miércoles, 30 de noviembre de 2016

Los que anuncian el Evangelio

"Pues «todo el que invoca el nombre del Señor se salvará».
Ahora bien, ¿cómo van a invocarlo, si no creen en él?; ¿cómo van a creer, si no oyen hablar de él?; y ¿cómo van a oír sin alguien que proclame?; y ¿cómo van a proclamar si no los envían? Lo dice la Escritura: « ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el Evangelio! » Pero no todos han prestado oído al Evangelio; como dice Isaías:
«Señor, ¿quién ha dado fe a nuestro mensaje?» Así, pues, la fe nace del mensaje, y el mensaje consiste en hablar de Cristo".
¿Quién predicará el mensaje de Cristo? Aquél que crea en Cristo, aquél que tenga fe en Cristo Jesús, aquél que haya tenido una experiencia personal de Cristo y se haya enamorado del Amor. No hay que tener una gran formación teologal o filosófica o escriturística para hablar de Jesús, para compartir las vivencias de Dios. Quizás hoy se necesite más valor que sabiduría para hablar de Jesús, pues, a veces, da miedo lo que nos vayan a decir o lo que vayan a pensar. Y sin embargo hablamos de tantas cosas vanas y lo mejor de nuestra vida no lo compartimos.
Por eso me gusta esta otra bienaventuranza para comenzar el día: ¡Qué hermosos los pies de los que anuncian el evangelio!. Es una alabanza para nosotros si nos disponemos de corazón a anunciar el evangelio con nuestra vida, con nuestras palabras, con nuestras obras. Por eso no hace falta ninguna clase de estudio para evangelizar, porque lo que más evangeliza es el evangelio vivo que es nuestra persona.
Y ¿por qué con hermosos los pies de los que anuncian el evangelio? Porque esos pies traen a una persona que nos llena el corazón con la Buena Noticia de la Salvación, porque esa persona es portador de paz, de amor, de alegría, de gozo y esperanza en el Señor. El evangelizador, como el Señor, no me quita los dolores, ni me cambia la Cruz, no hace que desaparezcan las malas enfermedades ni los procesos vitales, sino que fortalece mi corazón y mi alma con paz, me abre a la esperanza de la vida eterna, me alienta en los tropiezos del pecado tendiéndome su Mano para levantarme, me cura las heridas de los sufrimientos antiguos para dejar paso a la Luz del nuevo día por construir.
El discípulo, el apóstol, el misionero, el evangelizador es un puente por el que la Buena Noticia llega a los oídos y al corazón de aquél que necesita escucharla, pues no todos los que la buscan la quieren escuchar, ni todos los que la escuchan quieren recibirla, ni todos los que la reciben quieren atesorarla. Pero a quienes la reciben les da la Gracia de llegar a vivir la alegría de la Fe, el gozo de saberse hijos amados y salvados. Y quienes la anuncian reciben el gozo y la paz de ser testigos fieles y creíbles de la Buena Noticia que han recibido.
¡Qué hermosos que son los pies de los que anuncian la Buena Noticia!

martes, 29 de noviembre de 2016

Bienaventurados los que ven y oyen a Jesús

"Y volviéndose a sus discípulos, les dijo aparte:
– «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».
¿Qué es lo que lo discípulos vieron y oyeron? Vieron al Mesías esperado, oyeron sus palabras, todo aquellos que muchos habían esperado por siglos lo estaban teniendo delante de sus ojos, sus palabras llenaban sus corazones. No era un simple hombre, aunque en ese momento ellos no lo supieran comprender o entender o ver, era el Mesías anunciado y esperado por los Profetas, era la Esperanza de Israel.
Pero esa Bienaventuranza no era sólo para ellos que estaban junto a Jesús, lo es también para nosotros, que, gracias al Don de la Fe lo vemos al Señor en la Eucaristía, lo escuchamos en Su Palabra, y podemos ser sus hermanos gracias al Espíritu Santo que se nos ha dado, y nos hace llamar a Dios ¡Abba! ¡Padre! Es hoy también una bienaventuranza para nosotros, pues vemos y oímos lo que otros no pueden (o no quieren) Y ¿qué significa para nosotros?
Los discípulos y la gente que convivía con Jesús no pudieron entender (en plenitud) su mensaje hasta después de Pentecostés y, por eso, algunos no pudieron seguirlo pues, como decían algunos, "sus palabras eran duras". Hoy nosotros, llenos del Espíritu Santo, ¿comprendemos el Valor de Sus Palabras? ¿llegamos a aceptar lo que Él nos dice? ¿Valoramos a Jesús como el Mesías Salvador, como el Señor de nuestras vidas?
Para muchos, en estos tiempos, las Palabras de Jesús también son duras y por eso deciden dejar de seguirlo, ir por otros caminos; otros deciden negar su existencia; otros aceptamos seguirlo pero, quizás, sin hacer caso a sus Palabras; y, otros, los Bienaventurados lo siguen porque han comprendido el valor del mensaje y se han lanzado al Buen Combate de la Fe e intentan hacer vida sus Palabras.
Serán los Bienaventurados quienes puedan ver realizada la profecía de Isaías, o quienes más se ocupen de realizar ese Mundo Nuevo en donde la Paz y la Fraternidad sea lo que reine entre la creación, pues Dios se ha hecho presente en medio de los Bienaventurados por que el Reino de los Cielos se ha construido en la Tierra.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Los caminos de la vida

