martes, 23 de enero de 2018

Familia de Dios

No sola la sangre y el apellido nos hacen pertenecer a una familia, sino la manera de comportarnos con esa familia, el amor, el servicio, la cercanía, y ¡tantas otras cosas! son las que nos hacen familia. Los lazos de sangre hasta se podrían decir que solo recuerdan de dónde venimos, pero quienes somos lo vamos construyendo día a día.
Es por eso que a Jesús casi ni le interesa que María lo haya parido (que tampoco es esa la situación) porque lo que más le importa es que María haya sido la "fiel esclava del Señor" y haya vivido en absoluta obediencia al Padre, a su Voluntad.
Es así que, en la Última Cena, también nos dice que:
"Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste".
Y esta unidad la vivió el Señor en el Amor, en el Amor al Padre y en la obediencia a su Voluntad. Es lo mismo que nos pide a nosotros para ser Familia de Dios, Familia de Cristo. Y así vemos cómo no es solo el ser bautizados lo que nos hace cristianos, sino que como cristianos tenemos un Camino que recorrer, una Vida que vivir: la vida de la unidad en el Amor y la obediencia a la Voluntad de Dios.
Y es algo que ya sabemos que este Camino que nos ha presentado el Señor no es un Camino fácil para la vida del hombre, más para este hombre que somos nosotros en este siglo XXI, pues tenemos "mucho mundo" dentro nuestro y ese mundo no nos deja ver con claridad la Voluntad de Dios, pues se nos va filtrando por todos lados y nos dejamos convencer, casi, fácilmente.
«¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?».
Y mirando a los que estaban sentados alrededor, dice:
«Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre».
Pero no debemos desfallecer en la lucha de alcanzar tan altos idelaes, pues tenemos la Gracia del Espíritu que nos ayuda, constantemente, a desear lo que el mismo Padre ha sembrado en nuestro corazón, y esa semilla es la semilla de la santidad, del pertenecer a su Familia, la que nos lleva a buscar ese Ideal. Pues aunque para el hombre todo parezca imposible no lo es para quien se deja caer en las Manos del Padre y se guiar por su Espíritu.
Si bien todo nos parece complicado y difícil en el camino de la santidad, todo se vuelve más fácil cuando nos dejamos transformar en hijos por la Gracia del Espíritu y confiando en la Providencia del Amor del Padre, intentamos, día a día vivir en Fidelidad a la Voluntad de Dios, siguiendo los ejemplos de María y José, que aún en la oscuridad de la Fe pudieron seguir siendo Fieles en todo momento a lo que el Padre les pedía.

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