lunes, 3 de noviembre de 2025

Vivir en la Verdad

"En aquel tiempo, Jesús dijo a uno de los principales fariseos que lo había invitado:
«Cuando des una comida o una cena, no invites a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a los vecinos ricos; porque corresponderán invitándote, y quedarás pagado.
Cuando des un banquete, invita a pobres, lisiados, cojos y ciegos; y serás bienaventurado, porque no pueden pagarte; te pagarán cuando resuciten los justos».
Antes era muy común y hoy en día lo es más, por las redes sociales, que se hagan cosas para que otros las vean y se admiren de lo grandioso, genial, inteligente, trabajador, etc. etc., que soy. Por eso ante esta exhortación de Jesús en el Evangelio nos tenemos que preguntar: ¿por qué hago lo que hago? ¿Lo hago para que me vean y me admiren? ¿Lo hago para que me devuelvan el favor? ¿Lo hago para aparentar que soy alguien bueno, trabajador, bello, etc.?
Todo porque por el pecado original quedamos dañados, sobre todo en el amor, y muchas veces no hacemos las cosas por amar a los demás, sino que las hacemos para que los demás hablen de mí, para que los demás vean mi grandes trabajos, y, en muchos casos, para aparentar alguien que no soy y buscar la aprobación de la sociedad en la que intento moverme o entrar.
Cuando las cosas las hago para recibir una recompensa, o para que me devuelvan el favor que he realizado, entonces ya tengo mi recompensa y se descubre ahí el vacío de mi corazón, y, sobre todo, no tendré la gratitud de Dios:
"Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará. Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa..." Y así en todas las cosas de la vida.
Si lo que hacemos es para ser vistos es una pena, porque ahí ya tenemos la recompensa, y, en realidad, el ser vistos es, también, mucha veces una falsedad porque muchos miran sin ver, así que también he hecho algo que a nadie le importa, porque ya conocen "el percal", ya se han dado cuenta que lo que hago o digo lo hago o lo digo para que me alaben y saben que, en el fondo, mi vida es diferente y que nada de lo que digo o hago es lo que vivo.
Por eso Jesús no exhorta a vivir en la Verdad, porque sólo la Verdad nos hará libres, y nos dará la libertad se ser verdaderamente lo que Dios quiere que seamos y no lo que yo quiero aparentar. No dejemos que la vanidad, la soberbia o el orgullo dominen nuestro hacer diario, sino sólo la Voluntad de Dios que es lo que me llevará a la santidad.

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