Al leer este diálogo de Dios con Abrán sobre el tema de la descendencia de Abrán, un tema que es bastante difícil para él pues ya no tenía edad para tener descendientes, parece que es algo impensable a esa altura de su vida de creer. Pero Dios sigue insistiendo en la descendencia de Abrán, hasta que él llega a creer a Dios y así sella una Alianza Dios con Abrán. Todo esto me hacía pensar en algo que, hace muchos años, decía un profesor en una clase:
"hay tanto para creer en nuestro Credo que nos dedicamos a creer lo que no está en él, y en cambio no le creemos a Dios".
Somos muchos los que recitamos cada domingo el Credo de nuestra fe, pero no siempre creemos en el Credo, sino que creemos en lo que el mundo nos dice. Decimos por ejemplo que creemos en un Dios Padre todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra. Este Dios y Padre fue revelado por los profetas y, últimamente, por el Hijo Único que nos habló de Él y nos enseñó cómo era, y nos ayudó a hablarle como a nuestro Papá - Abba. Pero vamos detrás de otros dioses, buscamos nuestros destinos en los horóscopos, en las cartas, en tantas cosas ponemos nuestra confianza que nos olvidamos del poder de nuestro Padre Celestial. No confiamos en Su Providencia.
Creo en Jesucristo su Único Hijo.... ¡Tanto nos dio el Hijo para salvarnos! Él pagó con su sangre nuestro rescate del pecado, nos dejó su Cuerpo y Sangre para fortalecernos y renovarnos día a día para que no perdamos nunca la santidad que nos hace hijos de Dios. Pero sin embargo nos alimentamos con otros panes que no dan vida, sino que nos separan de la Vida, pues no lo buscamos en Su Palabra ni en la Eucaristía.
Por eso Jesús nos dice hoy:
"Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Así, todo árbol sano da frutos buenos; pero el árbol dañado da frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis".
Si no estamos alimentados de Dios, si nuestra vida no es de Dios ni para Dios, si nos hemos alejado de Cristo y no nos alimentamos con su Pan de Vida ¿podremos tener Vida de Dios? ¿Podremos dar los frutos abundantes del Espíritu? No esperemos buenos frutos si lo que alimenta las raíces de nuestra vida espiritual no son los alimentos que nos da el Padre y el Hijo, sino alimentos superfluos que encontramos en cualquier lugar.
Dios selló una alianza con Abrán con animales muertos y la mantiene por los siglos. Dios selló una Alianza Nueva ya no por la sangre de animales sino con la misma Sangre del Hijo que se renueva en cada Altar Eucarístico ¿lo dejarás pasar de largo? O irás al Altar para mantener viva la Alianza que Dios hizo contigo?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.