Las dos lecturas de hoy me parecen muy lindas, por un lado el diálogo del Arcángel Rafael con Tobias y Sara, y, por otro lado, le reflexión de Jesús sobre lo que damos a Dios, poniendo como ejemplo a la viuda del Templo.
"Entonces Rafael llamó aparte a los dos y les dijo:
«Alabad a Dios y dadle gracias ante todos los vivientes por los beneficios que os ha concedido ; así todos cantarán y alabarán su nombre. Proclamad a todo el mundo las gloriosas acciones de Dios y no descuidéis darle gracias...
Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que están al servicio del Señor y tienen acceso a la gloria de su presencia".
Quizás nos gustaría a más de uno que un Ángel se apareciera a nuestro lado y tuviera el mismo (o parecido) diálogo con nosotros. Sí, seguro que a más de uno nos gustaría ver un Ángel a nuestro lado. Sin embargo, aunque no lo veamos, siempre están a nuestro lado, pues Dios nos los regaló para que cuiden y velen nuestro caminar, y puedan ir diciéndonos aquello que necesitamos escuchar. Pero no siempre somos conscientes de su presencia, o siempre nos hacemos tiempo para dejarlos guiarnos o hablarnos de parte de Dios. ¿Por qué? Porque hemos crecido y creemos que los ángeles sólo son para los niños, sin darnos cuenta que aún seguimos siendo niños ante el Corazón del Padre Dios, y por eso Él siempre nos dejará a nuestro lado a los Ángeles Custodios para asegurarse de nuestro caminar. Sólo necesitamos sentirnos niños frente al Padre y crecer en el espíritu para poder escuchar su voz que nos ayuda a discernir la Voluntad de Dios.
A esto ayuda la reflexión que hace Jesús sobre la soberbia y la vanidad de los fariseos que se creen más grande de lo que son y andan por la vida mostrando su grandeza, en cambio la pobre viuda sabe que su vida está puesta en las manos de Dios, por eso a Él le ofrece todo lo que tiene y no sólo lo que le sobra.
Cuando nos sentimos agobiados le ofrecemos a Dios más de lo que podemos, pues, a veces, hacemos promesas a Dios imposibles de cumplir, pero es porque nos sentimos con el agua al cuello y buscamos un modo de salir de esa situación. Pero en tiempo de calma y abundancia sólo le damos lo que nos sobra de nuestra vida y de nuestro tiempo.
La niñez y la pobreza espiritual nos ayudan a entregarnos confiadamente en los brazos del Padre, para que sea Él nuestra Vida y nuestro Horizonte, para que sea Él quien guíe nuestros pasos y nos acompañe en el caminar, ya sea por verdes praderas o por oscuros valles, pues sólo nos importa saber que siempre Él estará con nosotros y nos guiarán sus ángeles en todos los pasos.
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