Por cuestiones de la liturgia hoy día 20 de marzo se celebra la Solemnidad de San José, aunque en algunos lugares se ha realizado también el domingo. Pero nunca deja de ser algo bueno para el alma mirarnos en San José para renovar nuestra vida de entrega a la Voluntad de Dios.
En los tiempos que vivimos es casi normal que todos busquemos un lugar para destacar, para ser famosos, para que se nos vea o se nos aprecie desde un lugar más alto del que estamos, y, por eso, si es posible vamos pisando, sin que se den cuenta, a los demás, cercanos o lejanos.
Se ha hecho muy común que todos busquemos algo de fama y desde muy pronta edad, por eso tantos programas de top talent para niños, y los padres los llevan ya desde los pocos años que ni saben hablar casi, pero ya quieren ser famosos, menos mal que aún no ha salido la Casa de Gran Hermano con niños pequeños... pero no faltará mucho.
Claro que esto no es propio de este tiempo, sino que es propio del hombre que siempre ha buscado tener lugares de privilegio y puestos de poder, para saciar su hambre de dominar.
San José se nos presenta en la historia de nuestra salvación como el hombre justo, pero un hombre que siempre se mantuvo en silencio. No hay nada en los evangelios que nos recuerden palabras de José, sino que sólo nos muestran un hombre justo y silencioso que buscando siempre lo mejor para los demás, acepta dócilmente la Voluntad de Dios en todo momento.
Aún en la noche más oscura de la fe y de la razón se desprende de sí mismo y acepta la Voluntad de Dios que se le anuncia entre sueños. Porque la aceptación de María como esposa es un salto en la fe y, quizás, hasta una negación de la razón, pues María estaba embarazada cuando él la tomó por esposa. Ya había decidido abandonarla en secreto, pero sin menoscabar su dignidad, sino aceptando él el pecado, y en ese momento es cuando el Señor le pide el salto en la fe: "el hijo que ella está esperando es fruto del Espíritu Santo", y él la tomó por esposa y fue su esposo fiel y solícito hasta el día de su muerte.
Por eso San José es modelo de padre, de esposo, de trabajador, de hombre de fe pues en todo momento, desde el silencio supo buscar el Bien, la Verdad y la Voluntad de Dios. Y así pudo vivir no a la sombra de María y Jesús, sino a su lado buscando y viviendo en todo momento lo que el Padre le pedía, amando y protegiendo la vida que se le había encomendado como esposo y padre, asumiendo su rol en esa y en esta etapa de la historia de la salvación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.