sábado, 12 de marzo de 2016

El rencor engaña nuestra mirada

"Los guardias fueron a ver a los sumos sacerdotes y a los fariseos, y estos les preguntaron: «¿Por qué no lo trajeron?»
Ellos respondieron: «Nadie habló jamás como este hombre.»
Los fariseos respondieron: «¿También ustedes se dejaron engañar? ¿Acaso alguno de los jefes o de los fariseos ha creído en él? En cambio, esa gente que no conoce la Ley está maldita.»
Cuando la espina de los odio y el rencor se nos ha clavado en el corazón es muy difícil ver lo mejor de las cosas o de los otros, pues el veneno que comienza a recorrer nuestra alma es más fuerte que la verdad que se nos presenta, por eso, aunque "resucite un muerto no creerán", decía Jesús en una parábola.
No habrá así ninguna situación, ninguna palabra, ninguna acción que me ayude a ver lo bueno en el otro, pues mi corazón estará oscurecido por el odio y todos los que vengan a decirme tal o cual cosa serán "malditos" porque no entenderán mi postura y mi situación.
Y ¿cuál es la verdad? ¿La que yo siento, lo que yo veo?
Hay un sólo camino para poder llegar a descubrir si lo que veo, siento o quiero es bueno o malo, es verdad o es mentira: la paz que eso suscita en mi alma. Porque todo aquello que nace del odio o rencor no nos da paz, nos da cada día más sed de venganza. En cambio cuando abro mi corazón a la reconciliación, al perdón vuelve la luz para que con ella comience a nacer la paz en mí.
No es matando lo que no me gusta o lo que me hace dolor, sino buscando caminos de conversión, caminos de volver a mirar con otros ojos, es buscar la luz de que quizás yo no tenga razón, que me haya dejado engañar por una solo situación, por un error, por el dolor del yo herido.
Cuando dejo entrar en mi alma la Luz de la Verdad que nace del Espíritu, puedo volver a ver, a encontrar los mejores colores y las mejores razones para poder reconciliarme con la vida, con las personas, con mi vida, con mi mundo, con todo aquello que dejé de lado y quise sepultar porque me había hecho daño, y sin embargo aquello que quité de mi vida era lo mejor que me había pasado.
Es el Espíritu del Amor y la Verdad lo que resucita en uno la Vida Nueva, esa Vida que nos da alegría de vivir, que nos da el gozo de la reconciliación, que nos da la fortaleza de amar y de ser amado. Dejémonos siempre atrapar por los deseos del Espíritu Santo para que en nuestra vida siempre esté la Luz de la Vida, del Amor, de la Paz para que el gozo de vivir en Dios sea la luz que ilumine la vida de aquellos que se acercan a nosotros.

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