sábado, 31 de octubre de 2020

Cuan bueno es, Señor, tu Espíritu

Del Diálogo de santa Catalina de Siena, virgen, Sobre la divina providencia

    El Padre eterno puso, con inefable benignidad, los ojos de su amor en aquella alma y empezó a hablarle de esta manera:
    «¡Hija mía muy querida! Firmísimamente he determinado usar de misericordia para con todo el mundo y proveer a todas las necesidades de los hombres. Pero el hombre ignorante convierte en muerte lo que yo le doy para que tenga vida, y de este modo se vuelve en extremo cruel para consigo mismo. Pero yo, a pesar de ello, no dejo de cuidar de él, y quiero que sepas que todo cuanto tiene el hombre proviene de mi gran providencia para con él. Y así, cuando por mi suma providencia quise crearlo, al contemplarme a mí mismo en él, quedé enamorado de mi creatura y me complací en crearlo a mi imagen y semejanza, con suma providencia. Quise, además, darle memoria para que pudiera recordar mis dones, y le di parte en mi poder de Padre eterno.
    Lo enriquecí también al darle inteligencia, para que en la sabiduría de mi Hijo comprendiera y conociera cuáles mi voluntad, pues yo, inflamado en fuego intenso de amor paternal, creo toda gracia y distribuyo todo bien. Di también al hombre la voluntad, para que pudiera amar y así tuviera parte en aquel amor que es el mismo Espíritu Santo; así le es posible amar aquello que con su inteligencia conoce y contempla.
    Esto es lo que hizo mi inefable providencia para con el hombre, para que así el hombre fuese capaz de entenderme, gustar de mí y llegar así al gozo inefable de mi contemplación eterna. Pero, como ya te he dicho otras muchas veces, el cielo estaba cerrado a causa de la desobediencia de vuestro primer padre, Adán; por esta desobediencia vinieron y siguen viniendo al mundo todos los males.
    Pues bien, para alejar del hombre la muerte causada por, su desobediencia, yo, con gran amor, vine en vuestra ayuda, entregándoos con gran providencia a mi Hijo unigénito, para socorrer, por medio de él, vuestra necesidad. Y a él le exigí una gran obediencia, para que así el género humano se viera libre de aquel veneno con el cual fue infectado el mundo a causa de la desobediencia de vuestro primer padre. Por eso, mi Hijo unigénito, enamorado de mi voluntad, quiso ser verdadera y totalmente obediente y se entregó, con toda prontitud, a la muerte afrentosa de la cruz y con esta santísima muerte os dio a vosotros la vida, no con la fuerza de su naturaleza, humana, sino con el poder de su divinidad.»
 

jueves, 29 de octubre de 2020

Una lucha constante

"Por eso, tomad las armas de Dios para poder resistir en el día malo y manteneros firmes después de haber superado todas las pruebas. Estad firmes; ceñid la cintura con la verdad, y revestid la coraza de la justicia; calzad los pies con la prontitud para el evangelio de la paz. Embrazad el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del maligno. Poneos el casco de la salvación y empuñad la espada del Espíritu que es la palabra de Dios.
Siempre en oración y súplica, orad en toda ocasión en el Espíritu, velando juntos con constancia, por todos los santos".
San Pablo, hablándole a los Efesios, les hace una fuerte advertencia sobre los peligros que corren los santos, es decir, los que formamos la comunidad de los creyentes en Cristo, que hemos sido santificados por el Espíritu el día de nuestro bautismo. Pero no les habla de los peligros del mundo, sino de los peligros del espíritu, es decir de las tentaciiones que podemos llegar a tener en nuestra vida. Tentaciones que vienen por el Príncipe de este mundo que quiere destruir la obra de Dios, y, por eso, busca que los que creen en Él dejen de creer y sigan por el camino del mal o por el camiino sin Dios.
Claro está que no siempre vamos a conocer las armas con las que Satanás entra en guerra con nosotros, pero sí, como nos habla san Pablo, conocemos las armas con las que podemos fortalecer nuestro espíritu para estar siempre atentos y preparados para no caer en las tentaciones que se nos presentan.
También es cierto que no sólo está Satanás tentándonos para dejar de vivir en la Voluntad de Dios, sino también, nuestro YO humano, constantemente nos está pidiendo que nos dejemos seducir por nuestros propios instintos, por eso, también, tenemos que ser constantes en la lucha que tenemos en nuestro interior, como dice san Pablo: entre la carne y el espíritu, entre el espíritu y la carne; porque sabemos qué es lo que debemos hacer, pero no siempre hacemos lo que debemos sino lo que queremos. Y ahí hay una gran lucha interior, que tenemos que pasar cada día si en verdad queremos vivir en santidad como el Señor nos pide.
Esa lucha interior es la que tenemos que vivir todos los días para que busquemos y podamos hacer la Voluntad de Dios y no la nuestra. Porque estamos acostumbrados a hacer lo que nos parece y no a buscar lo que debemos hacer. Nos dejamos llevar por la rueda de la rutina diaria y no nos preguntamos si todo lo que queremos hacer es lo que Dios quiere que hagamos, sino que "como siempre lo hice así", lo sigo haciendo y ¡chau! ya estoy contento porque no haga nada malo.
Pero sí, estoy haciendo algo malo porque no he preguntado si es Voluntad de Dios que lo haga. Por eso, es necesario que vuelva a entrar en la dinámica de la oración matutina para que sea el Espíritu Santo quien me ayude a ver, y, sobre todo, poder consagrarle al Señor mi día desde que comienza hasta que termina, y asegurarme así su Gracia para ser Fiel a la Vida que tengo que vivir en este día.

 

miércoles, 28 de octubre de 2020

Me eligió para hacer Su Voluntad

"En aquellos días, Jesús salió al monte a orar y pasó la noche orando a Dios.
Cuando se hizo de día, llamó a sus discípulos, escogió de entre ellos a doce, a los que también nombró apóstoles".
Dos cosas me hace pensar este texto de la elección de los apóstoles: primero la necesidad que tenía Jesús de estar orando toda la noche para hacer algo que iba a ser importante, no sólo para él, sino para todo el mundo; segundo, que habiendo orado es Él quien elige a los que van a llevar Su Palabra a todo el mundo.
Volvamos a lo primero: la oración. Alguna vez lo he compartido y lo vuelvo a decir: si el Hijo de Dios, que es Dios, necesita pasar toda la noche orando para tomar una gran decisión ¿por qué no lo hacemos también nosotros cuando tenemos que tomar decisiones en nuestra vida? No es que tengamos que elegir a los apóstoles de nuestra vida, sino que cuando tenemos que decidir algo, tendríamos que ponernos a orar para saber cuál es la Voluntad de Dios para llevarla a cabo. Jesús no creo que haya orado para saber cuál de todos los discípulos tenía que elegir, sino para que Su Padre, que era quien le había pedido llevar a cabo esa Misión, le dijera qué era lo que tenía que hacer.
Todas nuestras decisiones diarias tienen que estar sostenidas por nuestra oración, porque todas las decisiones, tendrían que estar apuntando a la Gran Decisión: mi santidad, buscar la Voluntad de Dios para mi vida. ¿Por qué sostenidas por la oración? Porque lo primero que nos surge como hombres son los instintos o la rutina: hago lo que quiero o lo que siempre se ha hecho. En cambio me tengo que preguntar ¿cuál es la voluntad de Dios para mi vida y para este día? Y así, voy consagrando todos los días a la Gracia de Dios, y Él me va dando su Gracia para que mi vida alcance su plenitud en la santidad.
Sobre todo por una razón especial, la segunda cosas: no soy yo quien lo ha elegido a Él, sino que Él me ha elegido a mí para vaya y de fruto y ese fruto sea duradero. Por eso, al decirle que Sí al llamado de Dios, entonces mi vida tiene que estar en consonancia con Su Voluntad, pues he decidio seguirlo y vivir como Él, por eso me ha dado el Espíritu del Hijo y me llamo cristiano, para vivir como el Hijo.
Desde esa opción fundamental de seguir a Cristo y vivir en santidad, tengo que plantearme todas las opciones particulares de mi vida. Ya no será hago lo que quiero o tengo ganas, sino que buscaré en cada momento cuál es la Voluntad del Padre, para alcanzar lo que Él quiere de mí, y dar testimonio de vida a todos los hermanos, que eso es hacer apostolado, y por eso somos apóstoles de la Vida Nueva que nos ha dado Cristo.

