miércoles, 3 de abril de 2019

Providencia y abandono

Una frase que siempre me gustó y que es preciso tenerla presente, es esta del profeta Isaías:
"Sión decía: «Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado».
¿Puede una madre olvidar al niño que amamanta, no tener compasión del hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré».
Del profeta Isaías pero en realidad de Dios por el profeta Isaías, porque es el Señor quien le habla a Sión y, como se dice: "se lo digo a Pedro para que lo escuche Juan". La Palabra de Dios al ser eterna nos sirve en todo tiempo, pero, sobre todo nos abre a entender y a querer a nuestro Padre Dios, quien nos ama verdaderamente, aunque, muchas veces, creamos que no nos escucha o que nos ha dejado abandonados. Sin embargo, si logramos poner nuestros oídos cerca de su corazón vamos a escuchar muchas frases parecias a estas que nos hablan de su estar atento a nuestras vidas.
Él nos habla de su amor y de su cariño por nosotros, por sus hijos, y nos quiere llevar así a crecer en la confianza en Su Palabra, en Su Voluntad para que podamos alcancar lo que anhelamos, lo que llevamos en lo secreto del corazón y que, muchas veces, ni siquiera nosotros conocemos. Cuando tenemos la oportunidad de adentrarnos en nosotros mismos, sin miedos, y dejamos que el Espíritu nos lleve de la mano hasta ese hermoso lugar, es ahí donde descubriremos nuestra verdadera identidad, donde encontraremos la semilla que el Padre ha puesto cuando nos llamó a la Vida y que da sentido a todo lo que vivimos y queremos vivir.
Por eso Jesús nos dice tantas veces que Él no hace otra cosa que lo que ha visto hacer el Padre, y que su único sentido es hacer Su Voluntad, porque Él sí lo ha conocido, Él sí escucha Su Voz y aunque es Dios, como Hijo, tuvo que aprender a obedecer.
"Jesús tomó la palabra y les dijo:
«En verdad, en verdad os digo: el Hijo no puede hacer nada por su cuenta sino lo que viere hacer al Padre. Lo que hace este, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que esta, para vuestro asombro.
Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió».
Y en esa confianza y abandono, Jesús, se entregó al Padre hasta la muerte y muerte de Cruz, y así alcanzó la Vida Eterna para nosotros, por medio de su Resurrección. En ese abandono y confianza en la Providencia Divina, que es en el Amor del Padre, tenemos que aprender a movernos, a obedecer, porque es el Camino que nos conduce a la Vida.

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