"Jesús tomó la palabra y dijo:
«¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha habido quien volviera a dar gloria a Dios más que este extranjero?».
Es este el final del relato de la curación de los 10 leprosos los que se fueron curando mientras iban a presentarse a los sacerdotes, como les había dicho Jesús, pero sólo uno vino a dar gracias y glorificar al Señor.
¿Por qué se enfada Jesús si sólo les había dicho que se fueran a presentarse a los sacerdotes para poder volver a integrarse en la comunidad? Porque el ser agradecido no hay que exigirlo, hay que sentirlo, hay que vivirlo. No me tienen que decir que debo dar gracias por lo que me dan, por lo que me ayudan, por la vida, por...
Pasa que hoy día estamos viviendo en un tiempo donde todos somos conscientes (o inconscientes) de nuestros derechos y podemos exigir lo que se nos plazca, pero no somos conscientes de nuestras obligaciones porque no se nos está educando en obligaciones. Y por eso, como sólo pensamos en nuestros derechos y en lo que los demás deben hacer por nosotros, vamos dejando de lado el ser agradecidos, vamos perdiendo los más valiosos valores del buen vivir.
Incluso lo vemos entre los miembros de una misma familia, no existen ya las frases o palabras tan hermosas para una convivencia: por favor, perdón, gracias. Todo son exigencias y nada más. Quizás, y como le asombra a Jesús, lo hacemos con los más alejados de mi vida, es decir, lo hago con gente extraña, quizás porque no sé cómo van a reaccionar si sólo les exijo cosas y no soy agradecido, pero en cuanto me hago parte de sus vidas también cambiamos y perdemos lo esencial de la convivencia.
Ser agradecido implica saber que hemos venido sin nada y nos iremos sin nada, porque nada nos llevaremos cuando el Padre nos llame a su Encuentro, y todo, desde la vida que tenemos no nos pertenece sino que nos ha sido regalada sin nosotros pedirla. Como nos hace pensar el sabio Job: «Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré a él. El Señor me lo dio, el Señor me lo quitó; bendito sea el nombre del Señor».
Claro que para ello tenemos que aprender a valorar lo que tenemos, descubrir en cada cosa, en cada persona, incluso en uno mismo, que todo lo que tenemos tiene un valor precioso porque ha sido pensado para mí y para mi bien, y por eso, al ver el valor que tienen las cosas, las personas y uno mismo podremos dar gracias por tanto y vivir en esa acción de gracias continua que produzca el gozo y la alegría de saber queridos y amados, cuidados y protegidos por un Padre que nos ha llamado a la vida y nos ha dado la Vida por medio de Su Hijo.
miércoles, 12 de noviembre de 2025
Ser agradecidos
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