 

martes, 27 de octubre de 2020

Conoces el Reino de los Cielos?

"En aquel tiempo, decía Jesús:
«¿A qué es semejante el reino de Dios o a qué lo compararé?"
¿Qué podemos decir nosotros acerca del Reino de Dios? ¿Cón qué lo podemos comparar? Si nos hicieran esa pregunta ¿qué responderíamos? Y si nos preguntaran cómo es un cristiano ¿podríamos decir como le dijo Jesús a los discípulos: vengan y vean? Mirad mi vida y veréis cómo es un discípulo de Cristo...
Uff!!! me falta mucho para poder decir eso. Aún no he dejado de lado mi yo para que pueda vivir Cristo en mí, como dice san Pablo. Pero tampoco es que no viva nada... pero, creo que nos costaría mucho pensar o tener que decir: miradme y veréis cómo es un discípulo de Cristo.
Creo que aún tenemos un cierto miedo de sentrinos modelos de vida para los demás, o, sobre todo, una cierta vergüenza porque no somos totalmente fieles al Evangelio. Y, creo, que tampoco nos hemos puesto a pensar cómo sería vivir intensamente el evangelio en nuestras vidas, o pensar cómo sería el Reino de los Cielos si viviéramos intensamente el evangelio. O cómo me gustaría que sea el Reino de los Cielos aquí en la tierra.
Sí, estoy un poco liado con esto. Pero son cosas que me han surgido, y ya sabeís que lo que va surgiendo lo voy poniendo por escrito. Y me resulta interesante que nos hagamos estas preguntas, porque nosotros, tú y yo, somos testigos de cristo, somos evangelizadores, somos discípulos a los que se les ha encomendado la tarea de llevar la Buena Noticia hasta el fin del mundo, y ¿cómo transmitimos esa Buena Noticia si nosotros no la vivimos? ¿Cómo invitamos a los demás a vivir algo que nosotros no vivimos? ¿Qué podemos decir para que los demás se den cuenta que este Camino es el que lleva a la plenitud del ser, el que da Vida a nuestra vida?
Sí, podemos hablar muchas cosas, si es que hemos aprendido algo. Podemos recitar muchos versículos de la Biblia y narrar la anunciación y el nacimiento, la Pasión y la Resurrección, pero... ¿servirá eso para que otros busquen el Camino de Cristo? ¿Servirá para que se encuentren con Cristo o quieran encontrarse con Él?
Yo creo que cuando Jesús le contaba a la gente acerca del Padre, del Reino y de la Vida eterna, lo hacía con fuerza en sus palabras, no porque Él tuviera autoridad sino porque Él conocía y sabía de lo que hablaba: Él tenía el Reino en su corazón, pues Él es el Reino de Dios. El hablaba con autoridad sobre el Padre porque lo conocía, porque hablaba con Él, porque lo escuchaba, porque lo amaba y le obedecía.
Él hablaba del Reino con convicción porque sabía de dónde venía y a dónde volvía, y quería que aquello que Él había vivido con el Padre y el Espíritu lo podamos vivir nosotros, entre nosotros, aquí en la tierra. Si no ¿por qué nos dijo que pidiéramos todos los días: venga a nosotros Tu Reino? No puede habernos dicho eso si no es algo bueno para nosotros, y por eso nos ha pedido que para poder ganar el Reino debemos renunciar a nosotros mismos, y dejarnos conducir por Su Palabra y la Voluntad del Padre.

 

lunes, 26 de octubre de 2020

No nos apartemos nunca de la voluntad de Dios

De la carta de san Clemente primero, papa, a los Corintios

    Vigilad, amadísimos, no sea que los innumerables beneficios de Dios se conviertan para nosotros en motivo de condenación por no tener una conducta digna de Dios y por no realizar siempre en mutua concordia lo que le agrada. En efecto, dice la Escritura: El Espíritu del Señor es como una lámpara que sondea lo más íntimo de las entrañas.
    Consideremos cuán cerca está de nosotros y cómo no se le oculta ninguno de nuestros pensamientos ni de nuestras palabras. Justo es, por tanto, que no nos apartemos nunca de su voluntad. Vale más que ofendamos a hombres necios e insensatos, soberbios y engreídos en su hablar, que no a Dios.
    Veneremos al Señor Jesús, cuya sangre fue derramada por nosotros; respetemos a los que dirigen nuestras comunidades, honremos a nuestros presbíteros, eduquemos a nuestros hijos en el temor de Dios, encaminemos a nuestras esposas por el camino del bien. Que ellas sean dignas de todo elogio por el encanto de su castidad, que brillen por la sinceridad y por su inclinación a la dulzura, que la discreción de sus palabras manifieste a todos su recato, que su caridad hacia todos sea patente a cuantos temen a Dios, y que no hagan acepción alguna de personas.
    Que vuestros hijos sean educados según Cristo, que aprendan el gran valor que tiene ante Dios la humildad y lo mucho que aprecia Dios el amor casto, que comprendan cuán grande sea y, cuán hermoso el temor de Dios y cómo es capaz de salvar a los que se dejan guiar por él, con toda pureza de conciencia. Porque el Señor es escudriñador de nuestros pensamientos y de nuestros deseos, y su Espíritu está en nosotros, pero cuando él quiere nos lo puede retirar. Todo esto nos lo confirma nuestra fe cristiana, pues el mismo Cristo es quien nos invita, por medio del Espíritu Santo, con estas palabras: Venid, hijos, escuchadme: os instruiré en el temor del Señor; ¿hay alguien que ame la vida y desee días de prosperidad? Guarda tu lengua del mal, tus labios de la falsedad; apártate del mal, obra el bien, busca la paz y corre tras ella.
    El Padre de todo consuelo y de todo amor tiene entrañas de misericordia para con todos los que lo temen y en su entrañable condescendencia reparte sus dones a cuantos a él se acercan con un corazón sin doblez. Por eso, huyamos de la duplicidad de ánimo y que nuestra alma no se enorgullezca nunca al verse honrada con la abundancia y riqueza de los dones del Señor.
 

