Hoy nos dice Dios por medio de san Pablo: "¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes? Si alguno destruye el templo de Dios, Dios lo destruirá a él. Porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo".
Es una realidad que nace el día de nuestro bautismo al comienzo del Bautismo se hace una oración y unción con el óleo de los catecúmenos para que el Señor nos libere del pecado original y nos purifique para que el Espíritu Santo pueda comenzar a habitar en nosotros como si nuestro cuerpo fuera su propio templo. A partir de ahí, santificados por el agua bautismal, comenzamos a ser un Templo habitado por el Espíritu Santo. No somos santificados sino que el Espíritu inhabita en nosotros, y desde nosotros nos alienta, nos fortalece y ayuda a encontrarnos y a llamar a Dios ¡abba! ¡Padre!
Claro que sólo lo puede hacer si tomamos conciencia de esa realidad y si lo dejamos actuar, porque sólo actúa en nosotros si estamos dispuestos a hacer lo que Él nos vaya diciendo y orientando en fidelidad a la Voluntad de Dios. Pues sólo el Espíritu que habita en nosotros sabe lo que el Padre quiere para nosotros, sabiendo que lo único que el Padre quiere es lo que nos hace mejor y nos conduce a la plenitud de nuestra vida y santidad.
Así se lo enseñaba san Pablo a los romanos: "Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios".
De este modo también podemos comprender y entender que lo que le hacemos a un hermano, o a un prójimo o cualquier hijo de Dios se lo estamos haciendo al mismo Señor, pues es Él quien está en nuestro hermano, no sólo con su Espíritu sino que es Él mismo quien lo ha dicho: "quien le hace algo a estos mis pequeños a mí me lo están haciendo". Y al referirse a los pequeños no sólo se refiere a los niños, porque cuando nos habla del juicio final nos dice: "a los que habéis dado de comer, de beber, visitado en la cárcel, cuando estaba enfermo....".
Por eso no sólo tengamos en cuenta que el Espíritu habita en nosotros para poder rezar y pedir como conviene a nuestra realidad de hijos de Dios, sino que miremos a nuestros hermanos y prójimos como el Señor nos mira y nos cuida a nosotros mismos, pues así como vive en nosotros vive también en cada uno de sus hijos y hermanos.
domingo, 9 de noviembre de 2025
Somos templos del Espíritu
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.