blancas para que te vistas y no aparezca la vergüenza de tu desnudez; y colirio para untarte los ojos a fin de que veas".
Sí, que veamos lo que realmente debemos hacer. Que veamos lo que realmente Dios nos pide para ser Fieles a la Vida que Él nos ha dado y que nos pide vivir. Porque somos ciegos ante el mundo o, mejor dicho, somos ciegos ante la Palabra de Dios, y dejamos nuestros ojos para ver cómo poder esquivar la Voluntad de Dios y seguir con mi vida a dos bandos: mundo y Dios, cumpliendo con Dios y viviendo los ideales del mundo.
"Si no vigilas, vendré como ladrón y no sabrás a qué hora vendré sobre ti".

lunes, 14 de noviembre de 2022

Perdimos el Amor Primero

«¿Qué quieres que haga por ti?».
Él dijo: «Señor, que recobre la vista».
Jesús le dijo: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado».
Y enseguida recobró la vista y lo seguía, glorificando a Dios".
Hoy en día hay muchos ciegos que creen que ven pero no ven, porque no ven lo que Dios les está pidiendo y no ven lo que tienen que hacer, y, sobre todo, no escuchan cuando alguien le dice que no están viendo el buen camino, que se han olvidado de la Voluntad de Dios y que van por un camino que los lleva lejos de lo que Dios quiere.
Hay muchos que se creen que lo que están viendo es la verdad y van detrás de molinos de viento que ellos mismos se han construido creyendo que podrán contra todo y, sobre todo, que podrán edificar otros molinos mejores. Y así siguen caminando en su error sin detenerse a escuchar o a pedir ayuda para poder mirar mejor.
Y en esto hay una frase del libro del apocalipsis que me ilumina y me ayuda a buscar siempre quien me ayude a ver, porque, muchas veces, en el camino de querer ser los mejores perdemos de vista lo esencial de nuestras vidas:
"Conozco tus obras, tu fatiga, tu perseverancia, que no puedes soportar a los malvados, y que has puesto a prueba a los que se llaman apóstoles, pero no lo son, y has descubierto que son mentirosos. Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras".
Nos esforzamos tanto por ser los mejores, a veces por querer ser mejores que nuestros formadores y maestros, y, otras tantas por querer alcanzar "puestos" y "lugares" de importancia que nos olvidamos del "Amor Primero", de lo que realmente nos enamoró y de lo que habíamos comenzado a vivir con el Amor de Dios.
Al poner delante nuestro nuestros propios fines y buscar solamente honores humanos, nos fuimos olvidando del Amor Primero, nos fuimos olvidando del por qué y del para qué, y sobre todo, nos fuimos olvidando de consultar a Dios y perdimos el fuego del Amor Primero por el que nos habíamos decido a ser instrumentos de Dios en la construcción de un Hombre Nuevo, de un Mundo Nuevo, y, ahora, tenemos que pedir como aquél ciego que nos ayude, el Señor, a ver cómo convertirnos y volver a ser lo que Él quiere y no lo que nosotros anhelamos.


domingo, 13 de noviembre de 2022

Que nadie os engañe

    Él dijo: «Mirad que nadie os engañe. Porque muchos vendrán en mi nombre diciendo: “Yo soy”, o bien: “Está llegando el tiempo”; no vayáis tras ellos.
    “Mirad que nadie os engañe”, nos dijo el Señor pensando que iríamos detrás de falsos dioses, o que nos engañarían diciéndonos que ahí está Jesús. Pero no, nadie nos engaña, sino que sabemos bien lo que hacemos. ¿A qué me refiero? A que no son pocos los cristianos que van detrás de otros dioses, o de otras filosofías o morales que no son las cristianas. ¿Qué pueden ser buenas? Nadie lo discute, pero ¿son de Dios?
    Y esa es la pregunta que. nos tenemos que hacer ¿es de Dios que yo practique tal o cual filosofía o adhiera a tal o cual religión? ¿Es de Dios que me incline a practicar tal o cual actividad que no me lleva a Cristo? ¿Dónde o cuándo me hago esa pregunta que es fundamental para mi vida de cristiano: es de Dios, es Su Voluntad?
    Simplemente me dejo llevar por la moda: hoy está de moda hacer esto, mañana se pone de moda hacer lo otro, y como pluma que lleva el viento, los cristianos nos dejamos llevar como lo hacemos con la Voluntad de Dios. Creo que, si en el Evangelio nos dijera podéis ir a hacer tal o cual filosofía o practicar tal o cual rito (que ya lo estoy haciendo, aunque no sea católico) no lo haríamos, pero como lo hacen todos…
    Somos demasiado fáciles para dejarnos convencer por lo que no es del Evangelio, y, sin embargo, por el Evangelio no movemos ni un dedo. Siempre tenemos tiempo y dinero (quizás) para cosas que no son cristianas, pero para lo cristiano o para la vida espiritual siempre es una pérdida de tiempo.
    ¡Que’ bichos raros que somos los cristianos! Y, perdonarme, más los católicos.
    Sí, somos más raros los católicos, porque en otras confesiones cristianas se es más estricto y radical en el estilo de vida que en nosotros, ¿por qué? Porque saben que lo que dice Dios (como se dice) ¡va a misa! pero ¡no que va! nosotros ni a misa vamos.