"David se inclinó rostro a tierra y se postró.
Y dijo a Saúl:
«¿Por qué haces caso a las palabras que dice la gente: David busca tu desgracia”? Tus ojos han visto hoy mismo en la cueva que el Señor te ha entregado en mi mano. Han hablado de matarte, pero te he perdonado, diciéndome: “No alargaré mi mano contra mi amo, pues es el ungido del Señor”.
La historia entre el rey Saúl y David continua y nos va enseñando cada día más cosas. Veíamos que la envidia había entrado en el rey y quería matar a David, hasta que Jonatán lo disuadió. Pero eso no le bastó a la gente que es mala de corazón y siguieron sembrando cizaña en el corazón del rey y comenzó, otra vez, a perseguir a David.
Incluso, había soldados del lado de David que lo empujaban a vengarse del rey, pues para que eso termine era mejor matar al rey y ¡listo! Pero David que tenía un corazón bueno no se dejó convencer en ningún momento por esas insinuaciones sino que siguió el consejo de la Bondad.
En este episodio vemos cómo David se muestra ante el rey y le hace ver, con la verdad en los labios y el corazón, cómo se había equivocado él y la gente de mal corazón y malas intenciones. Logra así con la bondad de sus palabras y actuar la conversión del corazón del rey quien vuelve a quererlo y respetarlo no sólo como hijo, sino como su próximo sucesor.
"Que el Señor te recompense el favor que hoy me has hecho. Ahora sé que has de reinar y que en tu mano se consolidará la realeza de Israel".
A veces creemos que todos quieren hacernos bien cuando nos "llenan la cabeza y el corazón" con murmuraciones contra otras personas, pero somos culpables si no aprendemos a discernir entre el bien y el mal, y, sobre todo, si no hacemos el esfuerzo por aprender a descubrir cuándo hay verdad y bondad en las palabras de los demás. Porque cualquier puede decir lo que quiera pero soy yo quien tiene que discernir qué acepto de esas palabras y qué no, pues de lo que acepte se llenará mi corazón y mi mente, y de eso será lo que yo también hable y me haga eco.
Y, como dice el Señor: "sólo la Verdad os hará libres", tengamos siempre el valor de defender no sólo la verdad, sino defender a las personas pues nadie tiene el derecho de hacer daño con sus palabras a nadie, ni de ofender ni de ser ofendido, pues si me uno a sus malas acciones y palabras soy tan culpable como el que más, pues no he intentando apagara la maldad de las palabras o del actuar, sino que me he unido a él con la complicidad o el silencio.
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