domingo, 25 de octubre de 2020

Transmitir la experiencia

Según el evangelio podría volver a hablar del mandamiento del amor, pero me ha parecido más interesante, por lo menos para mí, este párrafo de la carta de san Pablo:
"No solo ha resonado la palabra del Señor en Macedonia y en Acaya desde vuestra comunidad, sino que además vuestra fe en Dios se ha difundido por doquier, de modo que nosotros no teníamos necesidad de explicar nada, ya que ellos mismos cuentan los detalles de la visita que os hicimos: cómo os convertisteis a Dios abandonando los ídolos, para servir al Dios vivo y verdadero, y vivir aguardando la vuelta de su Hijo Jesús desde el cielo, a quien ha resucitado de entre los muertos y que nos libra del castigo futuro".
La transmisión de la fe no se tiene que dar sólo porque los curas, las monjas y los obispos, la predican en la iglesia, sino porque los cristianos la comparten en sus propios lugares, sin miedo de ponerse a hablar de su experiencia de Dios, de sus reflexiones acerca de la Palabra de Dios, de lo que han escuchado (también) en misa... Si cuando nos juntamos a tomar un café o una cerveza, o en algún lugar pudiéramos hablar más de nuestra experiencia de Dios, creo que no tendríamos tiempo para criticar a los demás, sino que nos ayudaría a crecer y a divulgar más nuestra fe.
Pablo se ha asombrado de esa transmisión de la fe que hicieron los propios miembros de la comunidad, porque, claro, cuando algo te llena el corazón y te hace sentir el gozo de haber encontrado un gran tesoro, no puedes no compartirlo, no puedes dejar de hablar de lo que has sentido y de lo que sientes, y de lo que eso puede ser para tu vida.
Y, quizás, sí, nos falte a nosotros, aún, esa experiencia viva y verdadera del encuentro con el Señor. No hemos llegado a tocar lo profundo del corazón y por eso no tenemos la necesidad de compartir, pues no hemos sentido a Dios en nuestro corazón. ¿Qué compartir si no hemos experimentado nada?
Ayer nos decía una abuela a la que visitamos para llevarle la comunión: escuché la misa por tv y me puse a llorar de lo que decía el sacerdote... algo tan antiguo que no me ayudó en nada.
Y, sí, a veces no decimos nada que llegue al corazón de la gente, entonces ¿será que tampoco Dios ha llegado a nuestro corazón? Esta pregunta no me la esperaba...
Entonces, hay que poner manos a la obra y hacer que Dios llegue y nos toque el corazón y nos haga vibrar de amor para que lo podamos compartir con ilusión, con ganas, con el fuego del Espíritu que Él mismo sembró en nosotros.

 

sábado, 24 de octubre de 2020

Los vientos de este tiempo

Me ha sorprendido para bien la lectura de la carta de San Pablo a Efesios, pues habla de algo que anoche pensaba y decía, pero no me quiero citar a mí mismo, pues no soy tan importante. Pero os vuelvo a citar un párrafo del texto de hoy:
"Para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina, en la falacia de los hombres, que con astucia conduce al error; sino que, realizando la verdad en el amor, hagamos crecer todas las cosas hacia él, que es la cabeza: Cristo, del cual todo el cuerpo, bien ajustado y unido a través de todo el complejo de junturas que lo nutren, actuando a la medida de cada parte, se procura el crecimiento del cuerpo, para construcción de si mismo en el amor".
No sé cómo se pone en negrita la letra, pero quiero remarcar algo: "para que ya no seamos niños sacudidos por las olas y llevados a la deriva por todo viento de doctrina". Sí, así me veo o nos veo a muchos de los católicos: niños sacudidos por los vientos de cualquier otra doctrina. Si nos ponemos a analizarnos vamos a descubrir que creemos muchas cosas que no son propia del cristianismo, y, nos dejamos llevar por cualquier doctrina, menos por la católica a la cual pertenecemos.
Como estamos en el mundo y el mundo dice que tenemos que "modernizarnos", ¡zas! los cristianos nos modernizamos y dejamos de creer de en Cristo, o, mejor dicho, creemos en Cristo para que nos cuide, pero no creemos en Su Palabra para que nos guíe, y, por eso, cuando soplan vientos diferentes al evangelio dejamos que nos lleven para donde sea, menos para el lugar donde el Señor ha pensado.
Nos queremos modernizar tanto que hasta hemos perdido de vista cuál es el Centro de nuestra Fe, cuál es la razón por la cual Cristo ha muerto y resucitado. Nos vamos modernizando tanto que ya no importa la Palabra de Dios, ni lo sacramentos, salvo para tomarnos una foto para los bautizos, comuniones y casamientos (si se llega).
¿Cuál es el sentido de ser cristianos? ¿Por qué he aceptado la invitación de Dios para seguirlo? ¿Qué Dios es el que sigo? ¿Cuál es la Palabra que guía mis pasos? ¿Cuál es la voluntad que sigo para vivir? Los vientos de las falsas doctrinas seguirán soplando con mayor fuerza ¿estoy preparado para resistir? ¿Creo verdaderamente que la doctrina que guía mi vida es la cristiana?
A veces parace que ni siquiera nosotros, los pastores, somos parte del Cuerpo de Cristo, pues lo que enseñamos o vivimos no concuerda con lo que Cristo vivió y enseñó, sino que, como dice el refrán: cada maestro con su librito. Y el Único Libro que tenemos que usar es el Libro de la Palabra de Diios, que es la única que se mantiene inalterable y eterna, y, sobre todo que es Viva y Verdadera.

 

viernes, 23 de octubre de 2020

Discernir los signos de los tiempos

"Hipócritas: sabéis interpretar el aspecto de la tierra y del cielo, pues ¿cómo no sabéis interpretar el tiempo presente? ¿Cómo no sabéis juzgar vosotros mismos lo que es justo?"
¿Cómo no sabemos discernir los signos de los tiempos? Pero ¿para qué discernir los signos de los tiempos? ¿Para saber si tenemos que salir con paraguas o con bañador? No, para saber cómo tenemos que vivir, y dónde poner y cuándo poner más fuerza o más espíritu o más conciliación o...
Vivimos tiempos de violencia. ¿Tenemos que poner violencia? No y sí. ¿En qué quedamos? Tenemos que poner más violencia en nuestro interior, tenemos que hacernos más violencia interna para poder vivir más radicalmente nuestra fe. Ya no podemos quedarnos cómodos en nuestros sofás y bancos de iglesia, sabiendo que hay otros que fuera de nuestras casas e iglesias están haciendo lo posible por destruir la vida y la dignidad del hombre, y, más aún, del hombre de fe.
Tenemos que ser más protagonistas de la historia en nuestro tiempo, porque, como decía algún santo: el mal abunda por la desidia de los buenos. Nos hemos creído o nos han hecho creer que porque somos cristianos tenemos que ser tan buenos, que no podremos nunca decir lo que pensamos. Y, por eso nos hemos quedado con nuestra fe entre las paredes de las casas o de las iglesias.
Y no. NO ha de ser así. Tenemos que estar metidos en todas partes, dando nuestro testimonio, no voceando o gritando o tirando piedras o paredes o quemando recintos ateos, sino quemando la historia con el fuego del espíritu que brota en nuestro interior, con el fuego de la verdad, sin miedo a lo que puedan decir o de lo que puedan hacerme: "fuego he venido a traer a la tierra ¡y cuánto desearía que ya estuviera ardiendo!".
Pero para que ese fuego pueda arder como Dios quiere, es necesario que yo esté totalmente unido al Señor. Mi vida como cristiano tiene que estar firmemente unida a la Vida Verdadera, para que sea Él quien me nutra con su Espíritu, quien me ayude a ver con la Luz de sus Dones lo que debo hacer y cómo vivir. Que sea Él quien oriente mi voluntad de acuerdo a Su Voluntad, y me utilice como instrumento para anunciar a viva voz el mensaje de Su Evangelio.
Pero, claro, antes tengo que estar convencido que Su Palabra es viva y eficaz, que Su Palabra es Palabra de Dios, que su Palabra es la Luz para mi vida, y que por eso, intento, haciendo violencia interna y luchando, como san Pablo, entre mi carne y mi espíritu, para que la Palabra se haga vida en mí, y no me deje contagiar por la palabra del mundo que nos lleva a la perdición.
Hoy, es cuando tenemos que aprender a discernir los signos de los tiempos. No son fáciles, pero "para Dios no hay nada imposible", si nos dejamos guiar por su Voluntad será Él quien nos de la Gracia y la fortaleza para vivir de acuerdo a lo que los tiempos nos están reclamando.

