lunes, 15 de abril de 2019

Judas o María? Gratitud o juicio?

"María tomó una libra de perfume de nardo, auténtico y costoso, le ungió a Jesús los pies y se los enjugó con su cabellera. Y la casa se llenó de la fragancia del perfume.
Judas Iscariote, uno de sus discípulos, el que lo iba a entregar, dice:
«¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?».
Esto lo dijo, no porque le importasen los pobres, sino porque era un ladrón; y como tenía la bolsa, se llevaba de lo que iban echando".
La avaricia, la vanidad o el orgullo nos juegan, muchas veces, malas pasadas. Creyendo que defendemos una verdad estamos defendiendo nuestros propios intereses. Es que nos creemos tan sabios y honestos porque estamos al lado de Jesús, que pensamos que ya somos tan justos como Él. Y no nos damos cuenta que nuestro pecado siempre se cuela en determinados momentos.
Así le ha pasado a Judas Iscariote, quiso "hacer quedar mal" a María por gastar tanto dinero que no se dio cuenta que estaba pensando sólo en él mismo. Y así su comentario se le volvió en su contra.
Hay argumentos que usamos para culpar a otros de malos actos que son los mismos que se podrían utilizar para juzgarnos a nosotros mismos. No somos nosotros quienes podemos ver las intenciones del corazón del hombre, sino que es Dios quien puede juzgar nuestras intenciones.
¿Qué le damos nosotros a Jesús? ¿Qué le ofrecemos en el día a día? Creemos que por ponernos a juzgar a todo el mundo de cómo vive y lo que hace ¿es lo que nos hace verdaderos discípulos del Señor?
"Jesús dijo:
«Déjala; lo tenía guardado para el día de mi sepultura; porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tenéis».
La actitud de Jesús fue muy diferente a la de Judas, miró al corazón de María, y al corazón de Judas, y tomó una decisión, porque el corazón de María estaba lleno de amor por Jesús, de agradecimiento por todo lo que le había dado, y, quizás, ese perfume caro era lo único que ella tenía para ofrecerle como acto de amor y gratitud.
A veces nosotros nos creemos los listos porque miramos las cosas que hacen otros, pero no nos damos cuenta que por tanto mirar a los otros nosotros no estamos haciendo nada por Jesús. Jesús no nos ha pedido que seamos los jueces de la humanidad, sino que seamos apóstoles, mensajeros del Mensaje de Salvación, instrumentos de paz en manos de Dios, que sepamos discernir entre el pecado y el pecador, que condenemos el pecado pero que salvemos al pecador, así como Él lo hizo. Ser jueces como el Señor es quizás lo más fácil, pero tener el corazón misericordioso que Él tiene no es tan fácil para nosotros. Forjemos un corazón como el de Jesús y luego podremos juzgar y discernir como Él lo hizo.

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