Hoy me gustado algo de San Agustín sobre el Evangelio de San Juan, del oficio de lecturas:
"...encontramos en el libro de los Proverbios: Si te sientas a comer en la mesa de un señor, mira con atención lo que te ponen delante, y pon la mano en ello pensando que luego tendrás que preparar tú algo semejante. Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquel que dio su vida por nosotros. Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar con atención lo que nos ponen delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don".
Desde el lunes santo y hasta mañana jueves vamos a estar leyendo todo el relato sobre la Cena del Señor, parte por parte viendo todo lo vivido por Jesús en esa noche. Ayer vimos el diálogo con Judas y Pedro, y hoy también nos recuerda el momento de la traición de Judas con más detalle.
Pero hoy me gusta más comenzar a centrarnos en lo que es la Cena del Señor, el misterio inmenso del Amor que se entrega por entero y totalmente a aquellos que ama. Por eso me ha gustado este párrafo de San Agustín porque nos hace tomar conciencia de cómo ir a sentarnos a la Mesa del Señor, descubrir en ese Banquete Celestial no sólo lo que recibimos sino también cómo vamos hacia él y cómo recibimos lo que allí nos entregan.
"Esta mesa de tal señor no es otra que aquella de la cual tomamos el cuerpo y la sangre de aquél que dio su vida por nosotros". No es una mesa cualquiera, no es un momento cualquiera, porque en esa mesa del altar volvemos, y Él vuelve, a vivir todo lo ocurrido en aquellos días: su entrega de Amor, por nosotros, a la muerte y muerte de Cruz, y su resurrección: es el Misterio de nuestra Fe.
"Sentarse a ella significa acercarse a la misma con humildad. Mirar con atención lo que nos ponen delante equivale a tomar conciencia de la grandeza de este don".
Y en ese misterio de fe recibimos el Alimento que nos da Vida, un Alimento que necesitamos porque somos débiles y pequeños, y sin Él nada ponemos hacer para alcanzar la Vida Eterna, sin Él nada podemos hacer para vivir en santidad; por eso nos acercamos humildemente a recibirlo, pues sabemos que nada hemos hecho para merecer tan Gran Beneficio.
¿Cuál es el Don que recibimos? La Vida Nueva de Jesús que se hace Pan para nosotros: El Pan de la Vida, para que podamos vivir su vida en nuestra vida, para que podamos ser otros Cristos en el mundo, para poder ser Luz, Sal y Fermento; para que seamos capaces de entregar, también nosotros, nuestras vidas como testimonio de Amor a Dios y a nuestros hermanos.
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