 

jueves, 22 de octubre de 2020

El verdadero fuego

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«He venido a prender fuego a la tierra, ¡y cuánto deseo que ya esté ardiendo! Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta que se cumpla!".
Ayer,día 21, fuel 17º aniversario de la muerte del P. Efraín, mi formador y padre espiritual. Hoy es la memoria de San Juan Pablo II, que, también, fuera (creo decirlo sin equivocarme) un gran padre para los jóvenes de nuestra época. Los dos han marcado en su tiempo y en su vocación, la vida de muchos y han sido Fieles a la Vida que el Señor les propuso vivir.
¿Por qué digo esto? Porque la frase de Jesús era el lema de ordenación de Efraín, y, como sabrán lo tengo muy grabado en mi corazón, no sólo como perteneciente a él, sino como marca o huella que ha dejado en mi vida.
Y, en estos días donde tanto se está hablando en contra de la iglesia y de los cristianos, es cuando más lo recuerdo, pues el fuego que los enemigos de la Iglesia hacen en los templos, es el mismo fuego que comienza a tomar calor en el corazón de los cristianos. Un calor que tiene que quemar todos nuestros miedos y temores, pues ni los hombres ni el infierno prevalecerán contra la iglesia, pues ha sido la Promesa de Jesús. Ni tan siquiera los que formamos parte de la Iglesia podemos hundirla con nuestros pecados.
Por eso tenemos que tomar cartas en el asunto y volver a caminar en Fidelidad a la Vida que el Señor nos ha pedido vivir, como esos santos que hemos conocido y que nos han ayudado a recorrer un Camino Nuevo, a darle un sentido a nuestras vidas que antes de escucharlos no lo tenía.
En la carta a los Hebreos se puede leer: "acordaos de vuestros dirigentes, que os anunciaron la palabra de Dios; fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe". Y ese es el Camino que tenemos que volver a recorrer: imitar la fe de quienes nos han precedido y han dejado su vida para que nosotros tuviéramos un ejemplo a imitar.
Seguramente, en todos los santos (canonizados o no) encontraremos restos de defectos y pecaddos, pero aún así, ellos nos han guiado con su prudencia y sabiduría, por el camino de la santidad. Y creo que el deseo de ellos se puede prolongar en el deseo que tenía san Pablo al escribir la carta a los Efesios, para que, también, nosotros, podamos alcanzar la plenitud en el espíritu:
"Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra, pidiéndole que os conceda, según la riqueza de su gloria, ser robustecidos por medio de su Espíritu en vuestro hombre interior; que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios".

 

miércoles, 21 de octubre de 2020

A tí te lo digo

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Comprended que si supiera el dueño de casa a qué hora viene el ladrón velaría y no le dejaría abrir un boquete en casa.
Lo mismo vosotros, estad preparados, porque a la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre».
Pedro le preguntó:
«Señor, ¿dices esta parábola por nosotros o por todos?».
Cuando vemos el pecado y la maldad que hay fuera de nosotros, en otros lugares, o, incluso, en otras familias, siempre pensamos que eso no ocurre en mi vida, en mi casa, en mi familia, en mi ciudad. Es lo que le pasa a Pedro "¿dices esta parábola por nosotros o por todos?", y a esto le responde un refrán popular: "a quien le quepa el sayo que se lo ponga".
Es decir, cada uno de nosotros tenemos que aprender a conocernos y a saber discernir sobre nuestra vida con justicia y misericordia, en igual medida. Con justicia porque tenemos que ser justos con lo que vemos en nosotros, con nuestro pecado, nuestros defectos y errores, pero también con nuestras virtudes, con los dones que el Señor nos regaló. Así hay un equilibirio en lo que veo, y puedo alcanzar a ver mi vida por completo.
Por que si sólo me fijo en mis defectos y pecados, siempre seremos lo peor de la humanidad, pero tampoco puedo quedarme con que soy lo mejorcito que ha creado Dios, porque también tengo de mis cosillas, que no soy tan bueno como dice la abuela.
Y, en todo esto hay que ponerle un poco de misericodia: sí, misericordia para saber que siempre es posible, con la Gracia de Dios, recobrar la dignidad o belleza (espiritual, la otra no la recobramos, más cuando no la hemos tenido nunca) de nuestra vida. Pero nunca podré recobrar esa belleza espiritual si no me dejo convertir, si no pongo el remedio de la Gracia para convertir mi pecado, para remediar mi defecto, para crecer en fidelidad a la Voluntad de Dios.
Cuando nos miramos sin misericordia pueden ocurrir dos cosas (se me ocurre ahora) por un lado que pierda la esperanza de que pueda cambiar, y por eso me conformo con la mediocridad de mi vida y acciones. Y por otro lado "tiro la toalla" y me dedico a otra cosa, que esté más afin o acorde a mi pecado y a lo que creo de mí, descuidándome de lo que Dios me ha dado y me ha pedido vivir. Cosas que ocurren fácilmente en este tiempo en donde todo vale y todo parece ser lo mismo.
Por eso, sí, Dios nos habla a todos y a mí primero, no te escapes de sus palabras y de sus exhortaciones, ponte frente al espejo de la verdad y la misericordia y verás cómo podrás aceptar tus defectos, errores y pecado, y, la Gracia, si quieres, te ayudará a crecer en santidad.

 

martes, 20 de octubre de 2020

Adorar en Espíritu y Verdad

 "Hermanos:

