jueves, 26 de julio de 2018

Nuestros hombres ilustres

"Elogiemos a los hombres ilustres, a los antepasados de nuestra raza".
El Eclesiástico, por el cual nos habla Dios, nos hace una hermosa referencia para este día de los abuelos de Jesús, y, en definitiva, para todos nuestros abuelos: elogiar a los hombres ilustres, a los antepasados de nuestra raza. A veces creemos que los que deben ser elogiados son los que hacen grandes cosas y sus nombres quedan inscritos en la historia, y cada año desde alguna autoridad local, provincial o nacional se les brinda homenaje por su trayectoria. Pero también existen nuestros ocultos ilustres, que, en este caso, quiero referirme a los abuelos.
Pero, pensándolo bien, no sólo son los abuelos los ilustres de nuestras familias, sino todos los que día a día van ofrenciendo su vida por la familia. Porque hoy en día las familias más jóvenes necesitan de los mayores porque no es que no puedan vivir sin ellos, sino que no pueden forjarse un futuro sin ellos.
Pero vuelvo a los abuelos porque quizás ellos hoy ocupan una función casi esencial en la vida de las familias jóvenes, porque son los abuelos los que, en la mayoría de los casos, se ocupan de los nietos, y, hasta a veces, de la familia toda, porque los esperan con la comida, les dejan tiempo libre a los padres para que vayan aquí o allá, y ellos se quedan con la función de cuidar de los más pequeños.
Pero también, lamentablemente, están aquellos abuelos que han sido olvidados por sus familias y que en soledad pasan sus días. Y no hablo sólo de los que están en residencias de mayores, sino en los que cuando no tienen nietos que cuidar, no son visitados por sus hijos o nietos que ya han crecido, sino que pasan sus largos días en la soledad de su propio corazón y, sin decir palabra, están, cada día, a la espera de una palabra, de un cariño, de una visita.
Es que nos hemos vuelto tan materialistas y funcionales que sólo reparamos en las personas en la medida en que las necesitamos o nos ayudan a hacer algo. Pero en cuanto el proyecto o la situación de mi vida cambia, ya lo que tenía valor antes ahora no lo tiene, o mejor dicho no me acuerdo que antes era valioso para mí. Y aquí me pongo a recordar, como ejemplo, nuestros juguetes de pequeños: cuando me regalaban o compraban uno nuevo dejaba los viejos tirados por ahí, o simplemente quedaban en un armario o repisa pues ya me había convertido en adolescente y no necesitaba de esas tonterías.
Sin querer hemos dejado de elogiar a "nuestros hombres ilustres" que son nuestros padres y abuelos, porque son nuestras raíces, son la fuente de nuestra vida a quienes les debemos estar en este mundo y por quienes tendríamos que estar cuidando cada día, con nuestra oración, con nuestro cariño, con nuestro tiempo. Porque a veces "perder el tiempo" con los abuelos es saber conservar y madurar nuestras raíces y habla mucho de lo que sabemos no sólo amar, sino respetar a quienes han dado tanto por nosotros.
No dejemos que los tiempos que vivimos nos lleven a olvidarnos de quienes son las raíces de nuestras vidas, pues ellos siguen alimentando nuestro día a día con sus vidas, aunque nosotros no nos acordemos de ellos, ellos sí nos recuerdan y sostienen cada día.

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