"Hermanos:
Nos apremia el amor de Cristo, al considerar que, si uno murió por todos, todos murieron.
Y Cristo murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió y resucitó por ellos.
De modo que nosotros desde ahora no conocemos a nadie según la carne; si alguna vez conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no lo conocemos así.
Por tanto, si alguno está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo".
Realmente las cartas paulinas son un incentivo constante para nuestra vida espiritual, para nuestra vida cristiana. San Pablo intenta contagiarnos todo el fuego del espíritu que él lleva en su corazón, toda la alegría de haberse encontrado con un Nuevo y Verdadero Camino de Salvación. Y nos lo presente tal cual él lo está viviendo: totalmente renovado por el Espíritu y encendido por el fuego de su Amor.
Claro que cuando nosotros intentamos espejarnos en sus palabras y en sus vivencias vemos una gran distancia entre lo que anhelamos (como él) ser y lo que en realidad vemos que somos cada día. Ese espejarnos en sus vivencias nos ayuda constantemente y no lo tenemos que pensar como un fracaso en nuestra vida espiritual, ni tal siquiera como un horizonte al que nunca llegaremos.
Y es ese espejarnos en la vida de los santos lo que nos hace descubrir lo que hemos vivido y cuánto nos falta por vivir. Y en ese camino estamos: el camino de la reconciliación, con nosotros mismos y con Dios. Claro que para que haya buena reconciliación tiene que haber reconocimiento de los errores y asumir que me he equivocado, que lo que he vivido no estaba en el Camino de la Voluntad, no era evangélico y por lo tanto, decidido a vivir he de tomar el primer paso de la reconciliación: pedir perdón.
"Todo procede de Dios, que nos reconcilió consigo por medio de Cristo y nos encargó el ministerio de la reconciliación.
Porque Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirles cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación.
Por eso, nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros.
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios.
Al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáremos a ser justicia de Dios en él."
El mejor camino que podemos recorrer en nuestra vida y el que más Gracia nos otorga y más alegría nos da es el Camino de la Reconciliación con el Padre, conmigo mismo y con los hermanos y el primer paso es reconocer mi error. Y eso nos lo enseñó Jesús en la Parábola del Hijo Pródigo: sólo reconociendo que me he equivocado puedo volver a la Casa del Padre para vivir una vez más la alegría del abrazo divino.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.