Entonces vivíais sin Cristo: extranjeros a la ciudadanía de Israel, ajenos a las alianzas y sus promesas, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Ahora, gracias a Cristo Jesús, los que un tiempo estabais lejos estáis cerca por la sangre de Cristo.
Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos ha hecho uno, derribando en su cuerpo de carne el muro que los separaba: la enemistad".
Desde ayer que todos estamos apenados y horrorizados, creo, por tantas barbaries que se están presentando, no sólo en Chile con la quema de las iglesias, sino en muchas partes del mundo. Las protestas frente a la diferencia de opinión derivan siempre, y creo no equivocarme, en la quema de iglesias, de casas, la rotura de cristales en tiendas, en bancos, etc. etc. No son sólo las iglesias las que están quemando, sino que es la dignidad del ser humano lo que están profanando, al presentarse ante la sociedad como meros animales enfurecidos por que hay otros que piensan diferente y, también como ellos, quieren defender su verdad.
¿Cuál es el problema de que haya otras personas que piensen diferente? ¿Acaso no buscamos y pretendemos una libertad de expresión? ¿No podemos defender cada uno nuestra verdad sin tanta violencia? ¿No será acaso que el defender tanto los derechos individuales nos hemos olvidados que somos una sociedad civilizada? ¿Que todos tenemos los mismos derechos y, también, por si se nos olvida: las mismas obligaciones? ¿El respeto a mis ideas no se basa, también, en el respeto de las ideas de los demás? Y ¿si yo puedo defender mis ideas, porqué tú no puedes defender las tuyas? ¿Tenemos por eso que sacarnos los ojos?
Realmente no entiendo a esta generación, como diría Jesús: "malvada y perversa", porque lamentablemente ese es el calificativo que podemos darle. Pero, así y todo, como nos invita san Pablo tenemos que buscar la Paz. No podemos defendernos con la misma violencia porque nos haríamos iguales en la falta de dignidad y respeto.
Y, permitidme, parafrasear una frase de Pablo Neruda: "podrán quitarnos todas las flores, pero no podrán quitarnos la primavera", podrán quemarnos todas las iglesias pero no podrán quemar la fe del corazón de los cristianos. Y, como ya lo quieren hacer desde hace más de 2000 años, no es el fuego del odio lo que ganará esta batalla, sino el fuego del Espíritu que seguirá encendido en los corazones de los que con fe defendemos y defendermos las verdades que Jesús ha sembrado en nuestros corazones.
"Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios. Estáis edificados sobre el cimiento de los apóstoles y profetas, y el mismo Cristo Jesús es la piedra angular. Por él todo el edificio queda ensamblado, y se va levantando hasta formar un templo consagrado al Señor. Por él también vosotros entráis con ellos en la construcción, para ser morada de Dios, por el Espíritu".
Mantengamos firme y fortalecido nuestro espíritu, pues en nosotros seguirá morando la Vida de Dios, y seguiremos, aunque no tengamos templo, adorando a Dios "en espíritu y verdad".

lunes, 19 de octubre de 2020

A quien le pagamos tributo?

 

Hará cerca de 2000 años que san Pablo le escribía a los Efesios:
"Hermanos:
Un tiempo estabais muertos por vuestros culpas y pecados, cuando seguíais el proceder de este mundo, según el príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora actúa en los rebeldes contra Dios. Como ellos, también nosotros vivíamos en el pasado siguiendo las tendencias de la carne, obedeciendo los impulsos del instinto y de la imaginación; y, por naturaleza, estábamos destinados a la ira, como los demás".
Y me suena como frase que podrías totalmente actual, porque nos hemos dejado seducir por el mundo y los deseos humanos, dejando que los instintos más terrenales vayan guiando nuestras vidas, o quieran gobernar el mundo, haciendo que todo sea lo mismo y que la violencia entre a formar parte de los derechos humanos para no tener ninguna obligación con el otro.
Quizás sea un pensar muy extremista, pero si miramos a nuestro alrededor, vamos a descubrir que las ideología que quieren "vencer" en nuestra sociedad se están abriendo paso a golpes y con una violencia que supera toda lógica humana para instaurar un reino de la muerte sea un derecho: un derecho para la mujer para matar el hijo de su vientre, para la familia para matar a los hijos o a los abuelos o a quien creamos que ya no tiene que vivir entre nosotros; a los colectivos de cierta gente que quiere que se haga lo que ellos digan a fuerza de desnudos y falta de respeto a los que no piensan como ellos, y tantas otras cosas más que sería muy largo escribirlas y exponerlas.
Y nosotros que los que estamos, supuestamente, llenos del Espíritu Santo por ser hijos de Dios, nos quedamos, muchas veces sin responder, sin tener argumentos para salir a la defensa de la vida, de nuestra fe, de nuestos ideales, dejamos que la violencia y el príncipe de este mundo comiencen a ganar la batalla porque no somos Fieles a lo que tenemos que ser.
Ayer celebrábamos el día de las Misiones, pero no son sólo misioneros los que se van a otras tierras, sino que, en este siglo XXI todos tenemos que ser misioneros en donde estamos, porque no sólo hay que sembrar la fe en los países de misión, sino que hay que re-sembrar la fe en nuestros propios lugares, porque hemos dejado crecer tanto la cizaña que ya la buena semilla ni se nota.
No nos basta o no nos debe basta con decir que yo estoy bien en conciencia, sino saber valorar o discernir si lo que he hecho lo he hecho por Voluntad de Dios, o para salvarme a mi mismo, si sólo he guardado la semilla en el granero o enterrado mis talentos, pues al final del día el Señor me va a preguntar qué hice por mis hemanos, como defendí la fe de ellos o cómo la sembré en sus corazones.
Es claro que no me preguntará si eso que hice dio o no frutos, sino si verdaderamente tuvo prontitud para ser misionero, evangelizador de mis hermanos, testigo veraz y claro de la Gracia que el Señor me dio al Salvarme, y darme un Vida Nueva.

domingo, 18 de octubre de 2020

DOMUND: cuál es mi misión?

Hoy podría volver a hablar de la hipcresía de los fariseos y de tantos otros que están a nuestro alrededor, o de la nuestra propia, dado que el evangelio toca, otra vez ese tema. Pero no, hoy es el Domingo del DOMUND y prefiero las palabras de san Pablo:
"Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido, pues cuando os anuncié nuestro evangelio, no fue solo de palabra, sino también con la fuerza del Espíritu Santo y con plena convicción".
Bien sabemos que Él nos eligió y nos regaló una Vida Nueva, por su muerte y resurrección, una Vida Nueva que nace de la Fe, del Amor y la Esperanza, una Vida Nueva que Él nos dijo que no sólo era para nosotros sino para que la diéramos a conocer hasta el fin del mundo. Y así, al aceptar la elección que el Señor hizo de nosotros, hemos aceptado una misión y el día de nuestro Bautismo se nos consagró para ser sacerdotes, profetas y reyes, y, por lo tanto se nos han concedido toda clase de dones y talentos, a cada uno según su vocación y estado, para ser misioneros de la alegría del Evangelio.
Y, ¡tenemos que creerlo! Sí, cada uno de nosotros lleva, como dice san Pablo, "un tesoro en vasija de barro", pero no siempre nos acordamos de ese tesoro, sino que vemos el barro que lo recubre. Y es hora de que saquemos a relucir el brillo del tesoro que se nos ha regalado: la fe en Jesucristo, Dios y Señor Nuestro, que nos salvó por su muerte y resurrección y nos envió a llevar la Buena Noticia de la Salvación a todos los hombres.
Démonos cuenta que todos, laicos y consagrados, somos misioneros en la familia, en el trabajo, en el colegio, en la carnicería y hasta en la peluqeuría, en todos los lugares por donde estamos y pasamos, e, incluso en la cama del hospital o en mi propia cama si estoy enfermo, en mi cocina si no puedo salir de casa. En todo momento y en todo lugar soy, por ser parte de la Iglesia, un signo sacramental de la Salvación de Dios, por lo tanto tengo que ser un testimonio vivo y claro de la alegría del Evangelio.
Por eso, no sólo celebramos la misión que hacen muchos fuera de sus países, en países de riesgo, de escazes, de misión, sino que, también, nosotro somos misioneros en nuestro propios lugares, que, a veces, es el lugar más difícil para misionar. Pero no desfallecemos porque es el Espíritu Santo quien nos anima, fortalece y enciende con la Fuerza de sus 7 Dones.

