sábado, 6 de enero de 2018

La alegría de la niñez

Creo que casi todos recordamos lo ansiosos que estábamos cuando éramos niños en esta noche y, sobre todo, al amanecer, al levantaranos y buscar casi con miedo, pero llenos de alegría los regalos que nos pudieran haber dejado los Reyes Magos. Ha sido siempre una hermosa noche y un hermoso despertar.
Y creo que así tiene que ser siempre nuestro día: tener una hermosa noche llena de esperanzas y de alegrías al despertar a una mañana donde siempre nos esperan los regalos de Dios. Claro que no siempre los regalos son los que hemos pedido en nuestras cartas o diálogos con el Rey, pero siempre podremos usarlos y comenzar a gustar de ellos una vez que los tengamos en nuestras manos, porque, como decían nuestros papás: primero prueba después me dices si te gusta o no.
Los Magos de Oriente nos enseñan que siempre tenemos que estar atentos a los signos de los tiempos, a las pequeñas cosas que suceden a nuestro alrededor porque es ahí donde encontraremos las "pistas" para hallar los mejores regalos que nos ofrece nuestro Dios.
Es que vivimos en un mundo tan acelerado y lleno de tantas cosas que nunca sabemos hacia dónde mirar. Es como las habitaciones de los más pequeños, están tan llenas de juguetes y de cosas que no siempre encuentran algo con que divertirse o pasarla bien, pues todo lo han probado y en la multitud de cosas no encuentran la que más le gusta, porque en todo algo le gusta, pero nada de eso le da felicidad.
Como hemos escuchado mucho en este día: hoy es un día donde la ilusión de los niños vuelve a hacerse realidad, y hasta casi que a nosotros mismos nos hace ilusión poder encontrar algo que nos hayan dejado los Reyes, porque la alegría de la ilusión de los niños es contagiosa y nos llena la vida de sonrisas, de gozo y de esperanza, tanto que nos ayuda a olvidarnos de lo gris de todos los días, de las angustias que venimos cargando, de los dolores de los años y de las oscuridades de los sinsabores que nos da la vida.
Es por eso que el Señor nos invita siempre a volvernos como niños en el espíritu, para poder vivir siempre con la ilusión a flor de piel, para que no perdamos la inocencia de creer que aún podemos encontrar algo lindo y hermoso que nos llene la vida de color de alegría, de esperanza y, sobre todo, de amor.
Por eso los Magos de Oriente nos enseñan a tener la mirada puesta en el Cielo, en lo Alto para descubrir la Luz que nos lleva a contemplar el más asombroso y maravilloso milagro de la Vida misma, nos lleva la Luz de la Fe a postrarnos frente a ese Niño-Dios que quiere regalarnos lo más hermoso que necesitamos: la fortaleza para creer, la constancia para esperar, la sabiduría para discernir, la Gracia para Amar y la alegría de creer.
No dejemos que este pase este día sin que nos acerquemos a ese Niño que nos espera para ayudarnos a mantener nuestra mirada puesta en el Cielo, para que siempre su Luz ilumine nuestro andar y nos indique el mejor Camino para alcanzar la alegría y el gozo que nos da sabernos niños en brazos de nuestro Padre.

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