viernes, 11 de marzo de 2016

Valoramos nuestra santidad

En el libro de la Sabiduría leemos hoy:
"Los impíos se dicen entre sí, razonando equivocadamente:
«Tendamos trampas al justo, porque nos molesta y se opone a nuestra manera de obrar; nos echa en cara las transgresiones a la Ley y nos reprocha las faltas contra la enseñanza recibida. El se gloría de poseer el conocimiento de Dios y se llama a sí mismo hijo del Señor".
Escuchamos por ahí que se anda queriendo volver a vivir cosas parecidas a la que Dios ya hace muchos siglos nos viene advirtiendo. No es bueno escuchar cuando alguien quiere corregir nuestro modo de obrar, o cuando nos sentimos tocados porque nuestro obrar no es el correcto. Y ¿quién está obrando mal? ¿el que quiere caminar por el camino correcto o el que busca su propio camino?
A veces escuchamos que todos debemos tener libertad de elegir, por eso ¡déjame vivir mi vida! Claro que te dejo, pero así como una madre o un padre advierten a sus hijos pequeños de los peligros del fuego, la electricidad, de los riesgos de la calle y de mirar para un lado o para el otro al cruzar la calle, así también el Señor, como Padre Bueno y Amoroso, nos envía señales y hermanos para que en el Camino de la Vida no suframos ningún accidente. Pero al igual que en la calle yo tomo mis propias decisiones.
Por que me avisan de los peligros o porque los que me quieren quieren que viva mejor, ¿por eso tengo que quitarlos del medio del camino? ¿Por eso tengo que planificar cómo desterrarlos del mundo?
Y así después de estar advertencia de Dios, Él mismo nos dice:
"Así razonan ellos, pero se equivocan, porque su malicia los ha enceguecido. No conocen los secretos de Dios, no esperan retribución por la santidad, ni valoran la recompensa de las almas puras".
Y éste es nuestro ideal a vivir: valorar la santidad e intentar recorrer ese Camino vital, y valorar a las almas que quieran vivir ese camino, porque en esas almas está aquello que todos anhelamos y que intentamos conseguir: la paz y la felicidad de haber encontrado el sentido y el sustento de la vida. En esas almas está todo aquello que le permite al hombre seguir andando aunque "pase por oscuras quebradas o valles tenebrosos" porque sabe que el Señor nunca lo dejará solo, pues Él siempre está presente y a su lado.
Y vemos, así, cómo en algunos momentos, aquellos que dicen no creer, buscan el socorro de la fe, porque saben que en el mundo no hay quien pueda sostener al que vacila, al que tropieza, a quien en la oscuridad de la noche sólo encuentra soledad.
Por eso, no son nuevas las tentaciones de hacernos caer o de hacernos desaparecer, no es una originalidad de estos tiempos atacar a los que quieren vivir una vida de fe, entregada a Dios.
Así no nos desesperamos ni nos quebramos, sino todo lo contrario nos fortalecemos y damos Gracias porque podemos, en pequeña, medida, dar testimonio de nuestra fe y saber que vamos por el recto Camino "por amor a su Nombre".

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