jueves, 19 de julio de 2018

Confianza y disponibilidad

«Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré".
No se le pasa por alto, al Señor, nuestra debilidad y flaqueza, Él habiendo asumido la condición humana en todo, menos en el pecado, conoció todo lo que nos pudiera afectar en el Camino de la Voluntad de Dios, pues Él mismo lo vivió. Por eso sabiendo lo duro que sería el Camino y cuánto nos iba a costar mantenernos en la lucha cotidiana, nos ofrece su Vida para sostener nuestra vida. Se hace así, para nosotros: Descanso, Templanza, Fortaleza, Consuelo, es decir, todo lo que necesitamos en el largo Camino hacia la Vida, Él ya lo ha pensado y lo tiene preparado para nosotros.
Claro está, también, que no siempre que nos sentimos cansado y agobiados recurrimos al Señor. Hoy en día en lugar de disponer de una hora para el Señor nos ponemos a hacer otras cosas, a veces necesarias otras veces no. En lugar de la Palabra de Dios usamos libros de autoayuda, en lugar de orar ante el Sagrario vamos a Yoga, Reiki (u otras maravillas de esas). En lugar de acercarnos al Sacramento de la confesión nos juntamos a criticar a otros para ver si con eso consolamos nuestro dolor. En lugar de ejercitar nuestra oración ejercitamos nuestro cuerpo...
Y el Venid a mí... eso será en otro momento, hoy el Señor no me responde a lo que pedido y sigo cargando contra Él cuando en realidad no me he acercado cuando Él estaba esperándome.
"Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Es que en el fondo se que el Yugo del Señor no es el que quiero llevar, se que en realidad lo que quiero es "pasarla bien" sin que nada me agobie, sin saber que el Yugo que Él pone sobre mis hombres, no sólo lo cargo yo, sino que es Él quien lo carga conmigo. Su Yugo, que es el que El Padre ha destinado para mí, es el que me fortalece y realiza, pues viene con la Gracia del Espíritu para poder cargarlo, viene con la Fuerza del Pan de la Vida para fortalecer mi alma, ha puesto a mi lado a los ángeles y los hermanos para que me acompañen en el Camino.
Pero es que en realidad no quiero aceptar lo que Dios me ha pedido cargar, no quiero aceptar lo que Dios me pide vivir, sólo quiero lo que quiero y no lo que Él quiere, pero lo necesito para marchar, pero no para aceptarlo.
Jesús, desde su humanidad, nos enseñó le secreto de la fortaleza para cargar el Yugo del Padre, pues Él mismo padeció y lloró lágrimas de sangre antes de aceptar y cargar ese inmenso Yugo en el Camino al Calvario. ¿Cómo nos enseñó? Hablar con confianza y disponibilidad con el Padre: "Padre, si es posible aparta de mí este Cáliz. Pero que no se haga mi voluntad sino la tuya". Y el Padre envió ángeles a consolarlo.
Confianza porque puedo decirle al Padre todo lo que siento en mi corazón. Y disponibilidad porque se que Él nunca me pedirá más de lo que puedo cargar, y por eso me pongo en Sus Manos. Él me consolará y fortalecerá para aceptar Su Voluntad.

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