domingo, 8 de abril de 2018

La Misericordia Divina se hace en vida en nosotros

Domingo de la Divina Misericordia. No es un domingo especial. Es un domingo más, en donde la Pascua se hace vida y nos llama a meditar en un aspecto esencial de Nuestro Padre Celestial y de Nuestro Señor Jesucristo: el Amor, pues la misericordia es ese Corazón Amoroso que sufre y mira el dolor del corazón del hombre, un dolor que se hace cada día más intenso como intensos son los pecados de los hombres, nuestros pecados. Pero sabemos que Él llevó sobre sus Hombros nuestros pecados y los cargó hasta la muerte y muerte de Cruz. Y en la Cruz, por la lanza que le trapasó el costado, hizo brotar Su Sangre y Su Agua que nos purificó y nos redimió para que buscáramos siempre los brazos abiertos del Padre en el Sacramento de la Reconciliación.
En este Domingo la MIsericordia se expresa en el Perdón de Dios hacia nosotros, pues conociendo el Hijo nuestra debilidad, nos dejó su perdón en las manos de los Apóstoles, y ellos lo fueron dejando en las manos de sus sucesores. Así el Sacramento de la Reconciliación que recibimos cada vez que nos confesamos nos habla de la misericordia de Dios, de la grandeza del Amor del Padre y del Hijo por nosotros.
Pero esta misericordia no tiene sentido si no la vivimos en el día a día con nuestros hermanos, porque "quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso", nos dice San Juan en su carta. Claro que esto no fue ocurrencia de San Juan, sino que Él lo dedujo del mandamiento del Amor y de las enseñanzas que Jesús nos dejó como Testamento espritual en la Última Cena: "amaos unos a otros como Yo os he amado", "en esto conocerán que sois mis discípulos: en como os améis unos a otros", "si amaís a quien os ama qué haceis de nuevo, eso también lo hacen los paganos, por eso yo os digo: amad a vuestros enemigos, rezad por quienes os persiguen...".
Y así lo vivieron en las Primeras Comunidades cristianas donde el vivir el Amor que los hacía Comunidad, no era una simple palabra, sino que era la expresión de un vida entregada en Amor a la Voluntad de Dios. Y ese vivir en Comunidad era poner todo en común para que a nadie le faltara nada para ser fieles a Dios.
Es por eso que nuestra Fe no se "ve" en las palabras que decimos, sino que se expresa en las obras que hacemos, obras que son amores y que nos demuestran lo que de verdad decimos creer. Porque decir podemos decir muchas cosas, pero vivir, a veces, vivimos pocas.
Y es este Domingo de la Divina Misericordia donde Dios, como siempre, nos muestra el Camino de nuestra Santidad: vivir el Amor en una Comunidad de hermanos, donde el amor se hace obra y no sólo palabrras.

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