viernes, 16 de junio de 2017

Nuestro tesoro: ser sus hijos

"Hermanos:
Llevamos el tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, mas no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados , mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo".
¿Cuál es el tesoro que tenemos? ¿Lo hemos reconocido? ¿Hemos podido reconocer el hermoso regalo que nos ha hecho Dios y el precio que ha pagado por el?
El espíritu de hijos que nos ha regalo Dios es el mejor tesoro que podemos recibir en esta vida y en el próxima, pero es un tesoro que no siempre hemos sabido valorar, cuidar y, sobre todo, hacerlo crecer y producir. Claro que nos sabemos hijos de Dios, pero no siempre lo valoramos como es debido, por eso San Pablo habla de lo que puede ocurrirnos pero no nos ocurre porque llevamos ese tesoro en nuestro interior.
No es que nosotros tengamos la fuerza en nosotros mismos, ni la capacidad de perdonar, ni la suficiente esperanza para poder mirar hacia arriba y confiar en la ayuda que nos viene de la Providencia. Todos esos dones sobrenaturales nos vienen gracias a nuestra filiación divina: porque creemos confiamos, y creemos gracias al Espíritu que nos ha sido dado y que nos sostiene y mantiene en la fe en Nuestro Dios y Señor que nos envió a Su Hijo Único para darnos Vida y en abundancia.
Es esa vida divina la que nos mantiene atentos y vigilantes, y nos asiste en los momentos de turbación y oscuridad, es su Espíritu que habita en nosotros el que nos ayuda a pedir lo que necesitamos y acude en nuestro socorro cuando estamos apurados y abandonados. Es la Sangre y el Cuerpo de Cristo quien nos ayuda a dar sentido a todo lo que sufrimos y padecemos, y nos consuela el saber que en su Cruz nada pierde valor, sino que todo es para el bien de aquellos que lo aman.
"Pero teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: «Creí, por eso hablé», también nosotros creemos y por eso hablamos; sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús también nos resucitará a nosotros con Jesús y nos presentará con vosotros ante él.
Pues todo esto es para vuestro bien, a fin de que cuantos más reciban la gracia, mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios".
Es de buen hijo ser agradecido, dice algún refrán por ahí, y eso es lo que hemos de tener muy en cuenta, agradecer diariamente el Don que hemos recibido, el tesoro de Gracia y Vida que el Padre nos ha dado al llamarnos a ser su hijos.

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