Al igual que ayer, primer Domingo de Adviento, el salmo nos invita:
"¡Vamos alegres a la casa del Señor!", y en la primera lectura nos dice:
«Venid, subamos al monte del Señor, a la casa del Dios de Jacob".
Estamos en camino, pero no un camino cualquiera, sino el Camino que nos lleva a la Casa del Señor. Y así es toda nuestra vida: una vida en camino. Y este Camino podríamos decir que tiene tres lugares a dónde llevarnos, los cuales no son muy diferentes entre sí. Bueno en realidad hay muchos más caminos, pero vamos a hablar del Camino que nos lleva al Señor.
Un primer camino se me ocurre que es el Camino Interior, el que nos lleva al centro de nuestro corazón, de nuestra alma. Ese Camino es el del silencio interior que hemos de hacer para encontrarnos a nosotros mismos, para reconocernos, para conocer quiénes somos, qué queremos, y así, saber hacia dónde queremos ir, o, en nuestro caso, encontrarnos con el Espíritu de Dios que nos ayude a ver hacia dónde quiere el Padre que vaya. Quizás es el Camino más difícil de recorrer porque requiere mucha paciencia, mucho tiempo de encuentro pues cada uno de nosotros somos los más escurridizos ante nosotros mismos, por eso, a veces, no nos gusta ir hacia nuestro interior.
Un segundo camino es a la Casa del Señor, al Templo en donde puede encontrarme con el Señor que me espera, cada día, en el Sagrario. Sí, Dios está en todas partes, pero nuestra fe nos dice que en el Sagrario está Jesús Vivo y Presente. Que también, un espacio importante para mi fe es la celebración de la Eucaristía: la escucha de la Palabra en Comunidad, y el Encuentro con Jesús Eucaristía, son dos momentos importantes para recibir la fuerza y la Vida de Dios para que me ayuden a recorrer los Caminos marcados.
No es que seamos ya fuertes y seamos ya inmaculados para poder ir a Misa y comulgar con el Pan de la Vida, sino que somos peregrinos que necesitan alimentarse, en posible, cada día, para no perderse en el Camino, para poder tener la Gracia suficiente para levantarse de cada caída, para tener el Amor necesario para amar al prójimo y a uno mismo.
Y el tercer Camino es el que nos conduce a las Moradas Eternas, y ese Camino lo recorremos andando los dos anteriores pues nuestra vida terrena es un Camino al Cielo, a la Casa del Padre, siempre y cuando sigamos Sus Huellas. No todos los caminos conducen a Roma, ni todos los caminos conducen al Cielo, por eso tengo que andar con cuidado y con precaución para saber por dónde voy y qué camino elijo, no vaya a ser que por elegir el más amplio y rápido me pierda de alcanzar lo que espero, pues como dijo Jesús: "el camino de la perdición es ancho, pero la puerta que conduce al Cielo es estrecha, esforzaos por entrar por la puerta estrecha".

domingo, 27 de noviembre de 2016

Adviento: Esperanza de un Hombre Nuevo

El tiempo de Adviento es un Camino de Esperanza hacia la Navidad, pero también es el inicio de una nueva etapa dentro de la liturgia que nos abre al misterio de nuestra vida, pues, también, nuestra vida es un constante Camino de Esperanza hacia... Y ahí está nuestra pregunta y nuestra respuesta: ¿hacia dónde nos encaminamos? ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? o ¿Quién le da sentido a nuestra vida?
Pues todos caminamos hacia algo o hacia alguien, ese algo o alguien es quien le da sentido y esperanza a nuestra vida. Sentido porque tenemos una dirección, un horizonte hacia dónde ir, y por eso, en cada paso vamos tomando una decisión: la decisión de ir hacia ese horizonte o de corregir el camino, o, incluso, de modificar el horizonte porque ya no es el que me gusta.
Y ese ese mismo sentido, ese mismo horizonte el que me da esperanza, pues anima mi caminar el saber que llegaré a cumplir esa meta, que alcanzaré lo que he visto como lo mejor de la vida.
En nuestra vida cristiana Caminamos hacia al Vida Eterna, pues volvemos a la Casa Paterna, sabemos que ahí está nuestra Vida Verdadera, pero que es una Vida que vivimos día a día, pues esperamos que el Reino de los Cielos venga a la Tierra. Será en el Cielo donde nos encontremos cara a cara y lo veamos tal Cual Es a nuestro Padre Dios, Él es quien nos da Esperanza en su Hijo Amado, Nuestro Señor Jesucristo quien nos dio la Vida por su muerte y resurrección. Es Él quien no da la Esperanza de alcanzar la meta, es Él quien da sentido a nuestra Vida, pues Él es nuestra Vida.
Así nuestro Camino de Adviento es un Camino diario a nacer, cada día, como un Hombre Nuevo, como un verdadero Hijo de Dios, que día a día va tras el Ideal que le da sentido a su vida: "sed santos porque vuestro Padre Celestial es Santo", "sed perfectos porque vuestro Padre Celestial es Perfecto" porque "Él nos ha elegido desde antes de la creación del mundo para ser santos e irreprochables en su presencia por el Amor".
Viviendo nuestro Camino de Adviento cada día, cada día nos encontraremos, o necesitaremos encontrarnos con el Jesús que Viene, con el Señor que se acerca y con el Señor que nos alimenta, para que cada día al despuntar el nuevo día nazca en nuestro corazones el deseo de Fidelidad a la Vida que Él nos regaló, y, así, cada día será Navidad y cada día será un Nuevo Adviento de Esperanza para cada uno, y para toda la humanidad, pues un Hombre Nuevo nace cada día.

sábado, 26 de noviembre de 2016

Vivir con conciencia

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra".
Hoy es el último día del tiempo litúrgico, comenzamos mañana el Tiempo de Adviento, un nuevo tiempo, por eso hoy se nos invita a pesar en nuestro último día, ¿cuál será? ¿Y si fuera hoy? ¿Estamos preparados? Pero no os asustéis Jesús no quiere asustarnos al hablarnos de estas cosas, sólo quiere que estemos preparados, que los placeres del mundo no nos emboten el pensamiento y el corazón, sino que podemos pensar y sentir con tranquilidad y paciencia, sabiendo qué es y por qué hacemos lo que hacemos y, sobre todo, para poder disfrutar de todo lo que vivimos.
Vivimos en tiempos donde todo es a la carrera, voy de un lado para otro sin ver nada de lo que pasa a mi lado; paso de una etapa a otra de la vida sin poder disfrutar de cada momento; vivimos en el ruido del mundo, cada día más aturdidos de música, de gritos, de ruidos, de cosas sin poder apreciar el silencio. Sufrimos de muchas cosas y no disfrutamos de quien viene a hacerme compañía, y tampoco soy capaz de disfrutar de ir a hacerle compañía a quien lo necesita.
Hay una canción de hace muchos años en donde la cantante hablaba de que cuando éramos niños queríamos ir a la escuela, después soñábamos con ir a la universidad, cuando estábamos en la universidad estábamos ansiosos por estar trabajando... y así se nos pasaba de la vida mirando ya la próxima etapa y sin terminar de disfrutar la que estábamos viviendo.
Cada día, aunque esté gris o soleado, es un día para vivirlo, para gustarlo, y, para nosotros, para vivirlo desde la Voluntad de Dios, cada día es una nueva oportunidad para crecer en santidad y para, en fidelidad a Dios, ser instrumentos en Sus Manos y vivir la misión de ser enviados a llevar la Buena Noticia a todos los hombres. No dejemos que nuestros días se nos escapen de la manos, sino que aprendamos a no dejarnos embotar por las cosas del mundo y ponerle, así, Vida a cada día.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Hombres Nuevos constructores de una Nueva Jerusalén