 

sábado, 17 de octubre de 2020

Cuando somos consolados

En la segunda carta de san Pablo a los Corintios (es la lectura breve de Laudes), expresa esto:
"Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordia y Dios de todo consuelo; él nos consuela en todas nuestras luchas, para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación, mediante el consuelo con que nosotros somos consolados por Dios. Porque si es cierto que los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, también por Cristo rebosa nuestro consuelo".
Lo copio porque habla de nuestr tribulaciones y sufrimientos, y el consuelo que nos da el Señor para poder vivirlos y aceptarlos como la Cruz de cada día que Él nos pide llevar en favor de la salvación personal y de todos los hombres. Pero, además de eso, también nos hace ver el sentido que tiene esa Cruz, una vez que es aceptada y superada: "para poder nosotros consolar a los que están en toda tribulación".
No siempre nos damos cuenta que todo lo que el Padre permite o quiere que vivamos, no sólo es para la salvación de los hombres, sino que es una experiencia que adquirimos para poder consolar a otros, es decir, para ser también cirineos de nuestros hermanos que no saben llevar o aceptar las cruces que el Señor nos pide cargar.
Por eso es que, muchas veces, el Señor nos pone cerca a algún algun hermano para que sea yo quien lo consuele, porque Él ya me había consolado a mí. Y escribiendo esto, me acordé de una oración de la Madre Teresa de Calculta, así que finalizo con esa oración que la tituló "Oración para aprender a amar":
Señor, cuando tenga hambre, dame alguien que necesite comida; 
Cuando tenga sed, dame alguien que precise agua; 
Cuando sienta frío, dame alguien que necesite calor. 
Cuando sufra, dame alguien que necesita consuelo; 
Cuando mi cruz parezca pesada, déjame compartir la cruz del otro; 
Cuando me vea pobre, pon a mi lado algún necesitado. 
Cuando no tenga tiempo, dame alguien que precise de mis minutos; 
Cuando sufra humillación, dame ocasión para elogiar a alguien; 
Cuando esté desanimado, dame alguien para darle nuevos ánimos. 
Cuando quiera que los otros me comprendan, dame alguien que necesite de mi comprensión; 
Cuando sienta necesidad de que cuiden de mí, dame alguien a quien pueda atender; 
Cuando piense en mí mismo, vuelve mi atención hacia otra persona.
Haznos dignos, Señor, de servir a nuestros hermanos; Dales, a través de nuestras manos, no sólo el pan de cada día, también nuestro amor misericordioso, imagen del tuyo.

 

viernes, 16 de octubre de 2020

El Espíritu intercede por nosotros

De la carta de san Agustín, obispo, a Proba

    Quien pide al Señor aquella sola cosa que hemos mencionado, es decir, la vida dichosa de la gloria, y esa sola cosa busca, éste pide con seguridad y pide con certeza, y no puede temer que algo le sea obstáculo para conseguir lo que pide, pues pide aquello sin lo cual de nada le aprovecharía cualquiera otra cosa que hubiera pedido, orando como conviene. esta es la única vida verdadera, la única vida feliz: contemplar eternamente la belleza del Señor, en la inmortalidad e incorruptibilidad del cuerpo y del espíritu. En razón de esta sola cosa, nos son necesarias todas las demás cosas; en razón de ella, pedimos oportunamente las demás cosas. Quien posea esta vida poseerá todo lo que desee y allí nada podrá desear que no sea conveniente.
    Allí está la fuente de la vida, cuya sed debemos avivar en la oración mientras vivimos aún de esperanza. Pues ahora vivimos sin ver lo que esperamos, seguros a la sombra de las alas de aquel ante cuya presencia están todas nuestras ansias; pero tenemos la certeza de nutrirnos un día de lo sabroso de su casa y de beber del torrente de sus delicias, porque en él está la fuente viva y su luz nos hará ver la luz; aquel día en el cual todos nuestros deseos quedarán saciados con sus bienes y ya nada tendremos que pedir gimiendo, pues todo lo poseeremos gozando.
    Pero como esta única cosa que pedimos consiste en aquella paz que sobrepasa toda inteligencia, incluso cuando en la oración pedimos esta paz hemos de decir que no sabemos pedir lo que nos conviene. Porque no podemos imaginar cómo sea esta paz en sí misma y, por tanto, no sabemos pedir lo que nos conviene. Cuando se nos presenta al pensamiento alguna imagen de ella, la rechazamos, la reprobamos, reconocemos que está lejos de la realidad, aunque continuamos ignorando lo que buscamos.
    Pero hay en nosotros, para decirlo de algún modo, una docta ignorancia; docta, sin duda, por el Espíritu de Dios, que viene en ayuda de nuestra debilidad. En efecto, dice el Apóstol: Si esperamos lo que no vemos, lo aguardamos con anheló y constancia. Y añade a continuación: El Espíritu viene en ayuda de nuestra debilidad, porque nosotros no sabemos pedir lo que nos conviene, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y aquel que escudriña los corazones sabe cómo son los deseos del Espíritu, es decir, que su intercesión en favor de los fieles es según el querer de Dios.
    No hemos de entender estas palabras como si dijeran que el Espíritu de Dios, que en la Trinidad divina es Dios inmutable y un solo Dios con el Padre y el Hijo, orase a Dios como alguien distinto de Dios, intercediendo por los santos; si el texto dice que el Espíritu intercede en favor de los fieles es para significar que incita a los fieles a interceder, del mismo modo que también se dice: Os tienta el Señor vuestro Dios para ver si lo amáis, es decir, para que vosotros conozcáis si lo amáis. El Espíritu, pues, incita a los fieles a que intercedan con gemidos inefables, inspirándoles el deseo de aquella realidad tan sublime que aún no conocemos, pero que esperamos va con paciencia. Pero ¿cómo se puede hablar cuando se desea lo que ignoramos? Ciertamente que si lo ignoráramos del todo no lo desearíamos; pero, por otro lado, si ya lo viéramos no lo desearíamos ni lo pediríamos con gemidos inefables.

jueves, 15 de octubre de 2020

El camino de la sabiduría

 

Dios en el libro del Eclesiástico nos dice que:
"Así obra el que teme al Señor, el que observa la ley alcanza la sabiduría.
Ella le sale al encuentro como una madre y lo acoge como una joven esposa.
Lo alimenta con pan de inteligencia y le da a beber agua de sabiduría.
Si se apoya en ella, no vacilará, si se aferra a ella, no quedará defraudado".
Y Jesús:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien.
Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".
Hoy, en la fiesta de Santa Teresa de Ávila, el Señor nos revela el secreto de su grandeza, de su sabiduría: se hizo niña ante Dios y vivió Fiel a Ley, a su Voluntad. No es de extrañar que Santa Teresa tuviera la sabiduría de muchos doctores, pues en su vida buscó la Voluntad de Dios, y, con esfuerzo, alcanzó la Gracia de poder vivirla en todos los caminos por donde el Señor la conducía.
No fueron sus fundaciones las que la hicieron grande a Teresa, sino que la sabiduría de sus escritos marcaron un Camino de espiritual dentro de la Historia de la Salvación, un Camino que muchos comenzaron a transitar y llegaron a ser grandes santos, que, dieron mayor luminosidad a esa sabiduría espiritual.
Hoy en día todos buscamos obtener muchos títulos, muchos masters; tenemos mucha información y sabemos de todo; pero nos falta la sabiduría de aquél que se postra ante el Señor y se deja iluminar por su Espíritu; nos falta la sabiduría de aquél que abrazado a su propia cruz acepta el dolor de morir a sí mismo para dejarse vivir en el Señor; nos falta la sabiduría de aquél que renunciando a su ego se deja guiar por la mano de quien el Señor pone en su camino como director espiritual; nos falta la sabiduría de aquél que entiende que sólo haciéndose niño podrá encontrar el seguro en las Manos del Señor.
Sí, hoy nos faltan sabios del espíritu, porque titulados tenemos muchos, más varones y mujeres de espíritu evangélico nos está faltando; por eso nos hemos tornados muy intelectuales pero poco sabios; muy formados pero poco santos; muy instruidos pero poco encendidos por los Dones del Espíritu.
Es cierto que no podemos descuidar nuestra formación intelectual, pero, sobre todo no debemos dejar que lo intelectual venza al Espíritu que habita en nosotros y nos está reclamando una entrega incondicional a la Voluntad de Dios, para ser verdaderos instrumentos en sus Manos. Y no en vano Santa Teresa nos dejó aquellos hermosos pero duros versos:
Vivo sin vivir en mí, 
y tan alta vida espero, 
que muero porque no muero. 
 
