"En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Os echarán mano, os perseguirán, entregándoos a las sinagogas y a las cárceles y haciéndoos comparecer ante reyes y gobernadores, por causa de mi nombre. Esto os servirá de ocasión para dar testimonio".
Son pocas las noticias, en periódicos o televisión o radio, que nos cuentan de los martirios de sacerdotes, religiosos y laicos que se producen en el mundo, pues no es una noticia que le "guste" al príncipe de este mundo y por eso los que son partidarios de él se niegan a publicar, pues esa entrega martirial de tantos y tantas en el mundo hacen que la fe se acreciente y el Reino de Dios siga creciendo. Tampoco nosotros nos hacemos eco de esos mártires y, también, eso nos va contar en contra pues no somos fieles a la sangre derramada por nuestros hermanos para preservar, no sólo su fe, su fe y nuestra fe, y la fe del lugar donde nacieron, vivieron y entregaron su vida.
El testimonio de ellos, los mártires, nos tiene que ayudar a nosotros a tomar conciencia de cómo es nuestro testimonio ante la sociedad actual ¿seremos capaces de entregarnos al martirio como ellos? ¿Somos capaces de enfrentarnos al mundo para vivir nuestra fe y ser fiel a la Voluntad de Dios en el día a día?
No vivimos en países de persecución y de peligro, la mayoría de nosotros, y por eso, muchas veces, nuestra fe y nuestro testimonio no es tan fuerte y radical como lo espera el Padre de sus hijos. Por eso es que tenemos que seguir profundizando en nuestra vida de fe, en nuestra conciencia de que somos semillas del Reino de Dios y nuestra tarea es llevar el fruto de la Buena Noticia por donde vayamos. Nuestra vida tiene que desprender aroma de santidad, no porque ya seamos santos sino porque estamos en proceso de conversión, de vivir según el Amor que Dios nos tiene y llevar ese amor a todos lados.
No es fácil en el mundo de hoy dar testimonio de nuestra vida, pues tenemos que ir en contra de la corriente del mundo, en contra de tantas y tantas ideologías que se nos van metiendo en nuestra vida y no nos damos cuenta (o no queremos) que van transformando nuestro ser cristiano en mundano, en dejarnos llevar por su corriente y no hacemos frente o no defendemos lo que Dios nos ha regalado y nos pide vivir.
Y no nos tenemos que preocupar de cómo vamos a responder a esas tentaciones o a esas acusaciones, sino que tenemos que dejarnos invadir, cada día más y más, por el Amor de Dios, pues Él mismo nos ha dicho:
"Por ello, meteos bien en la cabeza que no tenéis que preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro".
miércoles, 26 de noviembre de 2025
El martirio de cada día
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