"Y vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo".
Siempre que la Palabra nos habla de lo que va a venir al final de los tiempos, o cuando Jesús nos habla de las catástrofes, siempre hay, finalmente, un signo de esperanza. Ayer nos decía: "levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación". Hoy en el Apocalipsis termina con la imagen de la Jerusalén celestial, una nueva imagen del mundo nuevo. Y nada de eso queda, para los hombres de fe, en palabras vacías pues sabemos que la Palabra de Dios es Verdad, y es Promesa que se cumple en el tiempo adecuado. Pues así fue también con la venida del Mesías: "en la plenitud de los tiempos envió Dios a Su Hijo Único nacido de mujer...".
Claro que nunca sabremos cuándo es la plenitud de los tiempos, hay signos que nos ha ido dejando Cristo, pero no son signos tan evidentes y claros como para saber es ahora o es mañana.
Somos quizás una generación que quiere controlar el tiempo y la hora, la vida y la muerte, pero no se da cuenta que no somos los Señores del Tiempo ni de la Vida, sino que somos sólo criaturas, sí que hemos llegado (algunos) a altos niveles intelectuales y pueden generar vida y generar muerte, y así creerse más dioses que hombres, pero aunque lo crean no llegan a serlo.
Quizás los hombres (varones y mujeres) de esta generación nos hemos subido demasiado al pedestal de los dioses y creemos que podemos con todo, pero no es cierto, pues no podemos ni siquiera con nosotros mismos, muchas veces. Por eso necesitamos creer, creer para volver a ser pequeños y confiados; creer para volver a ser hijos que escuchan y obedecen a la Palabra del Padre; creer para volver a encontrar el Camino interior que nos conduzca a la fraternidad y a la paz.
Creer porque sabemos que la Jerusalén Celestial llegará a nuestra vida, pero no caerá como mágica desde las nubes, sino que será un trabajo cotidiano de aquellos que, sabiéndose instrumentos, se ponen a la escucha del arquitecto de la Vida y obedientes a sus mandatos ponen día a día los cimientos y levantan las paredes de un Mundo Nuevo, pues los cimientos y los ladrillos de ese Mundo Nuevo somos nosotros los Hombres Nuevos que aprendeos día a día a vivir en fidelidad y obediencia de amor a la Palabra de Dios.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación

"Cayó, cayó la gran Babilonia", dice el Apocalipsis. Pero, ¿quién es la gran Babilonia? o ¿Qué es la gran Babilonia? Creo que cada uno tiene que pensarlo y mirarlo. Puede ser una país, un continente o nosotros mismos. La gran Babilonia es la hermosa ciudad que fue levantada y construida para ser la más hermosa de todas, con toda la riqueza y con toda su sabiduría, pero construida sobre cimientos humanos que se comenzaron a prostituir en todas sus dimensiones posibles dejando entrar en sus muros a toda clase de males. Quizás su propia belleza la llevó a la corrupción y por eso terminó derrumbándose.
Y eso nos puede pasar a todos los que nos creemos superiores, a los que creemos que ya tenemos todo, o a los que creemos que podemos aceptar cualquier cosa en nuestra vida sin importarnos cuánto bien o cuánto mal nos hace. Pero ¿tenemos en cuenta cuáles son los cimientos de nuestra vida? ¿Tenemos en cuenta cuál es el sentido que le queremos dar a nuestra vida? ¿Cuáles son los mejores caminos que me llevan a la plenitud y cuáles son los que me perjudican? ¿Todos los caminos que se cruzan en mi vida son válidos para recorrerlos?
¡Cuántas preguntas! Y cada día surgen más si nos damos tiempo para pensar y reflexionar. Para muchos no es posible este camino de reflexión, no es posible este pensarse y mirarse a la luz del espíritu, porque, a veces, al no haberse cultivado lo espiritual hay un vacío tan grande que lo vamos llenando con todo lo que encontramos pues no sabemos para qué es o para qué sirve el espíritu, pues nos movemos sólo por un instinto humano.
Quizás todo nos pueda llevar a la depresión, a reconocer que no hay nada y que poco hemos realizado en la vida. Quizás nos asuste haber llegado a este momento en que tengo que mirarme y al mirarme descubrir que tengo que volver a empezar, o que ya no me quedan fuerzas para comenzar, o simplemente me da miedo descubrir qué es lo que tengo que hacer.
Y llega Jesús y me dice:
"Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación».
Sí, la liberación llega cuando descubro que aún hay tiempo para hacer nuevas todas las cosas. Aún hay tiempo porque el Señor del Tiempo y de la Historia ha tocado a mi puerta y viene a mi encuentro para que mi vida, unida a la de Él, comience un Camino de Vida que deje huella en la historia.
Sí, aún hay tiempo para evitar la destrucción de la vida, de mi vida. Sí, aún hay tiempo para levantar la mirada al Cielo y ver cómo llega la Gracia para retomar las riendas de la vida y dárselas al que sí puede conducirla por senderos rectos que llevan a la plenitud, a la felicidad, a la bienaventuranza.
Siempre hay tiempo cuando descubrimos que no somos dueños del tiempo, ni de la vida, sino sólo instrumentos de un Dios Amor que confía en nosotros y nos todo lo necesario para que el tiempo y la vida tengan un brillo de eternidad, pues en nuestro corazón ha derramado su Espíritu y nos hizo hijos de la Luz, de la Vida y del Amor.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Ocasiones para dar testimonio de nuestra fe

