martes, 18 de noviembre de 2025

Coherencia y testimonio

"Al ver esto, todos murmuraban, diciendo:
«Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador».
Pero Zaqueo, de pie, y dijo al Señor:
«Mira, Señor, la mitad de mis bienes se la doy a los pobres; y si he defraudado a alguno, le restituyo cuatro veces más».
Jesús le dijo:
«Hoy ha sido la salvación de esta casa, pues también este es hijo de Abrahán. Porque el Hijo del hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido».
¡¿Cuántos son los que murmuran al entrar, lo que ellos consideran, un pecador a la Casa del Señor?! Murmuramos contra ellos y también contra otros, a veces no nos importa quién es o qué hace o qué vive, nos importa más lo que me han dicho, lo que me parece o lo que creo que es tal o cual persona. Pero el Señor conoce lo secreto del corazón y sabe más que nosotros y así como conoce el corazón del "pecador" también conoce nuestro corazón y sabe de lo que hay en él. Y aunque nuestras palabras digan que somos buenos los comentarios o nuestras acciones muchas veces contradicen lo que creemos vivir.
La actitud de Jesús conmovió el corazón de Zaqueo e hizo que se arrepintiera de su mala conducta y buscara reparar el daño que había provocado. Y esa debe ser nuestra actitud si realmente nos hemos arrepentido, porque no basta sólo con confesarme de mis pecados, sino hay que reparar el daño que he provocado, sobre todo cuando mi pecado es en contra de la caridad al próximo, en contra de mi prójimo, de mi hermano.
Todo porque el Señor me pide coherencia en mi vida y que no me deje guiar por mis prejuicios, juicios o de lo que me han dicho o de lo que los demás dicen, sino intentar amar como Jesús, ver en el otro a alguien que debo amar y no a alguien a quien debo juzgar y condenar, y, muchas veces, hasta matar con la lengua.
Eleazar, de la primera lectura, nos enseña que hemos de ser coherentes en nuestra vida a pesar de que eso nos lleve a perder la vida, pero lo que importa es lo que el Señor pide y el testimonio que debo dar a los demás:
«¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo.
Eso sería manchar e infamar mi vejez. Y, aunque de momento me librase del castigo de los hombres, no me libraría de la mano del Omnipotente, ni vivo ni muerto. Si muero ahora como un valiente, me mostraré digno de mis años y legaré a los jóvenes un noble ejemplo, para que aprendan a arrostrar voluntariamente una muerte noble por amor a nuestra santa y venerable ley».

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.