martes, 11 de noviembre de 2025

La Sabiduría de Dios

"Los insensatos pensaban que habían muerto, y consideraban su tránsito como una desgracia, y su salida de entre nosotros, una ruina, pero ellos están en paz.
Aunque la gente pensaba que cumplían una pena, su esperanza estaba llena de inmortalidad".
La Sabiduría nos sigue enseñando, en este caso nos habla de la muerte que, para muchos, se nos presenta como una desgracia y una ruina, y así es, para los que quedamos sufrimos lo que para nosotros es una pérdida, porque parece que perdemos a nuestros seres queridos porque no estarán más con nosotros. Pero sabemos, por el Don de la Fe, que la muerte es sólo un tránsito para la Vida eterna, esa Vida eterna que nos consiguió Jesús, el Hijo de Dios, cuando asumió en su cuerpo nuestra muerte y nos abrió las puertas de la eternidad con su Resurrección. Y así dándonos su Espíritu en el bautismo nos unió a Su Vida, a Su Muerte y a Su Resurrección para que pudiéramos compartir con Él la eternidad.
Esa verdad de fe no nos quita, por supuesto, la tristeza de la separación, pero tenemos que saber que no perdemos a nadie, sino que un día, cuando el Señor nos venga a buscar, volveremos a reencontrarnos, unidos en el Amor de Dios en las moradas eternas.
Claro es que aquí muchas veces sufrimos la cruz de cada día, a veces más fuerte o dolorosa que otras, cada uno debe abrazar la que le corresponde, ya sea espiritual, moral o física, Dios sabe cuál de ellas nos toca a cada uno, y para eso nos dará la Gracia necesaria y suficiente para poder llevar. Y si nos pesa demasiado recurrimos a Jesús: venid a Mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré. Pero no es para nosotros un castigo sino que lo aceptamos como parte de nuestro camino de santidad y parte de la historia de salvación que compartimos con el Señor, como dice san Pablo: ahora me alegro de mis sufrimientos por vosotros: así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia.
"Sufrieron pequeños castigos, recibirán grandes bienes, porque Dios los puso a prueba y los halló dignos de él.
Los probó como oro en crisol, y los acepto como sacrificio de holocausto.
En el día del juicio resplandecerán y se propagarán como chispas en un rastrojo".

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