"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a la cárceles, y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio".
Es cierto que las persecuciones a la Iglesia, a los cristianos, comenzaron muy pronto y aún continúan. Ya estaban "previstas" en el anuncio evangélico, y por eso Jesús fue preparando el corazón de los discípulos y los apóstoles desde un principio. También es cierto que el que estén anunciadas y profetizadas no les da el derecho a los contrarios a Jesús, a perseguir a sus seguidores, pero bueno... así es el hombre cuando algo no le gusta o le molesta: trata de sacarlo de su camino.
Pero fijaos cómo finaliza ese anuncio Jesús: "Esto os servirá de ocasión para dar testimonio". Se podría decir que lo único que le preocupa a Jesús es ¿el buen testimonio que den los cristianos? ¿No le importa que pierdan la vida en las persecuciones?
En realidad, sabe que si perdemos la vida terrenal obtendremos la vida eterna, y por eso no le preocupa nuestra muerte. Claro que tampoco desea que haya persecuciones y muertes, pues lo que Dios quiere es que vivamos en armonía y paz, que nos entendamos y amemos como hermanos. Pero... en todo caso, todo será para nuestro bien y para el de los demás.
Y ¿por qué "será ocasión para dar testimonio? Porque ahí es cuando se manifestará la sinceridad de nuestra fe, y ese testimonio ayudará a otros a encontrar el Camino que uno ha deseado recorrer o que ha recorrido. Nuestro testimonio es algo claro o, mejor dicho, debería ser algo que clarifique a los todos los hombres cuál es el Camino de la Vida.
Nuestro testimonio tendría que ser, como dice el mismo Jesús, "luz para iluminar las tinieblas", luz para desenmascarar el pecado, luz para guiar a otros hacia la Luz. Nuestro testimonio tendría que ser lo que, también, cuestione nuestro propio vivir, pues todos los días estamos dando testimonio de nuestro ser cristianos desde el mismo momento en que abrimos los ojos al nuevo día, hasta el momento en que los cerramos para el descanso nocturno.
Es decir, todo el día y todos los días los ojos de los hombres están mirando nuestras vidas, y de eso estamos bien seguros pues siempre hay alguien que tiene algo que decir en nuestra contra y porque quieren que no digamos tales cosas. Por eso nuestro testimonio tiene que ser creíble, auténtico y fiable a pesar de nuestro pecado e imperfecciones. Nuestro caminar es hacia y en la santidad, para que el mundo crea en nuestro Señor Jesucristo: "vosotros sois la sal, la luz, el fermento", no por nuestra propia perfección sino porque Él nos eligió desde antes de la creación del mundo y nos llamó para que, con la fuerza de su Gracia y su Espíritu, llevemos a todos los hombres la Buena Noticia de la Salvación.

martes, 22 de noviembre de 2016

Cultivar la siembra del Señor

En los últimos días del ciclo litúrgico la lectura del Apocalipsis nos recuerda el tiempo de la cosecha, o nos hace pensar, por lo menos, en la cosecha que se va a producir en nuestras vidas, pues llegará el día en que el Señor nos pida los frutos de aquello que Él sembró en nuestros corazones. Es cierto que no tenemos que estar pensando en los frutos, pero sí tenemos que pensar en qué semilla estamos sembrando y cómo la estamos cuidando.
Una buena cosecha no necesita solamente tierra buena, sino también semilla buena, y, además un buen riego, un buen desmalezamiento y tantas otras cosas que saben los que trabajan en el campo.
Algo parecido sucede en nuestras vidas, aunque lo cierto es que Quien sembró la semilla en nuestros corazones ha puesto la mejor de las semillas, pues es Su Propia Vida y el Espíritu Santo que la nutre constantemente. A partir de ese momento nos ha dejado a nosotros mismos para que sigamos el proceso de regarla con la Palabra de Dios y la Gracia sacramental, desmalezar las malas hierbas que van naciendo entre los surcos de la vida, protegerla de las aves que quieren quitarla de nuestro corazón y ayudar al sembrador en la poda de todo aquello que impide el crecimiento, o con aquello que ayuda al crecimiento.
Sabemos también que no sólo somos tierra en la que se sembró la semilla, sino que, al mismo tiempo, somos también sembradores de la Buena Semilla: nuestra voz, nuestros actos, nuestro comportamiento van haciendo volar el polen de nuestras flores a otros corazones para hacer nuevas simientes de Dios.


Él es el sembrador por eso llegará un día que vendrá a cosechar los frutos de esa siembra, por eso tengo que estar consciente y ser responsable de esa hermosa semilla que Él ha depositado en la tierra de mi corazón. Y, sobre todo, estar preparado pues no sabemos cuándo será ese día, sólo tenemos la certeza que cuando llegue Él nos pedirá los mejores frutos.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Dio fe al mensaje divino y concibió por la fe

De los sermones de san Agustín, obispo 
 
    Os pido que atendáis a lo que dijo Cristo el Señor, extendiendo la mano sobre sus discípulos: Estos son mi madre y mis hermanos; y el que hace la voluntad de mi Padre, que me ha enviado, es mi hermano y mi hermana y mi madre. ¿Por ventura no cumplió la voluntad del Padre la Virgen María, ella, que dio fe al mensaje divino, que concibió por su fe, que fue elegida para que de ella naciera entre los hombres el que había de ser nuestra. salvación, que fue creada por Cristo antes que Cristo fuera creado en ella? Ciertamente, cumplió santa María con toda perfección, la voluntad del Padre, y por esto es mas importante su condición de discípula de Cristo, que la de madre de Cristo, es más dichosa por ser discípula de Cristo que por ser madre de Cristo. Por esto María fue bienaventurada, porque, antes de dar a luz a su maestro, lo llevó en su seno.
    Mira si no es tal como digo. Pasando el Señor, seguido de las multitudes y realizando milagros, dijo una mujer: Dichoso el seno que te llevó. Y el Señor, para enseñarnos que no hay que buscar la felicidad en las realidades: de orden material, ¿qué es lo que respondió?: Dichosos más bien los que escuchan la palabra de Dios y la cumplen. De ahí que María es dichosa también porque escuchó la palabra de Dios y la cumplió; llevó en su seno el cuerpo de Cristo, pero más aún guardó en su mente la verdad de Cristo. Cristo es la verdad, Cristo tuvo un cuerpo: en la mente de María estuvo Cristo, la verdad; en su seno estuvo Cristo hecho carne, un cuerpo. Y es más importante lo que está en la mente que lo que se lleva en el seno.
    María fue santa, María fue dichosa, pero más importante es la Iglesia que la misma Virgen María. ¿En qué sentido? En cuanto que María es parte de la Iglesia, un miembro santo, un miembro excelente, un miembro supereminente, pero un miembro de la totalidad del cuerpo. Ella es parte de la totalidad del cuerpo, y el cuerpo entero es más que uno de sus miembros. La cabeza de este cuerpo es el Señor, y el Cristo total lo constituyen la cabeza y el cuerpo. ¿Qué más diremos? Tenemos, en el cuerpo de la Iglesia, una cabeza divina, tenemos al mismo Dios por cabeza.
    Por tanto, amadísimos hermanos, atended a vosotros mismos: también vosotros sois miembros de Cristo, cuerpo de Cristo. Así lo afirma el Señor, de manera equivalente, cuando dice: Estos son mi madre y mis hermanos. ¿Cómo seréis madre de Cristo? El que escucha y el que hace la voluntad de mi Padre celestial es mi hermano y mi hermana y mi madre. Podemos entender lo que significa aquí el calificativo que nos da Cristo de «hermanos» y «hermanas»: la herencia celestial es única, y, por tanto, Cristo, que siendo único no quiso estar solo, quiso que fuéramos herederos del Padre y coherederos suyos. 