Esta divina unión del amor 
con que yo vivo 
hace a Dios ser mi cautivo 
y libre mi corazón; 
mas causa en mí tal pasión 
ver a Dios mi prisionero, 
que muero porque no muero. 
 
¡Ay! ¡Qué larga es esta vida! 
¡Qué duros estos destierros, 
esta cárcel, estos hierros 
en que el alma está metida! 
Sólo esperar la salida 
me causa dolor tan fiero, 
que muero porque no muero.

miércoles, 14 de octubre de 2020

Qué frutos estamos dando?

 

Después de hacer un buen detalle de los frutos del pecado de la carne, san Pablo nos dice cuáles son los frutos del Espíritu:
"En cambio, el fruto del Espíritu es: amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, modestia, dominio de sí. Contra estas cosas no hay ley.
Y los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con las pasiones y los deseos. Si vivimos por el Espíritu, marchemos tras el Espíritu".
¿Por qué hace esta distinción tan clara y contundente? Por que sabe que si hemos tomado la decisión de seguir a Cristo, tenemos que vivir según el espíritu de Cristo, según lo que nos inspire el Espíritu Santo, no sólo para poder alcanzar el Reino de los Cielos, sino, también para que el Reino de los Cielos venga a nosotros, como Él nos enseñó a pedir en el Padre nuestro: "venga a nosotros tu Reino". Ese Reino es el fruto de una decisión constante de los hijos de Dios por vivir según el Espíritu Santo, según el espíritu de Cristo.
Porque, como bien lo señala Jesús en el evangelio, la incoherencia de los fariseos y de los maestros de la ley, se había dado por decir que son algo que en realidad no son, pues no se dejaron guiar por el Espíritu del Señor, sino que se condujeron por sus propios instintos y modificaron la Ley llevándola a normas humanas que, en muchos casos, la contradecían a favor de los hombres.
«¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios!
Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello".
«¡Ay de vosotros también, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!».
Nos gusta, como hombres empecatados, hacernos los grandes sabios y maestros pero no somos capaces, muchas veces, de vivir aquello que exigimos o legislamos, pues la hipocresía reinante en el pecado original nos lleva siempre a hacer el pecado que no queremos y no a vivir según el espíritu que deseamos.
Pero, lo más peligroso en nuestro tiempo es que no tomamos conciencia del daño que causamos y, ni tan siquiera escuchamos cuando nos están diciendo que lo que estamos viviendo va en contra del Evangelio, pues nos quedamos plantados en nuestros 13 porque "como todo el mundo lo hace"... y así creemos que salvamos nuestra alma y seguimos conduciéndonos por el camino de la carne y el pecado, descuidando la salvación de nuestras almas y, lo que es peor, enseñando un mal camino a los que nos están mirando para encontrar, en nuestras vidas, una luz que los guíe hacia Dios.
No permitamos que en la lucha entre la carne y el espíritu gane la carne, porque así iremos perdiendo, cada día más espíritu hasta llegar a perder la Fe en aquél que nos dio una Vida Nueva con su muerte y resurrección. Que sea el Espíritu quien gane la batalla y nos haga vivir siempre en Fidelidad a la Vida que nos ha sido regalada.

martes, 13 de octubre de 2020

Ssobre el Padre nuestro

 De la carta de san Agustín, obispo, a Proba

    A nosotros, cuando oramos, nos son necesarias las palabras: ellas nos amonestan y nos descubren lo que debemos pedir; pero lejos de nosotros el pensar que las palabras de nuestra oración sirvan para mostrar a Dios lo que necesitamos o para forzarlo a concedérnoslo.
    Por tanto, al decir santificado sea tu nombre nos amonestamos a nosotros mismos para que deseemos que el nombre del Señor, que siempre es santo en sí mismo, sea también tenido como santo por los hombres, es decir, que no sea nunca despreciado por ellos; lo cual, ciertamente, redunda en bien de los mismos hombres v no en bien de Dios.
Y cuando añadimos venga tu reino, lo que pedimos es que crezca nuestro deseo de que este reino llegue a nosotros y de que nosotros podamos reinar en él, pues el reino de Dios vendrá ciertamente, lo queramos o no.
    Cuando decimos: Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo pedimos que el Señor nos otorgue la virtud de la obediencia, para que así cumplamos su voluntad como la cumplen sus ángeles en el cielo.
    Cuando decimos: Danos hoy nuestro pan de cada día, con el hoy queremos significar el tiempo presente, para el cual, al pedir el alimento principal, pedimos ya lo suficiente, pues con la palabra pan significamos todo cuanto necesitamos, incluso el sacramento de los fieles, el cual nos es necesario en esta vida temporal, aunque no sea para alimentarla, sino para conseguir la vida eterna.
    Cuando decimos: Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden nos obligamos a pensar tanto en lo que pedimos como en lo que debemos hacer, no sea que seamos indignos de alcanzar aquello por lo que oramos.
    Cuando decimos: No nos dejes caer en tentación nos exhortamos a pedir la ayuda de Dios, no sea que, privados de ella, nos sobrevenga la tentación y consintamos ante la seducción o cedamos ante la aflicción.
    Cuando decimos: Y líbranos del mal recapacitamos que aún no estamos en aquel sumo bien en donde no será posible que nos sobrevenga mal alguno. Y estas últimas palabras de la oración dominical abarcan tanto, que el cristiano, sea cual fuere la tribulación en que se encuentre, tiene en esta petición su modo de gemir, su manera de llorar, las palabras con que empezar su oración, la reflexión en la cual meditar y las expresiones con que terminar dicha oración. Es, pues, muy conveniente valerse de estas palabras para grabar en nuestra memoria todas estas realidades.
    Porque todas las demás palabras que podamos decir, bien sea antes de la oración para excitar nuestro amor y para adquirir conciencia clara de lo que vamos a pedir, bien sea en la misma oración para acrecentar su intensidad, no dicen otra cosa que lo que ya se contiene en la oración dominical, si hacemos la oración de modo conveniente. Y quien en la oración dice algo que no puede referirse a esta oración evangélica, si no ora ilícitamente, por lo menos hay que decir que ora de una manera carnal. Aunque no sé hasta qué punto puede llamarse lícita una tal oración, pues a los renacidos en el Espíritu solamente les conviene orar con una oración espiritual.

lunes, 12 de octubre de 2020

Vivir como hijos

 

