"En aquel tiempo, Jesús, alzando los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el tesoro del templo; vio también una viuda pobre que echaba dos monedillas y dijo:
«En verdad os digo que esa viuda pobre ha echado más que todos, porque todos esos han contribuido a los donativos con lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
Un Evangelio corto pero muy sustancioso porque se puede leer de muchos modos y, sobre todo, cuando nos ponemos o dejamos que el Espíritu nos oriente y nos ayude a discernir podemos sacarle "mucho jugo" a las Palabras del Señor.
Una visión de este evangelio es la material, la que en ese momento se está refiriendo Jesús, es ver la generosidad de la viuda al dar poco pero todo lo que tenía para vivir, contra lo que ofrecían otros que, seguramente, serían las mismas dos monedas pero que sólo era un porcentaje mínimo de lo que poseían. No es que Jesús quiera poner un porcentaje mínimo o máximo para aportara al sostenimiento del Templo, sino ver la generosidad de cada corazón para ofrecer a algo que nos ayuda en nuestra vida espiritual. ¿Cuánto aportamos para el sostenimiento del culto, para el mantenimiento de nuestros Templos?
Pero también podemos ver otra realidad o desde otro punto de vista: el Templo como nosotros mismos: ¿qué le entregamos a Dios para sostener nuestra vida espiritual? ¿Somos conscientes que somos nosotros mismos quienes tenemos que sostener nuestra vida espiritual? ¿Cuánto tiempo le dedicamos a la oración, a la reflexión de la Palabra, a recibir los sacramentos de la penitencia y eucaristía? Ahí nos daremos cuenta que sólo le dedicamos el tiempo que nos sobra, y, otros días, ni siquiera el que nos sobra porque "no tengo tiempo". Y después queremos que el nuestro espíritu nos sostenga en los momentos duros, que podamos discernir en la oscuridad, etc. Y no lo logramos porque no tenemos la fuerza suficiente o no hemos madurado lo suficiente en nuestra vida espiritual.
Por eso tenemos que tener en cuenta que si queremos que nuestros Templos materiales estén limpios, cuidados, calentitos o frescos, debemos aportar de lo nuestro para que eso suceda porque son nuestros y usamos de ellos para nuestra vida y la vida de nuestro pueblo. Y lo mismo con nuestra vida espiritual, si queremos alcanzar la santidad, o si queremos estar preparados para cuando el Señor nos pida algo que no nos guste, entonces dedícale tiempo al Señor, no le des lo que te sobra sino entrégale todo lo que tienes y el te devolverá más de lo que necesites.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Cuánto le damos al Señor?
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