domingo, 20 de noviembre de 2016

Reyes que no son de este mundo

Hubo un momento, luego de una de los anuncios de su Pasión, en que la madre de dos apóstoles le pidió a Jesús que sentase a sus hijos uno a su derecha y otro a su izquierda, cuando llegase al poder. Cuando Pilatos lo condenaba Jesús le aclaró: mi Reino no es de este mundo.
Los apóstoles y, quizás nosotros aún, no comprendían que el Reinado de Cristo no era de este mundo, como tampoco nosotros somos de este mundo, aunque estamos en el mundo: "Padre, no te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del maligno..."
Estando ya crucificado vemos cómo algunos le pedían que bajase de la Cruz, que se salvara a sí mismo; pero Jesús sabía que para salvarse y alcanzar la Vida no tenía que bajarse de la Cruz, aunque ese era el peor de los castigos humanos y el peor de los dolores recibidos, no podía bajarse de la Cruz, pues ahí comenzaba el Camino hacia el Trono Real, hacia la Vida Verdadera.
"Si por la desobediencia de un hombre entró la muerte, por la obediencia de otro entraba la Vida al hombre". Ese era el Camino, ese es el Trono del Nuevo Rey; y, por lo tanto, ese es nuestro Camino y ese es también nuestro reinado, pues Él Rey del Universo, nos ungió reyes el día de nuestro bautismo, pero no para ser reyes como los del mundo, sino para ser reyes como Él es Rey. Un Rey que "por el sufrimiento aprendió lo que es obedecer", y "obedeciendo hasta la muerte y muerte en Cruz" nos dio la Vida Nueva y Verdadera que, por el pecado original, habíamos perdido. Y a partir de ese momento en que el Rey entra en el Reino de los Cielos desde ese momento comenzamos a construir el Reino de los Cielos aquí en la Tierra: un Reino de paz y justicia, de libertad y de amor, de fraternidad y esperanza, de alegría y gozo en donde la única Ley que nos rige es la Ley del Amor: "un mandamiento nuevo os doy: amaos unos a otros así como Yo os amé".
Sí, Nuestro Señor Jesucristo es el Rey del Universo, es nuestro Rey, y nos ha hecho coherederos de su reino, dándonos en su Vida el título de reyes, junto con Él, para que nuestra vida sea un claro testimonio de esta Vida Nueva que día a día vamos construyendo aquí en la Tierra con el corazón puesto en el Cielo.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Creo en la resurrección

Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) decía algo así como que cuando se convirtió al cristianismo (ella era de familia judía) comprendió que la resurrección de Jesús (y, por lo tanto, la nuestra) era lo que le daba al hombre la plenitud que le faltaba en la tradición judía, pues ella veía que sin la resurrección el hombre queda incompleto, pero al resucitar y vivir la eternidad encontraba la plenitud de la vida.
Claro que no es fácil entender esto de la resurrección de los muertos, como decimos en el Credo, pero es lo que el Padre quiso darnos y nos había prometido desde el día del Pecado Original. Con el pecado original, dice San Pablo, "entro la muerte en el hombre y por un hombre entró la vida", este hombre es Jesús, quien con su muerte en Cruz destruyó el pecado y con su resurrección nos dio nueva vida.
¿Cómo lo sabemos? Lo creemos y eso (a algunos) nos basta. El Don de la FE es para aceptar aquello que no podemos entender ni ver ni comprobar, pero sabemos que es realidad porque aceptamos la Palabra de la revelación. ¿Cómo será? Ahí nos lo explica Jesús ante la pregunta de los saduceos que no creen en la resurrección:
"Jesús les dijo:
«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.
Y que lo muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza, cuando llama al Señor “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de muertos, sino de vivos; porque para él todos están vivos».
Hemos escuchado muchas cosas sobre la vida del más allá, de aquellos que dicen haber visto muchas cosas, pero lo más cierto y seguro es lo que nos dice nuestra Fe, y lo que Jesús mismo nos ha dejado como regalo para nuestra vida, el testimonio de aquellos que lo vieron Resucitado y estuvieron con Él escuchando sus Palabras. Nos bata la Fe para vivir en la certeza que, "si hemos muerto con Cristo viviremos con Cristo" por que Él nos ha unido a sí mismo, nos hizo parte de su Cuerpo y con Él no sólo resucitamos sino que con Él ascendemos a los Cielos, a dónde Él mismo nos dijo: "En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare sitio, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino".

viernes, 18 de noviembre de 2016

El jarabe del alma

"Él me dice:
«Toma y devóralo; te amargará en el vientre, pero en tu boca será dulce como la miel».
Tomé el librito de mano del ángel y lo devoré; en mi boca sabía dulce como la miel, pero, cuando lo comí, mi vientre se llenó de amargor.
Y me dicen:
«Es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos».
Este pasaje del Apocalipsis me hizo acordar cuando de pequeños nos "invitaban" nuestras madres a tomar un rico y dulce jarabe para curar nuestras enfermedades, tenía un rico olor a fresas o frutas, pero cuando lo tomabas era tan horrible que ya nunca creías en esa invitación, pero había que seguir tomándolo porque era para curar una enfermedad.
Muchos buscan al Dulce Jesús del Dulce Corazón porque Él es el único que hace milagros. Otros se quedan con las Dulces Palabras del Buen Jesús por que Él es el único Misericordioso. Quizás algunos muestras y buscan otra faceta del Jesús de los milagros, o del Jesús del rostro bonito...
Pero, cuando llegan las palabras más directas y duras de Jesús ya no es ni tan bonito, ni tan dulce, ni tan hermoso, porque esas palabras saben amargas al interior del corazón. Cuando Jesús nos llama a una sincera conversión, cuando nos exige un cambio de mentalidad, cuando nos pide que renunciemos a nosotros mismos, cuando nos pide entregar la vida toda al servicio de los demás, cuando nos exige dejar de ser fariseos para vivir en plenitud el evangelio... ya no son tan lindas sus palabras, sino que son palabras duras y difíciles de entender.
Es nuestra realidad, de toda la vida, querer sólo escuchar lo más lindo, lo más dulce; incluso cuando pedimos un consejo a un amigo o familia no queremos escuchar que tenemos que cambiar, sino que nos confirmen en lo que estamos pensando. Sólo aquellos que se dan cuenta que el dolor de la aceptación es lo que nos trae la paz y la fuerza pueden llegar a seguir escuchando lo que es amargo para el alma.
Nosotros, como discípulos de Cristo, tenemos la misma misión que Juan, el del Apocalipsis: "es preciso que profetices de nuevo sobre muchos pueblos, naciones, lenguas y reinos". ¿Por qué hay que profetizar de nuevo? Por que se nos han olvidado las palabras que no nos gustan, porque vamos haciendo oídos sordos a lo que realmente tenemos que vivir y nos vamos convenciendo a nosotros mismos que ya el tiempo es pasado y que ahora hay que vivir otras cosas. Sin embargo la "palabra de Dios es eterna", "es viva y eficaz" por eso Ella es la que sigue anunciándonos el Camino de la Vida, no la cambiemos por otras palabras que no nos llevan a la Vida.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Santa Isabel de Hungría

