"¿No se venden un par de gorriones por un céntimo? Y, sin embargo, ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo: valéis más vosotros que muchos gorriones".
Es cierto que muchas veces son muchas las cosas que nos suceden y nos producen agobio en el alma y cansancio en el cuerpo. Son muchas las veces que nos preguntamos "¿porqué tanto a mí?" Sin embargo, si miramos hacia atrás y hacia adelante de esos momentos, vamos a poder descubrir que siempre hemos podido seguir caminando a pesar de creernos ya sin fuerzas.
Pero si miramos la vida de otros, algunas veces, escuchamos decir: "es que hay cosas peores". Pero tampoco eso es para conformar y saciar nuestra alma, porque cada uno lleva su propia cruz y esa Cruz a cada uno se le hace pesada. Sólo el corazón de cada uno sabe cuánto le pesa la Cruz. Y, también, cada uno sabe porqué o para qué está llevando la Cruz.
Si miramos la Vida de Jesús y su último Camino sobre la tierra veremos como Él también nos ayuda a descubrir que la debilidad de nuestra humanidad se cansa, se cae, se siente sola, y también nos muestra cuánta es la confianza en el Amor del Padre, que es lo único que lo sostiene y lo fortalece para no claudicar en ningún momento de vivir la Voluntad de Dios. Llega el momento en que, desde la Cruz, se siente abandonado: "¿por qué me has abandonado?", sin embargo sabe que sólo en el Padre puede descansar, por eso: "en tus manos encomiendo mi espíritu".
El profeta Oseas nos decía ayer: "¿Quién será sabio para comprender estas cosas, inteligente, para conocerlas?
Porque los caminos del Señor son rectos: los justos los transitan, pero los traidores tropiezan en ellos"".
No hay sabiduría humana capaz de conocer los misterios de la Cruz del Señor, pero si buscamos la Sabiduría podemos llegar a comprender y aceptar los Caminos del Señor. El silencio de la contemplación en la oración nos ayudan a ir creciendo en la sabiduría de Dios, porque el silencio frente al Padre nos consuela, nos fortalece, y la Luz de Su Espíritu nos ayuda a ver en la oscuridad para seguir caminando.
Por eso Jesús nos va enseñando a confiar en la Providencia Divina, a saber que para el Padre somos valiosos, más que los pájaros del cielo y los lirios del campo, pues sabiendo que estamos en sus Manos nada tememos aunque la carga sea pesada y nos cueste llevarla.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.