miércoles, 7 de junio de 2017

En el desconsuelo han sido escuchados

En la historia de Tobit que hemos escuchado en estos días, del libro de Tobías, fuimos viendo cómo los diferentes percances o enfermedades van opacando y oscureciendo la vida de fe de Tobit y, paralelamente, la de Sara. Los dos tienen sentimientos de muerte y de frustración, pero, incluso en ese momento, de total oscuridad elevan su oración al Señor quien los libra de la muerte.
No siempre, por más intensa que sea nuestra oración y por más constante que sea nuestra vida cristiana, somos escuchado por Dios para que realice lo que le pedimos en el momento que nosotros queremos. Pero estos dos personajes, como tantos otros de la vida real, nos enseñan que, aún así en los momentos de mayor oscuridad y peores deseos, hemos de mantenernos en la oración pues es Dios quién sabe cuándo es el momento para que podamos recibir aquello que necesitamos.
La oscuridad de la fe, el desierto espiritual, la sequedad en la oración nos momentos que, también, tenemos que aceptarlos en nuestras vidas. Las grandes cruces o las pequeñas y constantes, también hemos de aceptarlas aunque nos cansen y agobien. Aunque nuestra plegaria de todos los días sea: "¿por qué a mí Señor? ¿Por qué siempre a mí?". Pero eso ya es un signo de mi necesidad de Dios. Y como dice el libro de Tobit:
"Entonces extendió las manos hacia la ventana y oró.
En aquel instante, la oración de ambos fue escuchada delante de la gloria de Dios, el cual envío al ángel Rafael para curarlos".
Es cierto, nunca podremos comprender los tiempos de Dios, ni el por qué nos pide lo que nos pide, pero sí podremos aceptar su Voluntad si, a pesar de las oscuridades del alma, seguimos con constancia Su Camino. Por supuesto que no es fácil aceptar lo que no nos gusta o nos duele, pero por eso Jesús nos dejó sus Huellas y vivió en su propia carne nuestra oscuridad y nuestro agobio ante la Cruz, pero aún así: "que no se haga mi voluntad sino la Tuya". Y "Dios le envió a sus ángeles para que le asistieran".
Permanecer en la tempestad es cuando mejor se demuestra el valor del capitán del barco, dice algún refrán por ahí. Nosotros, como dice Santa Teresa, tenemos el mejor Capitán, nosotros estamos en su Barca, no tengamos miedo ni nos desesperemos, pues aunque parezca que duerme Él siempre está a nuestro lado.

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