Conrado de Marburgo
De una carta escrita por el director espiritual de santa Isabel (Al Sumo Pontífice, año 1232: A. Wyss, Hessisches Urkundenbuch 1, Leipzig 1879,31-35)
Pronto Isabel comenzó a destacar por sus virtudes, y, así como durante toda su vida había sido consuelo de los pobres, comenzó luego a ser plenamente remedio de los hambrientos. Mandó construir un hospital cerca de uno de sus castillos y acogió en él gran cantidad de enfermos e inválidos; a todos los que allí acudían en demanda de limosna les otorgaba ampliamente el beneficio de su caridad, y no sólo allí, sino también en todos los lugares sujetos a la jurisdicción de su marido, llegando a agotar de tal modo todas las rentas provenientes de los cuatro principados de éste, que se vio obligada finalmente a vender en favor de los pobres todas las joyas y vestidos lujosos.
Tenía la costumbre de visitar personalmente a todos sus enfermos, dos veces al día, por la mañana y por la tarde, curando también personalmente a los más repugnantes, a los cuales daba de comer, les hacía la cama, los cargaba sobre sí y ejercía con ellos muchos otros deberes de humanidad; y su esposo, de grata memoria, no veía con malos ojos todas estas cosas. Finalmente, al morir su esposo, ella, aspirando a la máxima perfección, me pidió con lágrimas abundantes que le permitiese ir a mendigar de puerta en puerta.
En el mismo día del Viernes santo, mientras estaban denudados los altares, puestas las manos sobre el altar de una capilla de su ciudad, en la que había establecido frailes menores, estando presentes algunas personas, renunció a su propia voluntad, a todas las pompas del mundo y a todas las cosas que el Salvador, en el Evangelio, aconsejó abandonar. Después de esto, viendo que podía ser absorbida por la agitación del mundo y por la gloria mundana de aquel territorio en el que, en vida de su marido, había vivido rodeada de boato, me siguió hasta Marburgo, aun en contra de mi voluntad: allí, en la ciudad, hizo edificar un hospital, en el que dio acogida a enfermos e inválidos, sentando a su mesa a los más míseros y despreciados.
Afirmo ante Dios que raramente he visto una mujer que a una actividad tan intensa juntara una vida tan contemplativa, ya que algunos religiosos y religiosas vieron más de una vez cómo, al volver de la intimidad de la oración, su rostro resplandecía de un modo admirable y de sus ojos salían como unos rayos de sol.
Antes de su muerte, la oí en confesión, y, al preguntarle cómo había de disponer de sus bienes y de su ajuar, respondió que hacía ya mucho tiempo que pertenecía a los pobres todo lo que figuraba como suyo, y me pidió que se lo repartiera todo, a excepción de la pobre túnica que vestía y con la que quería ser sepultada. Recibió luego el cuerpo del Señor y después estuvo hablando, hasta la tarde, de las cosas buenas que había oído en la predicación: finalmente, habiendo encomendado a Dios con gran devoción a todos los que la asistían, expiró como quien se duerme plácidamente

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El sofá de los criticones

Cuando llegamos al final de la parábola de las monedas (o talentos) nos llevamos siempre la misma sorpresa, pues nos encontramos con una frase que no suena bien a nuestros oídos:
"Les aseguro que al que tiene, se le dará; pero al que no tiene, se le quitará aún lo que tiene".
No nos suena bien porque nos parece injusto que se le quite lo poco que tiene y se lo entregue al que más tiene. No nos suena bien porque lo pensamos en términos materiales, tomando en sentido literal las palabras de Jesús, sin pensar que este discurso es una parábola, una metáfora de lo que pasa en nuestro espíritu, en nuestra vida espiritual.
Dios nos ha concedido, a cada uno, diversos y varios talentos (quizás a algunos más que a otros) para que cada uno los utilicemos de acuerdo a la misión que Él mismo nos ha pedido vivir. En esta misión de la vida debemos hacer producir los talentos recibidos, no para que Dios sea cada día más "rico" en beneficios, sino para que esos talentos enriquecidos enriquezcan mi propia vida, pues ese enriquecimiento será lo que me dignifique cada día más, lo que lleve a plenitud mi propia vida.
Pero, lo que ocurre, es que muchas veces tenemos miedo de comprometernos con la historia, con la sociedad. Tenemos miedo de mostrar lo que sabemos por que no queremos que nos utilicen, no queremos que se abusen de lo que tenemos. En realidad, siempre tenemos una buena excusa para no darnos a los demás, no darnos a la historia porque es más fácil ver pasar la vida por delante de uno y criticarla que meterse dentro de esa vida y ayudar a que sea mejor.
Son esas personas las que no sólo no recibirán nada, sino que se les quitará lo poco que tienen porque no han sabido compartir o poner en juego lo que Dios les ha regalado: "pues gratis lo habéis recibido dadlo gratis". Aquellos que no han tenido ni la disponibilidad, ni el valor de decirle a Dios "¡aquí estoy Señor para hacer tu Voluntad!", son quienes no producen más de lo que han recibido, y van perdiendo a lo largo del camino de la vida, aquello que no han sabido compartir: alegría, esperanza, amor...
No dejemos que la comodidad del sofá de los criticones nos enganche de tal manera que sólo miremos pasar la vida, sino que tengamos la fortaleza y la valentía del Espíritu para salir a transformar lo que criticamos, pues para eso tenemos los dones que nos han sido regalados y cuanto más los hagamos producir más plenos nos sentiremos, pues hemos sido capaces de hacer aquello que hemos criticado. Pero sobre todo hemos sido capaces de ser Fieles a la Vida que el Señor nos dio, una Vida que es Buena Noticia para los hombres y causa de salvación para muchos.

