jueves, 20 de noviembre de 2025

Llora por mi

"En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, lloró sobre ella, mientras decía:
«¡Si reconocieras tú también en este día lo que conduce a la paz! Pero ahora está escondido a tus ojos".
Si bien esta frase de Jesús y su llanto era sobre Jerusalén, me vino a la mente que podría estar pensando en tantos que se han apartado de su vida y se han alejado del Camino de la Salvación para dedicarse a otros dioses, a otros pensamientos, a otras ideas y Jesús los está mirando desde lejos, como el Padre del hijo pródigo, sabiendo que le había mostrado todo lo que podrían llegar a ser y vivir si seguían sus enseñanzas, pero se negaron a escuchar y se dejaron seducir por falsas profecías y por sensaciones placenteras que hoy están y mañana desaparecen.
Pero también nos lo dice a nosotros que, muchas veces, nos dejamos seducir por nuestro egoísmo, por nuestra soberbia, por nuestra vanidad y dejamos de vivir el amor, la fraternidad, dejamos de ser instrumentos de paz, de verdad, de unidad. Sabemos lo que debemos hacer pero nos dejamos llevar por el rencor, la comodidad, la pereza, el después lo hago y el tiempo va pasando y no soluciono los conflictos, no pido perdón, no perdono de corazón, no...
Y cuando el tiempo pasa también pasa la oportunidad de recibir la Gracia sanadora, pasa la oportunidad de tener la fortaleza y la paz para dar el paso que el Señor me había pedido y quedo encerrado en el dolor, en la ausencia del amor, en la soledad porque no fui valiente para dar el paso que el Señor me pedía, para dar el paso que tenía que dar y todo se volvió más difícil.
Hay piedras que se interponen en nuestro camino y nos quitan la Gracia para poder levantarnos, y más cuando nos quedamos tirados sobre nuestro pecado, por eso el Señor nos pone delante las soluciones, nos pide que miremos su Amor por nosotros y por todos, para que desde el Amor de Cristo podamos vivir lo que debemos y no lo que queremos, para que Su Gracia nos libere, nos fortalezca y nos ayude a ser fieles a la Voluntad del Padre, aunque eso nos cueste lágrimas de sangre (que no será nunca nuestro caso) pero que a pesar de todo siempre podamos decir "que no se haga mi voluntad sino la Tuya".

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