Al comenzar la Cuaresma la liturgia nos presenta las Tentaciones de Jesús en el desierto, un lugar al que, muchas veces sin querer vamos, y, también, sin darnos cuenta. En nuestras vidas hay muchos desiertos, algunos queridos, otros no tanto. El desierto es ese espacio o tiempo en el que no hay nada a mi alrededor, en el que no encuentro nada que me atraiga ni que me ayude a nada, sólo silencio y vacío de cosas y personas. Hay tiempos en los que el corazón de una persona se siente así: vacío, en soledad total aunque a su alrededor haya miles de personas y de cosas, pero sólo encuentra vacío. Otras veces por el crecimiento espiritual de la persona es Dios mismo, como con Jesús, quien te lleva al desierto para fortalecer el espíritu, la confianza, el amor. Otras veces es uno mismo quien se dirige al desierto para re-encontrarse con uno mismo y con Dios.
Cuando nos encontramos en el desierto, sea por el motivo que sea, no sólo nos encontramos con nosotros mismos, sino también llegan algunos o algún que otro diablo a nuestra vida para darnos muestras de su "compañía". Y las tentaciones llegan como agua de mayo pues al Tentador sólo le interesa que sucumba a sus insinuaciones, porque es el momento en que me encuentro más débil y necesitado. Y mirad, hay tres tentaciones muy marcadas en el evangelio: el hambre que nos habla de una necesidad corporal, física, San Pablo diría de "la carne"; otra tentación es el que tentemos a Dios para que haga lo que yo quiero, y si no lo hace descubrir que no existe y así perder el don de la Fe; y la tercera, es el apetito de poder que ya yace en el interior del hombre por el pecado original, querer dominar a Dios, al hombre que hay en mí y a los demás.
Jesús nos enseña que nada de eso es conforme a la Voluntad de Dios, que sólo se vence a las tentaciones con la fuerza de la Palabra de Dios, pues en Ella está la Vida y la Vida en abundancia que es la que sostiene y fortalece nuestra propia vida espiritual.
Pero, nosotros sabemos que, muchas veces, no necesitamos estar en un desierto espiritual para sufrir estas tentaciones, pues siempre tenemos a alguien que nos está "soplando" al oído cualquiera de estas tres o alguna más que se ha inventado en estos tiempos. Por eso es que cada día hemos de recurrir a la Palabra para que Ella nos ayude a defendernos de estas tentaciones, la relación con Dios y la fortaleza que nos da su Gracia es la que nos ayuda a ser fuertes en las tentaciones y a poder "alcanzar la meta sin perder la fe".
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.