martes, 15 de noviembre de 2016

Convertir nuestra tibieza en entrega radical

Hoy no podemos escapar de lo que Dios nos quiere decir, si comenzamos por Evangelio o comenzamos por el Apocalipsis, de un lado o del otro Dios nos llama a la conversión, nos pide hacer un claro examen de nuestra vida y descubrir que no hemos vivido tan radicalmente nuestra fe como Él nos lo pidió cuando nos llamó a seguirle.
"Conozco tus obras; tienes nombre como de quien vive, pero estás muerto. Sé vigilante y reanima lo que te queda y que estaba a punto de morir, pues no he encontrado tus obras perfectas delante de mi Dios. Acuérdate de cómo has recibido y escuchado mi palabra, y guárdala y conviértete".
Si, seguro que podemos decir que no hemos hecho nada malo, ni no hemos salido de lo común de la gente, pero ¿eso es suficiente para Dios? ¿Eso es lo que Dios nos ha estado mostrando y pidiendo? ¿Ese es el testimonio que tenemos que dar como cristianos al mundo de hoy?
Por eso sigue diciendo:
"Conozco tus obras: no eres ni frío ni caliente. ¡Ojalá fueras frío o caliente! Pero porque eres tibio ni frío ni caliente, estoy a punto de vomitarte de mi boca. Porque dices: ‘Yo soy rico, me he enriquecido, y no tengo necesidad de nada’".
Nuestra tibieza espiritual, nuestra tibieza a la hora de entregarnos a la Voluntad de Dios, nuestra tibieza a la hora de defender nuestra fe, nuestra tibieza a la hora de vivir, nuestra tibieza a la hora de rechazar las cosas del mundo... Nuestra tibieza es lo que desprecia el Señor, y porque desprecia la tibieza desprecia a los tibios. Él necesita discípulos, apóstoles que realmente quieran vivir radicalmente una entrega constante y definida, que quieran vivir el Evangelio con todas las letras y que sepamos rechazar todo aquello que no es propio de nuestra vida.
Así nos pone de modelo la conversión de Zaqueo:
"Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y dijo:
«Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa».
Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento.
Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido»
Jesús comió con Zaqueo pero fue Zaqueo quien se convirtió a Dios y no Jesús que se hizo pecador.
Y como finaliza diciendo el Apocalipsis en el día de hoy:
"El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu a las Iglesias”.

lunes, 14 de noviembre de 2016

No perder el Amor Primero

Hay párrafos o frases de la Palabra que quedan grabadas muy profundo, por el sentido, por lo que dicen o por quién las ha dicho o de quién las has recibido. Una de esas frases que siempre tengo presente es esta del Apocalipsis:
"Tienes perseverancia y has sufrido por mi nombre y no has desfallecido. Pero tengo contra ti que has abandonado tu amor primero. Acuérdate, pues, de dónde has caído, conviértete y haz las obras primeras».
¿Qué es el Amor Primero? Es aquello por lo cual un día decidimos dar un paso importante en nuestras vidas, aquello que un día nos llevó a hacer grandes locuras que no teníamos programadas, aquello que un día encendió de tal manera nuestros corazones que dijimos que Sí aunque hubiésemos querido decir no.
El Amor Primero es el fuego de la pasión que nos lleva a escalar altas cumbres, a bajar a los valles más oscuros, a correr detrás de los más altos ideales, y a ¡tantas y tantas otras aventuras más!
En el caso al que se refiere el Señor es el Amor Primero que nos llevó a decir que ¡SÍ! al llamado del Señor a seguirlo, pero no sólo a seguirlo en la vida consagrada o sacerdotal, sino también en la vida laical, es decir, a seguir el Camino de la Santidad en cualquier estilo de vida que tengamos. ¿Por qué? Porque un día descubrimos su Infinito Amor por nosotros y no pudimos decir que no por que "me sedujiste y me dejé seducir" y no tuve más remedio que dejarme caer en las Manos de Aquél que me dio la Vida.
Pero... y siempre hay un pero en nuestra vida terrena y humana. Pero... con el correr de los días y de los años, ese fuego del Amor Primero se fue enfriando y me fui acostumbrando a la rutina de hacer lo mínimo indispensable para ser cristiano, a ser bueno y no a luchar por la santidad; a no hacer mal y no a luchar contra el pecado; a rezar pero no a contemplar; y a tantas cosas que "cubrían" los requisitos para no perder la fe.
Y el Señor nos quiere encendidos con el fuego del Amor, con el fuego del Espíritu por que confía en nuestra disponibilidad de entrega, confía en que como los primeros días de nuestro enamoramiento podamos seguir luchando, podamos seguir viviendo en Fidelidad a la Vida y encendidos por el Fuego del Amor Primero ser capaces de dar la vida por Cristo. Una vida que se da a cada instante, cuando combatimos contra nuestro propio yo, cuando luchamos contra nuestra carne, cuando decidimos no vivir como nos muestra el mundo, cuando al levantarnos decidimos una vez más decir, como María, ¡Aquí estoy Señor para hacer tu Voluntad!

