sábado, 11 de marzo de 2017

Una vida más allá de la letra

Le dice Dios al pueblo por medio de Moisés:
"Hoy has elegido al Señor parque el que él sea tu Dios y tú vayas por sus caminos, observes sus mandatos, preceptos y decretos, y escuches su voz. Y el Señor te ha elegido para que seas su propio pueblo, como te prometió, y observes todos sus preceptos".
Si bien es Dios quien elige a su pueblo, pero también es el pueblo, el hombre de modo personal y libre, quien elige a su Dios. En todo momento Dios ha dejado muy en claro que nuestra elección por Él, por ser parte de su pueblo, es una elección libre que cada uno hace.
Anoche decía en la homilía que es una pena que no podamos conocer bien a qué Dios elegimos cuando nos bautizan de pequeños, y, es más, muchas veces, los padres y los padrinos tampoco saben qué eligen para sus niños. ¿Por qué esto? Porque el optar libremente por algo me genera la obligación de vivir de acuerdo a lo que opto, pero si no se lo que me han hecho hacer, ni lo que tengo que hacer para vivir de acuerdo a lo que han elegido para mí ¿cómo ser fiel a lo que me han dado?
Es así que en la edad "madura" o cuando comenzamos a tener uso de razón debemos comenzar a formarnos e interesarnos por la vida elegida o que han elegido para mí. En este caso saber bien cuál es el evangelio que Jesús ha dejado para mi vida: ¿cuáles son los mandamientos de Dios? ¿Cuáles son los consejos evangélicos que Jesús nos dio? ¿Cómo ha sido el Camino que Jesús nos ha dejado marcado para vivir como cristianos?
Porque no sólo son los 10 mandamientos los que tengo que "cumplir" sino que es la Vida Nueva que Jesús nos mostró lo que tengo que vivir. Por eso en el evangelio de hoy, como en los anteriores, les va mostrando a los discípulos que no es sólo la letra de la Ley, sino que nuestra vida desde su Venida es mucho más que cumplir con la letra de la Ley, sino que es vivir el espíritu que el Padre quiso imprimir en la Ley y los Profetas por medio de la Ley del Amor.
«Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y aborrecerás a tu enemigo.
Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto».

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