martes, 28 de marzo de 2017

Qué es importante el sábado o el hombre?

"Más tarde lo encuentra Jesús en el templo y le dice:
«Mira, has quedado sano; no peques más, no sea que te ocurra algo peor».
Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado".
¿Qué era más importante curar al enfermo o respetar el sábado? Para los que querían acusar a Jesús lo importante era encontrar una excusa para condenarlo por haber infringido la ley: en sábado no se podía trabajar ni hacer esfuerzos. Por eso no lisiado no podía llevar su camilla como le había dicho Jesús, ni tampoco podría Jesús curarlo en ese día. Pero para quienes querían acusarlo bastaba con que hiciera cualquier cosa, porque cualquier cosa valía para poder acusarlo por estar en contra de la Ley.
No miramos el bien que alguien hace con alguna decisión, con algún acto o con sus palabras, sino que cuando tenemos entre los ojos la idea de que siempre va a actuar en contra de lo que yo quiero, lo único que veo son sus posibles errores y no sus aciertos.
Es tan profundo el daño que nos ha hecho el pecado original que, muchas veces, no nos damos cuenta cómo nos dejamos dominar por instintos malsanos pues no dejamos que la vida fluya como el agua para sanear todo lo que toca a su paso.
La visión que tiene Ezequiel del agua que sale del templo es una respuesta a nuestra vida cristiana: hemos recibido el agua purificadora del bautismo y nos ha purificado el corazón y ha llenado nuestra vida con su pureza. Nuestro cuerpo que es Templo Vivo del Espíritu Santo es ese templo de la visión que deja verter sus aguas para purificar el mundo donde vive, así nuestras palabras cuando están llenas del Espíritu son renovadoras, dan vida, esperanza, alegría, amor. Pero cuando hemos dejado de renovar los Dones del Espíritu en nuestro corazón y le dimos paso al espíritu del mundo ya nuestras palabras y acciones no son renovadoras ni purificadoras, sino que buscan la división, el engaño, la mentira, la discordia, provocan desesperanza, tristezas...
Por eso, cada día, Jesús nos invita a purificar nuestro corazón para que los Dones del Espíritu se renueven en nosotros, para que siempre lo que hagamos no sea para poner palos en la rueda de la vida, sino para que sea partícipes de la renovación de la sociedad, para que llevemos siempre la alegría de la esperanza de un hombre nuevo capaz de descubrir siempre lo mejor de la creación, lo mejor de cada hermano, y dar así un nuevo impulso de esperanza a lo que se va desgastando.

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