domingo, 13 de noviembre de 2016

Perseverancia y Fidelidad

El fin del mundo, el final de los tiempos, el día de nuestra muerte, siempre fue un motivo de inquietud en algunas generaciones de la humanidad, siempre ha habido profecías acerca del día, de cuándo será. Muchos han hecho caso a esas profecías de profetas actuales, antiguos o hasta, hace unos años, la famosa profecía del calendario maya. Hubo comunidades sectarias que hasta se suicidaban por miedo al final del mundo, pero... aún seguimos aquí. Y, aún, muchos esperando que alguien nos de el día y la hora exacta ¿para prepararnos?
Algunos buscan esa noticia en las cartas, los astros, y tantas otras cosas. ¿Qué pasaría si alguien te dice que tal día y a tal hora se acaba el mundo, la raza humana o que en ese momento tú vas a morir? ¿Vivirías más tranquilo sabiendo eso? Seguro que no, es decir, quizás no vivirías por tanto pensar en el último día, por que irías contando las horas y los días para llegar a ese día.
Por eso Jesús, cuando le preguntaban tanto por ese día o por ese momento nunca decía nada claro o, mejor dicho, sí dijo algo claro: el día y la hora no la conoce el Hijo, sólo el Padre. Pero siempre insistían. En ese párrafo del Evangelio de hoy nos habla, también, de ese fin de los tiempos y de los acontecimientos que se van a ir dando, acontecimientos que se han ido realizando a lo largo de estos 2000 años, pero a eso Jesús no le da tanta importancia, o mejor dicho, ante esos sucesos Él nos dice:
"pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá", es decir el Padre se encargará de que no perezcas, pero de que no perezca nuestra Vida, no de que no sufra nuestro cuerpo, sino de que, ante todo eso Él nos dará la Salvación. Y, para alcanzar esta salvación nos dice que:
"con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Perseverar hasta el fin, "luchar el buen combate de la fe", "alcanzar la meta y  no perder la fe", en palabras de San Pablo. La Perseverancia, la Fidelidad son dos valores o dos actitudes fundamentales en nuestra vida de fe, en nuestra vida de santidad, pues si queremos alcanzar la meta, hemos de ir trabajando día a día nuestra madurez espiritual, nuestra constancia en la relación con el Señor nos llevará a vivir cada día en Fidelidad, y la Gracia que Él nos de cada día nos fortalecerá y robustecerá para que, llegado el momento, no dudemos del Amor Providente del Padre, sino que, confiando plenamente en Aquél que dio a su Hijo por nosotros, seamos preservados del mal y fortalecidos para dar buen testimonio de lo que creemos y queremos vivir.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Todo lo que quiero ¿lo puedo?

Creo que, hasta el más ateo cuando le llega el agua al cuello o siente muy ajustada la soga al cuello, levanta la mirada al cielo y clama a algún Dios. Por que es lógico en el hombre buscar, en algún momento de su vida, que desde lo alto le tiren un cable para poder salir del pozo donde ha caído.
Y ese clamor, muchas veces, se hace esperar. No siempre todo lo que pedimos se cumple o se realiza en el momento en que uno quiere que se haga. Lo que siempre escuchamos: nuestros tiempos no son los tiempos de Dios.
Y fijaos en la parábola que nos relata Jesús hoy: la viuda que clama muchas veces al juez injusto por justicia. Finaliza Jesús diciendo:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?»
Dios nos hará justicia, no dice que hará el milagro que le pedimos, nos hará justicia, nos dará lo que sea justo, y ¿qué es lo justo para cada uno? Aunque sabemos que antes que la justicia en Dios prevalece la misericordia y el amor, por eso, muchas veces, nos parece que Dios es injusto porque no nos mira con ojos de justicia sino con ojos de misericordia, pues es un Padre Amoroso que, aunque, permita que nos sucedan ciertas cosas siempre nos fortalece con el Espíritu para poder sobrellevar la Cruz de cada día.
Pero, finalmente, le da un toque duro a la parábola, duro por lo que dice:
"Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?"
¿Qué significa? Si Dios nos da todo lo que queremos, cuando lo queremos ¿eso fortalece y madura nuestra fe? Por que, y muchas veces pasa, cuando Dios no nos da lo que pedimos perdemos nuestra fe en Él, nos enfadamos con Él, dejamos de creer en Él porque no hizo lo que queríamos.
Si un padre le da a sus hijos todo lo que los hijos piden, aunque sepa el padre que no todo lo que piden les hace bien, ¿ayuda a sus hijos a madurar? ¿ayuda a sus hijos para que sean fuertes en la vida? Cuando los padres nos puedan darle a sus hijos lo que le piden ¿qué es lo que dirán? ¿Crece el amor cuando se llena a los hijos de caprichos y lujos?
Por eso, cuando venga el Hijo del hombre ¿encontrará fe en la tierra?

viernes, 11 de noviembre de 2016

San Martín de Tours

Sulpicio Severo
De las Cartas (carta 3,6.9-10.11.14-17.21:SC 133,336-344)
Martín conoció con mucha antelación su muerte y anunció a sus hermanos la proximidad de la disolución de su cuerpo. Entretanto, por una determinada circunstancia, tuvo que visitar la diócesis de Candes. Existía en aquella Iglesia una desavenencia entre los clérigos, y, deseando él poner paz entre ellos, aunque sabía que se acercaba su fin, no dudó en ponerse en camino, movido por este deseo, pensando que si lograba pacificar la Iglesia sería éste un buen colofón a su vida.
Permaneció por un tiempo en aquella población o comunidad, donde había establecido su morada. Una vez restablecida la paz entre los clérigos, cuando ya pensaba regresar a su monasterio, de repente empezaron a faltarle las fuerzas; llamó entonces a los hermanos y les indicó que se acercaba el momento de su muerte. Ellos, todos a una, empezaron a entristecerse y a decirle entre lágrimas:
«¿Por qué nos dejas, padre? ¿A quién nos encomiendas en nuestra desolación? Invadirán tu grey lobos rapaces; ¿quién nos defenderá de sus mordeduras, si nos falta el pastor? Sabemos que deseas estar con Cristo, pero una dilación no hará que se pierda ni disminuya tu premio; compadécete más bien de nosotros, a quienes dejas».
Entonces él, conmovido por este llanto, lleno como estaba siempre de entrañas de misericordia en el Señor, se cuenta que lloró también; y, vuelto al Señor, dijo tan sólo estas palabras en respuesta al llanto de sus manos:
«Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo; hágase tu voluntad».
¡Oh varón digno de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, igualmente dispuesto a lo uno y a lo otro, que no tembló ante la muerte ni rechazó la vida! Con los ojos y las manos continuamente levantados al cielo, no cejaba en la oración; y como los presbíteros, que por entonces habían acudido a él, le rogasen que aliviara un poco su cuerpo cambiando de posición, les dijo:
«Dejad, hermanos, dejad que mire al cielo y no a la tierra, y que mi espíritu, a punto ya de emprender su camino, se dirija al Señor».
Dicho esto, vio al demonio cerca de él, y le dijo:
«¿Por que estás aquí, bestia feroz? Nada hallarás en mí, malvado; el seno de Abrahán está a punto de acogerme». Con estas palabras entregó su espíritu al cielo. Martín, lleno de alegría, fue recibido en el seno de Abrahán; Martín, pobre y humilde, entró en el cielo, cargado de riquezas