La liturgia de hoy, día de la Virgen del PIlar, nos presenta la imagen del Arca de la Alianza, como referencia, también, a la Virgen María, pues en el Arca de la Alianza se encontraban las tablas de la Ley, y, en el seno de María estaba el Hijo de Dios, quien sellaría la Nueva Alianza de Dios con su Pueblo.
Una imagen que nos lleva, también, a nuestras vidas, porque en nosotros, desde el día de nuestro bautismo vive el Espíritu Santo que nos configuró con Cristo, como hijos de Dios. Una imagen que nos lleva a mirarnos y descubrir el "tesoro que hay en esta vasija de barro", pues es el Espíritu Santo quien nos quiere santificar todos los días. Es el Espíritu Santo quien nos transforma y nos orienta para esuchar y vivir la Palabra de Dios, y ser, así, también portadores de la Buena Noticia de la Salvación.
María, la Madre, la Virgen del Pilar, y en cuantas otras advocaciones la recordamos nos invita, siempre, como a Santiago apóstol, a no dejar caer nuestros brazos y seguir sembrando la Buena Noticia en todos los lugares por donde nos encontremos, y vayamos, y, sobre todo, por donde Dios nos envíe.
Porque, como dice Jesús en el Evangelio, o lo deja entender, de nada sirven los títulos que nos den o que nos otorguemos, ni tan siquiera el título de hijos de Dios, si no llevamos a la vida la Palabra que escuchamos y la Palabra que nos dirige el Señor, es decir, si no vivimos la Voluntad de Dios en nuestras vidas, de nada sirve que nos llamemos hijos de Dios, pues no obramos como tales.
Por eso María siempre nos alentará, cuando nuestras fuerzas flaqueen o cuando nos entre la desesperanza a seguir creyendo y, sobre todo, a serguir siendo Fieles a la Vida que el Señor nos dió con su propia Vida, porque si lo recibimos en Su Palabra, y nos alimentamos con su Cuerpo, entonces nada nos puede hacer flaquear, sino que, habitando el Espíritu en nosotros y llevando a Jesús en nuestro cuerpo, estaremos siempre fortalecidos para alcanzar la santidad y sembrar en el mundo la Vida Nueva que nos trajo María y que nos dio Jesús.

domingo, 11 de octubre de 2020

Un nuevo espejo

 

"Porque muchos son los llamados, pero pocos los escogidos".
¿Por qué? Porque no todos responden de la misma manera al llamado de Dios: algunos se hacen los sordos, otros lo niegan, y, otros, quizás los menos, aceptan el llamado y responden con generosidad. A aquellos de corazón generoso y dispuesto los escoge el Señor para que sean una gran luz en las tinieblas y en la tibieza, no sólo del mundo, sino también dentro de la misma iglesia.
En verdad creo que nos hemos vuelto demasiado tibios los católicos y por eso Dios va suscitando ejemplos de vida, como el Beato Carlo Acutis, para hacer un llamado de atención a nuestro estilo de vivir la fe.
En estos días se ha escuchado mucho que el nuevo Beato es un ejemplo para los jóvenes, y, en realidad es un ejemplo, o debería serlo, para todos sin distinción de edad ni sexo, porque la santidad no es sólo para algunos, sino que es un llamado a todos. Pero no todos pensamos que la santidad es para mí. Y sí, la santidad es la primera llamada que nos hace el Señor, a todos los que hemos recibido su Espíritu.
Y, es más, diría que nos que llevamos más años dentro de la vida de la iglesia tenemos que sentirnos cuestionados por la vida de Carlo Acutis, porque los que nos creemos más maduros en este camino, creo, que no estamos dando el testimonio que nos ha brindado este adolescente de 15 años.
El amor que él demostró hacia la Eucaristía, el Rosario, la Confesión, el trabajo apostólica en su parroquia, ¿es el mismo amor y entrega que tenemos nosotros? O, como todos, siempre tenemos el mismo argumento o excusa: no tengo tiempo para esas cosas...
Y después queremos que los jóvenes vivan con fe y encuentren el camino del Señor. ¿Cómo lo van a hacer si lo que nosotros que estamos dentro no les brindamos un testimonio convincente? ¿Si estamos más preocupados de las cosas del mundo que de las cosas del espíritu? Por eso, se repetiría aquí aquella afirmación del Señor en la parábola del rico y el pobre Lázaro: que el Señor respondía al rico: "aunque resucite un muerto no creerán".
Puede haber muchos más santos, ¡y que si los hay! que nos demuestran que el camino del evangelio es propio y nos da una Vida Nueva, pero no nos interesan los consejos evangélicos, ni los llamados de atención del Señor. Porque, en realidad, vivir en el mundo y cumplir con la iglesia, es lo que mejor se nos da, y por eso, la tibieza ha invadido nuestras vidas, haciendo que la vida de fe no sea algo que agrade ni que convenza.
¿Será, entonces, tiempo de espejarnos todos en la vida de este adolescente pero gran santo que nos ha puesto la iglesia como espejo?

sábado, 10 de octubre de 2020

Vivir al máximo

"La ley fue así nuestro guía, hasta que llegara Cristo, a fin de ser justificado por la fe; pero una vez llegada la fe, ya no estamos sometidos al guía. Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús".
Así les hacía comprender san Pablo a los gálatas que la Ley no era que no sirviera más sino que era el guía para un momento determinado, pero ahora que había venido el Mesías y nos había salvado, la Ley seguía siendo vigente pero había algo más que la Ley de Moisés, esta ahora vigente la Nueva Ley de Cristo, que es la que da plenitud a la Ley Mosaica: la ley del Amor.
Porque ha sido el mismo Cristo quien les dijo a los judíos: "no he venido a abolir la Ley sino a darle cumplimiento", y le dio cumplimiento por medio del Amor, un Amor de entrega, genereso y obediente hasta la muerte en cruz.
Por eso, cuando nosotros sólo nos examinamos en los 10 mandamientos, es lo mínimo que podemos hacer. Y es lo que por muchos siglos hemos hecho, y, todavía, hay quienes no comprenden que nuestra vida de fe no es sólo los 10 mandamientos, sino el Evangelio de Jesús, que supone y plenifica esos 10 mandamientos.
Por que, para nuestra vida, no sólo de los que nos hemos consagrado a Dios de un modo especial (curas, monjas, monjes, etc.) sino para todo bautizado en su propia condición, existen los Consejos Evangélicos de pobreza, castidad y obediencia que nos hacen caminar en santidad, junto con los 10 mandamientos y la ley del Amor.
¿Qué es lo que pasa? Que nos hemos quedado estancados en una catequesis de primera comunión y no hemos seguido madurando nuestra fe. Incluso más, porque siendo ya mayores y adultos, hemos caído en la misma trampa que hacemos socialmente: hecha la ley, hecha la trampa. Y vamos aparentando cumplir algo que no llegamos a comprender en plenitud.
Es así que san Pablo ya les hablaba a los gálatas de que no se queden en sólo cumplir los 10 mandamientos, sino que tenían que ir más allá, a la Vida concreta de Jesús, porque por Él hemos sido transformados en hijos de Dios, y es Él quien nos da la Gracia para ser Fieles a esa Vida que Él nos dio, para que vivamos no sólo cumpliendo lo mínimo, sino que aspiramos a algo más alto: "sed santos como vuestro Padre Celestial es santo; sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto". Y ahí radica el Ideal de vida cristiano, en seguir los consejos que nos dejó Jesús en el Evangelio y alcanzar la santidad que Él nos pidió que viviéramos.